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A reírse de la enfermedad

La risa es un recurso fácil para reducir las tensiones, el estrés o el dolor. Un estudio en personas mayores, centrado en promover emociones positivas, prueba su capacidad para disminuir el aislamiento, la soledad y, en definitiva, mejorar la calidad de vida. Foto: El Correo.

el 15 sep 2009 / 10:40 h.

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La risa es un recurso fácil para reducir las tensiones, el estrés o el dolor. Además adelgaza, mejora el insomnio, la resistencia a las infecciones, y hasta rejuvenece. Un estudio en personas mayores, centrado en promover emociones positivas -presentado por la psicóloga Begoña Carbelo en el reciente Congreso de la Sociedad Internacional para los estudios del Humor (ISHS)- prueba su capacidad para disminuir el aislamiento, la soledad y, en definitiva, mejorar la calidad de vida.

"La risa es la mejor técnica preventiva tanto del dolor físico como del dolor mental", apostilla el psicólogo José Elías, pionero en introducir la risoterapia aplicada al desarrollo personal. "Además de ser curativa".

Los beneficios de la risa y la carcajada son ya conocidos. De ahí que en los últimos años cada vez más los centros cívicos, residencias y hasta hospitales programen talleres para desarrollar el sentido del humor de los pacientes y los profesionales. Mejora, sobre todo, el estado anímico de las personas mayores que viven solas.

No obstante, la literatura científica describe la relación entre el estado emocional y el sistema inmunológico. Sorpresivamente, las personas que se toman la vida con filosofía están menos estresadas y resisten mejor al catarro, la gripe o el dolor. La risa mejora la circulación, la digestión, el sueño y aumenta la autoestima, entre otras propiedades.

Pero ¿basta una sonrisa? "Tiene que ser a carcajadas", opina José Elías. "La sonrisa -explica- es un gesto social que apenas mueve dos músculos. La risa mueve 420 músculos -en la cara, el pecho, el intestino-, genera energía, y mejora la percepción de la realidad", añade.

Aunque no es una panacea. "No hay nada que cure todo", responde Elías. Lo que permite es "una mejor actitud" ante situaciones adversas. "La tristeza y la depresión son una escotilla por donde entra un maremoto de virus y bacterias", afirma una ciencia, la Psiconeuroinmunologia. "Yo añado -dice Elías- que cuando estamos tristes cualquier resfriado es fuerte y cuando estamos alegres, felices o enamorados, no existen gripes ni resfriados".

Aunque faltan evidencias científicas que acrediten qué cambia en el sistema inmunológico con la risa, o si previene enfermedades graves, los terapeutas las perciben. Sí está demostrado que al reír se segregan endorfinas, las hormonas de la felicidad. Pero, ¿cómo provocar la risa cuando se acaba de perder a la pareja, a un hijo, o cuando las enfermedades, aunque controladas, causan problemas emocionales? Begoña Carbelo, profesora titular en Enfermería de la Universidad de Alcalá de Henares, realizó una investigación en pacientes de un centro de salud de Madrid con 17 mujeres de 65 a 87 años que pasaban por esa situación. Fueron derivadas a un programa de Educación para la Salud. No trató exclusivamente de hacerlas reír, sino de buscar recursos para desarrollar emociones positivas ante los contratiempos, "y que aprendieran a cuidarse emocionalmente".

"Los mayores son más afines a la tristeza, a la melancolía, a quedarse parados, tienen pérdidas en la vida que hay que afrontar", señala. Pero "el objetivo se cumplió" tras cinco sesiones con ejercicios enfocados a perder el miedo al ridículo, compartir anécdotas o recordar con qué se reían de jóvenes, idear disfraces y hasta hacer un epitafio divertido. Estaban más motivadas, más contentas, compartían con sus hijos lo que vivían en grupo, jugaban con sus nietos "y transferían lo que aprendieron a su entorno", explica Carbelo. Evolucionaron hasta identificarse con colores más claros. En los test de autoevaluación mejoró su percepción del estado de ánimo y afirmaban tomarse "la vida con más relajo".

Igualmente, voluntarios de la Fundación Theodora o Payasos sin Fronteras, que trabajan con niños con cáncer y enfermedades graves, han observado que la risa hace pedir menos analgésicos y están más relajados. A reírse de la enfermedad, toca.

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