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Cultura

A resistir toca

Desde principios de este nuevo siglo 'Laví e Bel' se decantó por una forma teatral a caballo entre el musical y el cabaret, aunque sin renunciar a su vocación experimental y vanguardista.

el 12 dic 2014 / 19:10 h.

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El Escenario ambulante *** Lugar: Teatro Central, 11 de diciembre. Compañía: Laví e Bel. Texto y dirección: Emilio Goyanes. Intérpretes: Larisa Ramos, Antonio Leiva, Walter Sábolo   foto-2-LAVÍEBEL Desde principios de este nuevo siglo Laví e Bel se decantó por una forma teatral a caballo entre el musical y el cabaret, aunque sin renunciar a su vocación experimental y vanguardista. Este espectáculo es un claro ejemplo. Emilio Goyanes, responsable de la dirección y la dramaturgia, lo define como un ejercicio de resistencia. De ahí que lo haya concebido como un montaje de pequeño formato con un reparto reducido, aunque no por ello haya descuidado la producción. Como es habitual en esta compañía, tanto la concepción del espacio escénico como el reparto y la interpretación musical registra un alto nivel, aunque por desgracia la dramaturgia no acaba de estar a la altura. La historia gira en torno a una acción tan sencilla como simbólica: tres artistas cabareteros, hartos de sobrevivir de mala manera en un local portuario, cutre y desvencijado, deciden soltar amarras y viajar a la deriva, con la esperanza de encontrar algo nuevo y mejor. Pero tal vez por su empeño experimental, esa decisión no supone el arranque de la obra sino su desenlace, lo que determina que la mayor parte del relato se dirima en la presentación de los personajes y su situación vital, tan dura como patética. Para ello Goyanes elige una serie de números musicales cuyo núcleo son las canciones de Charles Trenet y Cole Porter, que se combinan por una serie de piezas dramatizadas que incluye algunos números de humor circense que remiten al género de las varietés. Pero se trata de un humor blanco, un tanto casposo, que se aleja del ambiente irreverente y canalla propio del cabaret y concede un ritmo denso y una atmósfera un tanto fría. Los personajes, debido a su lenguaje meta-teatral, no acaban de adquirir una vida propia con la que nos podamos identificar. Así, el paralelismo entre la crisis de la realidad y la crisis de las artes escénicas no acaba de encajar, las emociones se disipan y la dramaturgia no consigue transmitir un mensaje claro. No obstante, el texto contiene algunos pasajes mágicos, impregnados de poesía, y tanto Antonio Leiva como Larisa Ramos nos brindan una actuación rica en matices que alcanza un alto grado de excelencia en la interpretación de las canciones, que Walter Sábolo acompaña en directo al piano con maestría.

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