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A un año del Día D

La recta final de las elecciones municipales llega en Sevilla con Zoido como favorito y con el PSOE sin candidato oficial

el 21 may 2010 / 19:32 h.

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Tal día como hoy justo dentro de un año se sabrá, ya caída la noche, quién es el alcalde de Sevilla. Y tampoco es que haya mucho margen de maniobra: la ciudad se levantará el 23 de mayo todavía con un regidor socialista (Juan Espadas, que ahí sigue a la espera de su proclamación oficial) o del PP, un Juan Ignacio Zoido que durante esta semana ha esgrimido la encuesta de su partido que le otorgaría un triunfo rotundo, un 46,8% de los votos que le daría un total de concejales que oscila entre 17 (cifra que marca la mayoría absoluta) y 18.

Pero el problema ya lo apuntó la propia Soledad Becerril, alcaldesa por el PP entre 1995 y 1999, hace pocos meses en un acto en La Raza: Zoido tiene difícil alcanzar la vara de mando. Puede ganar como hizo en 2007, pero lo realmente complicado en Sevilla es obtener mayoría absoluta. Y Zoido sabe que su única opción pasa por conseguirla, que no tiene margen de maniobra, porque a su único socio factible, el PA, se lo comió hace tres años.

Puesto que ya no tiene un PA al que devorar, el PP se enfrenta a una crisis de crecimiento. En este contexto se enmarcan los continuos anuncios apaciguadores que los populares están lanzando del tipo “el cambio tranquilo”, con el que quieren atraer a hipotéticos socialistas desengañados con el partido. El mensaje, dirigido al ala más a la derecha del PSOE o al votante ocasional, intenta espantar la imagen de la derecha ultramontana, hacer ver que el PP no entrará como un elefante en la cacharrería que los socialistas llevan regentando desde 1999.

Aún así, la mayoría absoluta no es un plato que se sirva con asiduidad en Sevilla. En democracia sólo lo degustó Manuel del Valle (PSOE) en 1983. Así que llega el momento de los malabares: el PP tiene que hacer guiños a un público que no es el suyo, pero lógicamente cuidando a la clientela fiel que es su sustento. Y de paso, evitar que el PA resucite o que UPyD dé la campanada arañando un edil. En este cruce de intereses, una de las estrategias está clara: insistir en la demonización del portavoz de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, y subrayar que el PSOE se lanzará a sus brazos, para así atormentar a la parroquia socialista más descontenta.

IU, mientras tanto, sigue a lo suyo y lo tiene claro: más de lo mismo. La coalición y las bases están contentas y Torrijos (ya con el aval del PCA en el bolsillo) piensa incluso en crecer más allá de sus actuales tres concejales, para lo que apela a la memoria y a la inteligencia de un electorado al que pide que se eleve por encima del ruido de fondo. IU se ha mostrado estos mandatos como un socio de gobierno leal al que, eso sí, le pierden las formas en alguna que otra ocasión, pero eso le da picos de audiencia entre los suyos.

El mayor peligro ahora para IU es que se asiente en el plano municipal la tendencia al bipartidismo. PP y PSOE bien que lo intentarán, con llamadas al voto útil, pese a que a los socialistas tampoco les interesa un escenario en el que desaparezca la coalición de izquierdas. Aunque para predicar primero tendrán que empezar a dar trigo, y eso pasa primero por nombrar oficialmente a Juan Espadas como candidato, una operación que –mal que le pese a José Antonio Griñán– sigue refrenando el federal para hacerlo coincidir en todas las capitales.

Espadas aterrizará con el reto de comerle votos a un Zoido que, hoy por hoy, es el favorito. Además de remontar su desconocimiento entre la ciudadanía, tendrá que hacer no pocos equilibrios para presentarse como una novedad pero sin abjurar de la herencia, asumir los proyectos que hereda pero marcando su distancia con Monteseirín y Torrijos. ¿Lo conseguirá? Hagan juego, que sólo queda un año para saberlo.

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