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Local

Abacería con encanto

el 26 abr 2012 / 15:12 h.

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Un entorno privilegiado, la plaza de San Leandro con la imponente fachada del convento en un costado, acoge este establecimiento con sus puertas y ventanas de madera antigua pintadas en burdeos. Su propietario, Manuel Domínguez, lleva la friolera de 30 años metido en el mundo de la hostelería, en su haber, bares y locales de copas. Ahora, en La Carboná, hace sus pinitos en la cocina, y no lo hace nada mal, es más, yo creo que tiene muy buena mano para los guisos de cuchara tradicionales, y para un muy buen salmorejo.
El local actual mantiene el espíritu de la antigua tienda de ultramarinos que durante décadas estuvo allí radicada, con el sabor que le dan los múltiples objetos antiguos, libros, fotos, discos de vinilo y hasta un teléfono de esos grises de los años sesenta, todos apilados en un curioso escaparate. En el interior las paredes acogen exposiciones de cuadros y, por aquí y por allí, decoran el espacio cacharros antiguos, loza, una vieja báscula, cerámicas, un viejo escritorio y hasta un pequeño triciclo infantil.

Pero lo más importante de La Carboná es el buen tapeo y el simpático servicio que se ofrece. Pizarras y carteles cantan las tapas del día. Hay pinchitos de langostinos, boquerones y cazón en adobo fritos, o el “platazo” de papas arrugas con mojó, entre otras cosas que varían dependiendo de la temporada. Los montaditos, a 2 euros, son todos de mini prietos de La Algaba, los hay de palometa con queso fresco, jamón serrano y queso, salmorejo con carne mechada, entre otros. Elaboran una hamburguesa de ternera gallega, de unos 300 grs. que se sirve con patata y rodajas de chorizo y morcilla fritas (7,50 euros).

En la nómina de tapas impera el clasicismo, como el salmorejo, la ensaladilla, la carrillada, las espinacas, el menudo con garbanzos o la cola de toro. También preparan ración de lagarto ibérico, jugoso corte del cerdo, simpáticamente presentada en una perola pequeña de dos asas (7,50 euros).
El salmorejo ya se ha reseñado que es notable, con muy buena textura, suave, con taquitos de jamón, perfectamente acompañado por una muy buena manzanilla Barón que se sirve en catavinos grande. La cola de toro es sabrosa, con buenas patatas fritas y jugosa salsa. El menudo se presenta picadito y con garbanzos, con ese espesor en la salsa deseable, de muy buena factura. Magníficas también las espinacas con garbanzos, con un puntito de sabor intenso, gustosas y nada aceitosas.

No faltan las buenas chacinas y el queso viejo. Arroces por encargo, incluso en invierno, cochinitos enteros al horno. También en su temporada tienen caracoles y cabrillas con tomate, que nos anuncian notables y que no dejaremos de pasar para probarlas.
La nómina de vinos, amén de la manzanilla comentada, se completa con riojas y riberas como Viña Berceo y Señorío Real, a 2 euros, y Beronia y Protos a 2,50 euros, servidos en buenas copas. Tiene toda la gama de cervezas Alhambra, incluida su magnífica 1925.
Luis y Manuel atienden con buen humor la barra, que se prolonga en una recoleta trastienda donde se puede montar una simpática reunión a pie de cocina. Para la época actual nada mejor que su privilegiada terraza de mesas a la sombra de los grandes árboles de la plaza, un entorno privilegiado para este local que merece que nos detengamos un buen rato para disfrutar del entorno y de su sabrosa cocina casera.

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