Cofradías

Abogado, médico, literato, periodista, cura, y ahora...

el 27 oct 2012 / 12:06 h.

La incógnita estaba en conocer si el Consejo de Cofradías iba a reincidir en el perfil del pregonero del año pasado (un hermano mayor en activo con una acreditada solvencia a la hora de escribir y de pronunciar disertaciones) o si, por el contrario, los hombres de San Gregorio iban a atreverse a explorar otras siluetas menos habituales a la hora de aventurarse a designar al elegido para subirse al atril del Teatro de la Maestranza el llamado domingo de Pasión.

A lo largo de los últimos años han pasado por el atril del pregón numerosos abogados (los más), médicos, algún que otro literato, también algún clérigo, periodistas, escritores, pero sobre todo cofrades que han dejado su impronta en cada una de las líneas de su disertación, unos con más suerte y otros con menos.

Por atenernos sólo a lo que va de siglo, Antonio Ríos despedía en el año 2000 su etapa de presidente del Consejo con una sonada designación, la del poeta, crítico literario y académico Joaquín Caro-Romero, sin duda uno de los grandes pregoneros de los últimos tiempos. Un año después, ya con Manuel Román al timón de la institución, el pregón de la Semana Santa de Sevilla alcanzaba una de sus más altas cimas mediáticas a nivel nacional con la designación del comunicador Carlos Herrera Crusset, cuyo epílogo del pregón (¡A la gloria, sevillanos, a la gloria!) sigue siendo recordado hoy día.

Al año siguiente, en 2002, el pregón retornaba a manos de un cofrade, el cachorrista Francisco Ruiz Torrent (q.e.p.d.), un hombre que encarnaba las esencias más tradicionalistas de la ciudad. Las dos siguientes designaciones redundaron en el mismo perfil de pregonero, el de dos rutilantes cofrades con experiencia en los atriles como fueron Francisco José Vázquez Perea (2003) y Rafael de Gabriel García (2004). La segunda etapa de Manuel Román como presidente del Consejo se inició explorando otros perfiles. En 2005 el pregonero elegido fue el prolífico poeta de Arcos de la Frontera Antonio Murciano, quien en un alarde literario desgranó una disertación escrita en verso de principio a fin. Al año siguiente, el pregón cambiaba otra vez de rumbo: un sacerdote, Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, se subía de nuevo al atril del pregón (la última sotana en anunciar la Semana Santa había sido la del padre Javierre, en 1993, uno de los pregones más personales que se han escuchado el domingo de Pasión). A Sánchez-Dalp le tomó el relevo en 2007 un hermano mayor en activo, el del Gran Poder, Enrique Esquivias de la Cruz. El último cartucho de la era Román lo consumió el escritor y articulista Antonio Burgos, el primero que impuso sus propias reglas en los preparativos del pregón desatendiendo los numerosos compromisos sociales a los que año tras año se ve abocado el pregonero de la Semana Santa de Sevilla.

El actual presidente del Consejo, Adolfo Arenas, no ha corrido mucha suerte con las últimas cuatro designaciones de pregonero. Se estrenó en 2009 con la elección de Enrique Henares, el pregón de un cofrade veterano y costalero que será recordado por la escasamente delicada bienvenida que le dispensó desde el atril al todavía por entonces arzobispo coadjutor de Sevilla, Juan José Asenjo, quien tuvo que oír desde una butaca entre el público cómo todo un pregonero, escoltado entre otros por el cardenal Amigo a sus espladas, le afeaba al actual prelado sevillano el famoso episodio de la estampita de la Macarena. Ese día, al hoy arzobispo titular de la sede isidoriana le faltó muy poco para volverse andando a Córdoba, según confesó después.

Un año después, en 2010, el Consejo buscó el perfil de un extraordinario escritor, Antonio García Barbeito, al que sus excesos verbales en una entrevista en este periódico ("Ni voy a misa ni me confieso; mi religión es el Sevilla FC") casi le dejan compuesto y sin pregón. En Palacio se echaron las manos a la cabeza al leer estas declaraciones. Fue a raíz de este sonado episodio cuando el Arzobispado decidió intervenir de un modo directo en la elección del pregonero, exigiendo al Consejo su designación por un sistema de ternas previamente bendecidas por Palacio. Lejos de hacer experimentos, el Consejo de Arenas miró de nuevo hacia el mundo de las cofradías para buscar candidatos. En los dos últimos años, el pregón ha vuelto a manos de su intérprete más clásico: el de un cofrade de confianza al que se le presuponen probadas dosis literarias. En 2011 ese papel le correspondió al veterano cofrade Fernando Cano-Romero, quien sobrecargó su texto de crítica social, mientras que el año pasado otro hermano mayor en activo, Ignacio Pérez-Franco, terminaba exasperando al personal con uno de los pregones más largos que se recuerdan, un pecado que terminó ahogando las bondades de un brillante texto.

Esperemos que el próximo 17 de marzo gocemos de un pregón "con pellizco".

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