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Jóvenes al día

Abrirse camino en el mundo de la música

La llegada de internet y la piratería han traído consigo la caída de la industria musical y la dificultad de los artistas emergentes para hacerse hueco en el mercado. Pese a todo, muchos jóvenes con talento luchan por hacer de la música su profesión.

el 15 nov 2014 / 08:00 h.

safe_image.php Desde su aparición en España, la industria discográfica ha comercializado sus productos y cobrado por ellos. Pero con la llegada de internet a los hogares y la irrupción de las nuevas tecnologías en los modos de vida, la industria se ha visto forzada a evolucionar a fin de sobrevivir. Otros factores como la crisis económica o la escasez de inversiones en arte y cultura también están detrás del desplome del sector. Según la publicación Industrias audiovisuales: Producción y consumo en el siglo XXI, coordinada por José Patricio Pérez Rufí, «las ventas digitales han superado a las físicas en varios países, frenando así considerablemente el problema de la piratería, principal enemigo de esta industria. España, por su parte, no ha respondido de la misma forma. Los españoles no están dispuestos a pagar por un servicio al que puedan acceder de forma gratuita aunque ilegal. Podemos decir, por tanto, que la piratería tiene la batalla ganada de momento, incrementándose cada año pese a los fallidos intentos de acabar con ella». Ante esta situación, la industria no ha tenido más remedio que reaccionar, desembocando todo esto en dos nuevos modelos de distribución digital: la descarga legal a través de internet con iTunes y la posibilidad de suscripción y acceso a contenido online gratuito, como Spotify. Sin embargo, estos servicios legales de acceso a contenido digital no han puesto fin a la crisis que actualmente vive el sector y que, lejos de tener éxito, continúa en su lucha contra la piratería que, parece, será interminable. LOS NUEVOS TALENTOS .  A pesar de todo, son muchos los nuevos talentos que luchan por hacerse un hueco en el actual panorama musical. Es el caso de Hi Corea!, un grupo musical pop-rock indie formado por Carlos Moreno, Berni Ruiz y Clarisa Guerra, que acaban de sacar su primer trabajo: Oddnature. Sus historias y trayectorias son muy diferentes, pero tienen en común su pasión por la música y las ganas de hacer de ésta una forma de ganarse la vida. Todos pasan la treintena de edad y ese es quizás el único punto en el que coinciden. Clarisa es periodista y trabaja para la Universidad de Sevilla divulgando información sobre los proyectos de esta en materia de innovación y emprendedores. Berni ejerce como maestro de Primaria en la especialidad de música. Y Carlos, por su parte, es físico y colabora como investigador en proyectos europeos, además de tener una faceta emprendedora con su participación en  una productora audiovisual o una sala donde se llevan a cabo espectáculos y conciertos. Su estilo musical es calificado por muchos como psicodelia, un género que destaca en la actualidad como mucho más comercial y visible que antes en ciertos círculos, gracias en parte a los festivales musicales que a lo largo del año se vienen celebrando. Uno de los principales problemas con los que se encuentran es el tiempo que tienen que sacar para ensayar: «Hay que dedicar muchas horas a la preparación para que las voces suenen coordinadas, además debemos cumplir con nuestros propios horarios de trabajo y buscar un momento en el que todos coincidamos, y eso, a veces, es complicado». Pero para los conciertos no sólo basta con  ensayar, afirman, también hay que estar pendientes del diseño del cartel, la publicidad en los medios o mantener vivas las redes sociales. Acaban de lanzar su primer EP en formato vinilo con cuatro canciones. Argumentan que los gastos han sido numerosos y cuantiosos, «y eso es en parte debido a que no financian nada». El coste de un disco en todo caso depende de los detalles que contenga y aseguran se puede hacer mucho más barato, pero con menos calidad. Han optado por un buen producto y para ello han grabado en el estudio musical La Mina, en la sevillana localidad de Espartinas. La masterización la han realizado en EEUU. «El EP lleva en la calle sólo unas semanas, de momento se han hecho 500 copias. En cuanto al precio, se ha fijado en cinco euros, para que sea accesible a todo el mundo, además lo hemos completado con un diseño atractivo que lo convierte casi en una pieza de coleccionista», comentan sus autores. La piratería no es un problema para ellos, ya que según manifiestan no aspiran «a ganar dinero con la venta de discos», incluso lo han compartido en plataformas como Spotify para que quien lo desee pueda disfrutar de él sin tener que pagar por ello. Sus canciones hablan sobre temas sombríos, una mezcla de desesperanza con surrealismo, entendido este último como vía de escape a la realidad. Su primer single se llama Bill y habla sobre el personaje de Alicia en el país de las maravillas que recibe su nombre y al que todos utilizan para beneficio propio, pero que a la vez aprecian. «La letra es totalmente surrealista y en inglés. Toda la música que nos inspira es en ese idioma y es por eso que hemos producido en esa lengua. Nos fluyen mejor las ideas a la hora de componer en inglés», asegura el grupo. A pesar de manifestar que la música no les da para vivir, tienen claro que les aporta otras muchas cosas: «Dedicarnos a esto nos enriquece el alma y nos hace experimentar cosas que no haríamos de otra manera y todas esas sensaciones no tienen precio. Ojalá nos fuera bien y vendiéramos un millón de discos, pero de momento trabajamos para hacer las mejores canciones posibles». Aún es pronto para hablar del fenómeno fans, pero aseguran que a pesar de ser un grupo emergente, suelen recibir emails de personas que se sienten identificados con su música y sus canciones. Entre sus proyectos de futuro, tienen previsto un nuevo EP que ya se encuentran componiendo. Se llamará Evennature y será una continuación de su actual álbum: «Queremos que sea un poco más luminoso, que avance hacia la luz comprendida como una evolución». También tienen previsto cerrar conciertos a lo largo de la geografía española, en ciudades como Cádiz, Granada, Barcelona o Madrid. De momento su debut está previsto para el próximo 29 de noviembre en Sevilla, en la Sala X. LA INDUSTRIA. Las empresas distribuidoras de música vivieron su época dorada durante los años 90. En ese momento se comienza a distribuir en España música de otros países como Francia, Inglaterra o EEUU y muchas corporaciones aprovechan la expansión del mercado para hacerse un hueco. Es el caso de la compañía de música independiente Green Ufo’s. Santi Cotes es su responsable de comunicación, lleva trabajando más de 20 años en ella. «Empezamos comercializando música francesa en nuestro país y para ello nos apoyábamos en la distribución de revistas tipo fanzine, una especie de boletín artesano donde se hablaba de grupos extranjeros emergentes en el mercado. A través de ese circuito de publicaciones vendíamos los discos, se informaba a los clientes con idea de que los compraran», comenta el experto en distribución. La venta de discos de grupos extranjeros se empezó a complementar con giras por España y conciertos de esos artistas por las ciudades. «Festivales como el de Benicàssim, Primavera Sound o el Sevilla South Pop Festival ayudaron a hacer más visible el pop independiente que empezaba a irrumpir en el panorama musical español», plantea Cotes. Pero todo cambia con la llegada de internet a la vida de los españoles y la posterior descarga ilegal: «Los discos dejan de venderse y el mercado busca una forma de evolucionar, refugiándose en los conciertos y festivales como alternativa al cambio. Los conciertos son una propuesta de ocio al fin y al cabo pero no son una primera necesidad, de ahí que el mercado siga sin estabilizarse», revela. La música tiene un componente de moda muy importante para él, pero también es un mundo muy fiel una vez que consigue consolidarse: «Los fans reales no cambian de preferencias de un día para otro. Muchos grupos consiguen ascender poco a poco y terminan haciéndose conocidos, aunque lo primero para gozar de éxito es tener talento y un poco de suerte para que alguien dentro de la industria apueste por ti». Para Cotes, Vestusta Morla puede ser un buen ejemplo de un grupo que ha empezado poco a poco y que cuenta con éxito en este momento: «Gracias al talento y trabajo realizado durante 10 años, han conseguido llegar donde han llegado. No venden muchos discos pero viven de ello». En cuanto al estilo que más vende en España, destaca la figura de Pablo Alborán o divas de la excentricidad como Lady Gaga o Madonna. «El pop es muy amplio y es lo que más vende en este momento, no interesa producir jazz, blues o cualquier otro tipo de música», destaca. La situación es muy difícil y complicada en la esfera musical en este momento, pero a pesar de todo Cotes manifiesta que hay un rayo de esperanza al final del túnel: «La realidad es que la música siempre se termina consumiendo de una manera u otra. Siempre hay hueco para las personas que trabajan y tienen talento». LOS CONSUMIDORES. El criterio musical es algo tan ambiguo como personal. Aunque lo cierto es que expertos y críticos del sector coinciden en decir que lo que precisamente más vende, no es la música de mayor calidad. Rubén González lleva haciendo música desde su adolescencia, hoy atraviesa el ecuador de la treintena. «El panorama musical de hoy se lleva cultivando desde hace años, viví el inicio de la piratería y el daño que ha ido haciendo a lo largo de los años. A principios del año 2000 grabé mi primera maqueta que envié a diversas casas discográficas, era la única forma de darte a conocer en ese momento.  Todas contestaron lo mismo, la piratería los frenaba en el lanzamiento de nuevos talentos. Lo máximo a lo que aspiramos fue a una crítica en la Revista Heavy Rock». Para Rubén, a partir de ese momento y ante la caída en picado de la industria musical por la ausencia de venta de discos, comenzaron a aflorar programas de talentos como Operación Triunfo: «Era la única forma de mantener la industria a flote por el daño que la piratería estaba haciendo, eso además supuso la proliferación de estrellas, muchas de ellas fugaces, que terminaron muriendo del estrepitoso éxito». La idea era sacar discos rápido, un par de ellos al año. Tanto fue así, que el arte de la composición quedó en segundo plano a su criterio: «Los grandes compositores siguen funcionando pero desde entonces pocos compositores de la talla de Alejandro Sanz o Malú han irrumpido en el panorama musical. Los triunfitos en el mejor de los casos componen uno o dos de los temas de sus discos, el resto suelen ser creados por las discográficas con idea de que los discos salgan a la venta de forma inminente». Para Rubén, el resultado de todo esto ha sido la descomposición de la industria musical: «Los jóvenes cada vez consumen menos música en formato CD y en su lugar lucran a la piratería. La conciencia social no lleva a caer en la cuenta de que sin apoyo y consumo el panorama musical no podrá salir adelante y esto fomenta además el poco espíritu crítico de las nuevas generaciones con la industria musical, no sabiendo diferenciar una buena música de un show espectacular por ejemplo», concluye.

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