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Acabemos con el «vuelva usted mañana»

La asfixia de los ayuntamientos. El alcalde urge a introducir las reformas legales requeridas por los ayuntamientos desde hace años que representan una verdadera «deuda histórica que pesa sobre los municipios»

el 15 sep 2009 / 05:36 h.

La asfixia de los ayuntamientos. El alcalde urge a introducir las reformas legales requeridas por los ayuntamientos desde hace años que representan una verdadera «deuda histórica que pesa sobre los municipios»

El mayor o menor desarrollo socioeconómico de Estados y regiones se explica hoy por la presencia o no en su territorio de urbes con capacidad para generar dinamismo económico, iniciativa empresarial, innovación y cohesión social.

Las ciudades son, en resumidas cuentas, el lugar en el que ocurren las cosas. Y por ello es cada vez más evidente la distancia que existe entre la dimensión política, la capacidad de gobierno y la financiación que las ciudades tienen y las que deberían de tener. Las ciudades, los municipios, somos Estado. Somos, como establece nuestra Constitución, una de las tres partes de la estructura territorial del Estado: Administración Central, Administraciones Autonómicas y Administraciones Locales.

Las ciudades somos instituciones políticas maduras. Han transcurrido casi tres décadas desde que celebramos en España las primeras elecciones municipales, en plena transición democrática. Y durante este tiempo las ciudades hemos demostrado que sabemos dar respuesta a las necesidades de la sociedad en que vivimos.

Pero mientras que el desarrollo de las autonomías durante estos años ha sido imparable, hasta el punto de que hoy día casi todas las competencias y recursos ya están transferidos, los Ayuntamientos seguimos más o menos donde estábamos. Y esto es así porque mientras que ha habido varios pactos autonómicos, que han impulsado a lo largo de estos años un extraordinario proceso de modernización y descentralización de la Administración central hacia las comunidades autónomas, no ha habido ningún pacto local.

Sin ánimo de abordar el asunto con detenimiento, valga con recordar que mientras que en 1978 la Administración central ejecutaba más del 90% del gasto público, en la actualidad le corresponde menos del 60%. Sin embargo, el peso de las entidades locales en el conjunto del gasto público se encuentra prácticamente estancado en el 13 % del gasto público total desde 1984.

Y ello a pesar de que los ayuntamientos hemos ido progresivamente ejerciendo responsabilidades y competencias que no eran nuestras (lo que llamamos competencias de sustitución) para dar respuesta a las demandas y exigencias ciudadanas, con el consiguiente gasto de recursos, que los últimos estudios estiman por encima del 30% del conjunto de gastos de los entes locales. Y es que a los ayuntamientos, especialmente a los de las grandes ciudades, se nos pide "todo". Podemos decir que los ayuntamientos son los mejores detectores que existen para nuevas funciones y nuevos servicios públicos. Ello ha ido acumulando a lo largo del tiempo lo que la Federación Española de Municipios y Provincias califica como deuda histórica, que pesa sobre gran parte de los municipios españoles, y de modo muy especial en los de mayor dimensión, y a la que evidentemente hay que dar una solución. Todo lo anterior ya se ha dicho en innumerables ocasiones. Lo que añadimos con vehemencia es la coletilla de que todo eso hay que hacerlo ahora. Ha llegado el momento, no más dilaciones, ni espera de momentos más oportunos. No más "vuelva usted mañana". El momento es hoy, el momento es ahora. Porque un proyecto de sociedad española más solidaria, más justa y más integradora, con más oportunidades para todos y para todas es inviable sin ayuntamientos fuertes y solventes.

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