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Acosta se presenta y sitúa al Sevilla más cerca de la final

El Sevilla se está empeñando en hacer sufrir a su afición hasta límites insospechados, y la prueba de ello está en la Copa del Rey. Si hace una semana tumbó al Valencia con un gol de Squillaci en el minuto 89, ayer hizo lo mismo con el Athletic. Esta vez, el gran protagonista fue... Lautaro Acosta. Foto: Javier Díaz.

el 15 sep 2009 / 22:11 h.

El Sevilla se está empeñando en hacer sufrir a su afición hasta límites insospechados, y la prueba de ello está en la Copa del Rey. Si hace una semana tumbó al Valencia con un gol de Squillaci en el minuto 89, ayer hizo lo mismo con el Athletic. Esta vez, el gran protagonista fue... Lautaro Acosta.

El joven argentino ha pasado de no tener fecha de reaparición por culpa de su problema en el tobillo a erigirse en el futbolista que tiene situado al equipo de Manolo Jiménez a las puertas de una final. Ayer, el Laucha salió tras el descanso, echó atrás al Athletic con su juego eléctrico y, finalmente, llevó el delirio a las gradas tras marcar el 2-1. Su gol, premio al gran trabajo del equipo en la segunda parte, permite al Sevilla viajar a San Mamés -apasionante el partido de vuelta del 4 de marzo- con un resultado no excelente pero sí valioso.

El estado del campo al inicio del partido, con charcos y problemas para que el balón rodara, exigió adaptarse a un guión distinto al habitual, a saber a qué jugar. Y el que mejor lo hizo fue el Athletic de Joaquín Caparrós, un equipo trabajado y que hizo méritos hasta para ganar, donde su delantero, Fernando Llorente, se empeña en que los grandes se peleen por él. Mientras el Sevilla se obcecaba con jugar en largo una y otra vez y sus bandas -salvo acciones puntuales de Jesús Navas- apenas aparecían, el Athletic no tardó en avisar a todos.

Ion Velez, con un remate lejano que salió fuera por muy poco tras un mal saque de puerta de Palop; y Llorente, que controló el balón con el pecho e hizo volar al portero, pudieron adelantar a los bilbaínos poco después de que Romaric, en la ocasión más clara de toda la primera parte para los de Jiménez, cabecease al larguero un saque de esquina. No tuvo suerte ayer el africano.

El partido estaba muy abierto, para listos, y exigía no caer en la desesperación... Pero el Sevilla fue cayendo en ella poco a poco y Llorente fue haciendo méritos. Antes del descanso, de nuevo en una acción a balón parado, uno de los males del Sevilla esta temporada, el ariete impuso su altura y aprovechó la mala salida de Palop para marcar el 0-1. Un nuevo jarro de agua fría para el Sevilla y su afición, acostumbrados a tener que apelar a la heroica -habrá que ver el peaje que el desgaste se cobra ante el Betis el sábado- en el Sánchez Pizjuán un día sí y otro, también.

Jiménez tuvo que mover ficha. Quitó a Renato y sacó a Acosta. El argentino, con ganas de comerse el mundo, dio chispa al Sevilla, favorecido por un césped seco, por la mayor serenidad de sus futbolistas y por el beneficio de ser el dueño de la pelota. De una acción del Laucha nació el empate, obra de Duscher tras varios rechaces dentro del área a la salida de un córner (60'). Quedaba media hora de juego y el 1-1 fue el prólogo del asedio. Salió Capel por Adriano. Más madera. Jesús Navas, sin agua que sortear ya, empezó a marcar diferencias, pero allí estaba Iraizoz. El portero que defendiera al Espanyol en la final de Glasgow frenó al Sevilla con sus paradas: remate claro de Romaric, disparo de Kanouté... Incluso se alió con el poste en un penalti que el franco-malí desperdició. Pero con quien no pudo fue con Acosta, que puso la guinda a su presentación ante el sevillismo con su gol, ¿decisivo?.

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