Feria de Abril

Adictos a la versión ‘after hours'

Cada vez son más los que amanecen en el Real después de una intensa madrugada de diversión.

el 19 abr 2013 / 20:46 h.

33 Un grupo de jóvenes apura por la mañana la jornada de Feria y sin perder la sonrisa repone fuerzas con una rueda de calentitos y un buen chocolate. Un grupo de jóvenes apura por la mañana la jornada de Feria y sin perder la sonrisa repone fuerzas con una rueda de calentitos y un buen chocolate. Antonio y sus amigos mantienen el tipo –impecables con traje de chaqueta y corbata– pese a llevar 18 horas en la Feria. Llegaron a las tres de la tarde del jueves para almorzar en la caseta que la familia tiene en Antonio Bienvenida, y a las nueve de la mañana de ayer aun seguían de fiesta en el Real. “Lo mejor son las mañanitas. No hay prisa ni tanta gente. Se vive todo con más tranquilidad en compañía de buenos amigos”. Su declaración de feriante confeso es coronada de fondo por el sonido de las máquinas barredoras de Lipasam, que recogen los montones de vasos, botellas y demás residuos que la madrugada ha orillado a ambos lados de la carretera. Son las nueve de la mañana y el recinto de Los Remedios despierta de la mano de sus vecinos más incondicionales: aquellos que forman el club de la penúltima. En esta versión after hours tampoco faltan los que esperan que rompa el alba para cumplir con la tradición más añeja de desayunar calentitos o los clásicos buñuelos en la coqueta plaza que se erige cerca de la portada. Hasta este santuario del feriante mañanero arriban Amparo y su esposo Alberto, que, con visibles caras de cansancio, buscan asiento en una de las coloridas mesas que anteceden estas casetas de olor dulce y estética pintoresca. “Dos de buñuelos y dos buenos tazones de chocolates”, requiere Alberto al camarero de tez morena y camisa blanca de chorreras. Allá en el perol de aceite hirviendo se arremolinan las mujeres de la familia Flores, que, a las órdenes de la matriarca, no paran de darle a la paleta para ensartar a modo de perlas los distintos buñuelos: “Esto es un tradición familiar. Llevamos viniendo muchos años y, aunque sea ya de día, tenemos la misma alegría y disposición que si fueran las doce de la noche. Lo sabe bien quien se acerca aquí para tomar algo calentito que le entone el cuerpo después de una larga noche de fiesta, ¡que eso estamos en Feria!”, apunta convencida una de las hijas de la responsable del negocio. También al otro lado de la carretera, en los bares que crecen bajo la portada, los veladores son testigos de quienes devoran la semana de farolillos de principio a fin. En una de las sillas se encuentran Lourdes y su hermana Mari Carmen. Ambas están vestidas de flamencas y, aunque se han bajado de los tacones, hacen un balance bastante positivo de la noche: “Lo hemos pasado muy bien. La verdad es que no solemos terminar nunca tan tarde, pero este año se ha terciado así. Es un lujo disfrutar de la Feria a primera hora de la mañana, todo parece más auténtico y la luz es preciosa. Hacía mucho tiempo que no me recogía a esta hora. De aquí no nos vamos hasta que lleguen los primeros coches de caballos, a ver si alguno me lleva a casa”. Bromas aparte, lo cierto es que Lourdes y Mari Carmen sí contemplan la entrada de los primeros proveedores con las cargas de la jornada. El trasiego de carretillas y bultos de cajas alerta de la hora que es, casi las diez de la mañana. Es el tiempo en el que muchos camareros y cocineros que dan vida culinaria a las casetas protagonizan una escapada para descansar un poco, y si es posible, darse una ducha en algún piso cercano de un amigo o, en el mejor de los casos, en el que su empresa de catering ha alquilado para estos días. Este último es el caso de Sergio y sus compañeros, que están trabajando en una caseta de la calle Curro Romero, y que a esa hora se disponen a refrescarse después de una dura noche en la que no han parado: “Ahora toca descansar. Hay que reponer fuerzas, pues todavía queda mucha Feria por delante. Hace unos minutos se ha ido la última reunión de la caseta. Era de los hijos de los socios, que suelen aprovechar bien la noche mientras que los padres acuden a primera hora de la tarde. Nos encanta ver a la gente disfrutar y pasárselo bien. Disfrutan ellos, disfrutamos nosotros y, en definitiva, disfrutamos todos los que hacemos posible esta fiesta”, confiesa Sergio sin perder paso por la calle Asunción pues en unas horas tiene que estar de vuelta. Quienes no llevan tanta prisa son Raúl y sus amigos, algunos de ellos son estudiantes italianos que se han estrenado en la Feria de Abril por la puerta grande. “¡Míralas, a qué parecen sevillanas!”, preguntaba con el catavinos en la mano y señalando a sus acompañantes, que vestidas de flamencas, no paraban de hacer palmas como si estuviesen en el tablado flamenco de Adelita. Raúl y su pandilla habían estado en la caseta de unos amigos en la calle Bombita. “Había un grupo de flamenco muy animado. Creo que se les ha pegado el ritmo. Puedo decir que hemos ganado nuevas feriantas [en alusión a sus amigas italianas]”, resalta este joven de 27 años, estudiante de Psicología y adicto a esta versión matinal. Muy asombrado por lo que ven sus ojos está un matrimonio gallego. Manuel y Paqui llegaron a la estación de Santa Justa el jueves al mediodía. Tras estar en los toros, se fueron a cenar a la Feria donde estuvieron paseando hasta las dos y media de la madrugada: “Nos vinimos porque como apagaron las luces a esa hora, nos creíamos que se cerraba el recinto. Pero estábamos muy equivocados”, se ríe Paqui sin salir de su sorpresa al comprobar cómo iba saliendo gente del recinto de Los Remedios a primeras horas de la mañana de ayer. Las altas temperaturas registradas en esta edición propician que cada vez sean más los que acudan al Real de noche para aguardar al frescor de la mañana para emprender el camino de regreso a casa. Eso sí, cada cual como puede: descalzo, a pie, en bici, en taxi, bus, metro... o echando una cabezadita en cualquier rincón de la calle Asunción antes de tomar el coche. Es lo que se dispone a hacer José María, vecino de Utrera, que se había llevado toda la noche trabajando en un grupo musical en una de las casetas privadas: “Así evitamos cualquier posible accidente, sobre todo, si hemos tomado alcohol”, detalla antes de entrar en la furgoneta. Se despereza la Feria y el sol ilumina la portada. Son las once de la mañana y aprieta el calor. La jornada promete traer consigo otra amanecida bajo los farolillos.

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