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Adiós a la familia Baobab

La Escuela Infantil de la calle Socorro se despide tras 16 años entre flores y abrazos

el 15 jul 2011 / 20:34 h.

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Erase una vez una gran familia por la que pasaron más de 640 niños, junto a sus respectivos padres. En la zona norte del casco histórico, concretamente en la calle Socorro, se encuentra este hogar, casi de cuento, llamado Escuela Infantil Baobab. Nada más entrar nos encontramos dos ramos de flores y a un montón de pequeñajos correteando alrededor. Ayer fue un día especial en esta guardería tan sui generis. Sus puertas se abrían por última vez tras 16 años educando a los más peques del barrio.

El ritmo es frenético. Unos saltan, otros pintan, dos se pelean por un balón y los más bebés ríen en sus sillitas. Porque, aunque sea el último día, hay que hacer lo mismo que todos estos años, divertirse. Hoy están todas las hadas madrinas de esta casa. Susana, la directora, junto a Mercedes, Mari Ángeles, Delia, María José y Ana, el resto de profesoras. La Escuela Infantil Baobab, abierta desde 1996, ha cerrado sus puertas tras finalizar su contrato de alquiler. "A consecuencia de la crisis, el dueño tiene que vender el local", cuenta Susana. Hace un año se lo comunicaron, 365 días en los que han tenido la esperanza de quedarse, pero sin suerte. "Los padres nos han ayudado a buscar otros locales, pero las normas son muy estrictas y es difícil encontrar un sitio adecuado en el Centro", añade.

Baobab ha destacado siempre por su gran ambiente familiar, de ahí que los últimos días hayan estado llenos de lágrimas y agradecimiento de los padres hacia las profesoras del centro. "No hablo contigo, que lloro otra vez", dice Mari Ángeles. Aquí las puertas han estado abiertas para todos. "Unas de las cosas que tenía clara cuando entré es que quería que los padres entraran, no dejarlos en la puerta", cuenta la directora. Desde que abrió el centro, con apenas 21 años, ha tenido un contacto diario con los progenitores, sin necesidad de reuniones ni tutorías. "Ellos entran, dejan las cosas del niño, les contamos cómo han pasado el día, todo con mucha naturalidad", explica Mercedes, cuñada de Susana y otro de los pilares de la escuela. En esos primeros meses se le unieron Mari Ángeles y Delia. "Entramos chavalitas, con veintipocos y ahora estamos todas casadas y con niños", explican. Y es que, entre los niños del vecindario, están los suyos propios que consideran Baobab "como su segunda casa".

Es tal la confianza, que las profesoras recogen a los mayores en el colegio y acuden al comedor de la guardería. "Hemos conseguido que los que no comían en casa, lo hicieran y encima solos".

El afecto ha sido una de las premisas principales de esta guardería. Se ven besos y abrazos en cada rincón, también con alguna madre que acude esta última mañana a dejar a su hijo. Llegan dos ramos más que se unen a los regalos y cartas que han escrito algunos padres. Las lágrimas vuelven a aflorar.

Para hacer una despedida a lo grande, todos se colocan sus bañadores para la fiesta del Agua. Y ya no hay lágrimas, sólo risas.

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