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Afrontar el temido ¿y mi papá?

La Asociación de madres solteras por elección y la clínica IVI organizan un taller para resolver las dudas sobre cómo y cuándo explicar a los niños el modelo de familia monoparental de mujeres que acudieron a la reproducción asistida

el 06 jul 2014 / 13:00 h.

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Las psicólogas María del Mar Tirado y Marta Díez, de pie, junto a algunas de las madres asistentes al taller. Las psicólogas María del Mar Tirado y Marta Díez, de pie, junto a algunas de las madres asistentes al taller. ¿A que edad hay que hablarle del proceso de su fecundación?, ¿cómo se le explica que papá no puso una semillita en mamá sino que fue un médico quien plantó esa semillita de un donante que nunca sabrá quién es?, ¿y si me echa en cara haberle privado de un padre?, ¿qué hacer si pese a todo se empeña en buscar al que considera su padre biológico? Son las principales preguntas que se plantean las mujeres que decidieron, por diversos motivos, tener un hijo solas y acudieron a la inseminación artificial. Y es que, como señala Maritina, madre de una niña de diez meses, mientras a las familias adoptantes (ella misma antes de acudir a la reproducción asistido se informe sobre la adopción) se las prepara para afrontar el momento en el que hay que hablar a los niños de sus orígenes, no ocurre lo mismo con las mujeres solas que recurren a las técnicas de reproducción asistida, pese a que un tercio de los nacidos en España ya son hijos de madres solteras. La Asociación de madres solteras por elección y la clínica IVI de Sevilla, que realiza al año 2.000 tratamientos de los que 700 corresponden a mujeres sin pareja, acaban de celebrar un taller de Madres a solas para resolver éstas y otras dudas, con una docena de mujeres que tienen hijos de entre doce meses y nueve años. La psicóloga María del Mar Tirado, junto con su colega Marta Díez –autoras del estudio Nuevas familias monoparentales. Madres solas por elección– se encargaron de responder a sus preguntas y plantear unas pautas generales que pasan, según explicó Tirado, por que ellas mismas «se sientan seguras del modelo de familia elegido» y hablen de ello con trasparencia y naturalidad no solo a los niños cuando corresponda sino haciéndose visibles en su entorno. «Aconsejamos que sean accesibles a las preguntas en el colegio y entre sus amigos», señala Tirado, que también subraya que conviene hablar siempre de «donante anónimo» y no de «padre biológico ya que este concepto implica una serie de vínculos» que pueden confundir al niño y hacerle desear conocerlo cuando en el caso de la inseminación artificial no es posible. De hecho, una de las reivindicaciones de la asociación y de estas profesionales es sensibilizar a la administración educativa y las direcciones de los centros escolares para celebrar el Día de las Familias en vez del tradicional Día del Padre para evitar conflictos ante los nuevos modelos de familias e incluso utilizar esta celebración para explicar las distintas fórmulas existentes en la actualidad y normalizarlas. Tirado deja claro que hay que diferencias distintas etapas en los niños ya que cuando son muy pequeños, entre uno y dos años, «no es necesario explicar nada, no hay un cuestionamiento, como mucho se puede contar su historia como un cuento». Entre los 3 y los 6 años, dependiendo de la curiosidad del niño, sí se puede empezar a explicarles «por qué no hay un papá, que mamá tenía muchas ganas de tenerlo y necesitó la ayuda de un médico porque hace falta una semillita». Entre los 5 y 7 años ya «se cuestionan muchas más cosas, demandan explicaciones más profundas, del proceso del embarazo en general, de dónde vienen los niños». Tirado también advierte e las madres solteras que deben estar preparadas para que en la preadolescencia aparezca «el enfado y la frustración» por no tener un padre o un modelo de familia como el de sus compañeros. Alerta de que es «normal» que los hijos hagan «reproches» pero no hay que vivirlos con sentimiento de culpa sino «explicarles que es verdad, que su modelo de familia es distinto, pero que no se les ha privado de un padre sino que de otra forma ellos no existirían». «A mayor seguridad y comodidad de la madre al defender su modelo elegido, más facilidad tiene el niño para asimilarlo», subraya, y añade que es importante la trasparencia para que la madre sea el referente del menor «y ante cualquier duda o situación que surja con los amigos acuda a ella». Es por ello que madres como Maritina reconocen que desde que tomaron la decisión su gran preocupación es «prepararme una respuesta lo más adecuada a la edad en la que se plantee por comparación con otros niños por qué no tiene un padre y me lo pregunte», una respuesta que «sea coherente y adoptada por mi entorno» y que también sirva a su hija «de herramienta para saberse defender si surgen conflictos con otros niños, que lo vea con naturalidad». Reconoce que su gran miedo «es que al saberlo se desvincule emocionalmente de mí y quiera conocer a un padre biológico», de ahí que las psicólogas recomienden usar siempre el concepto de donante. Maritina confiesa que desde que estaba embarazada empezó a «contarle cuentos sobre el tema» –existe una literatura adaptada para explicar a los niños este tipo de situaciones– pero ya cuando nació me relajé, me di cuenta de que en realidad aún no se entera de nada, aunque a veces sigo leyéndole alguno pero creo que lo hago más para prepararme yo».

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