Economía

Agua dulce para el salino arrozal

La CHG adjudica este mes a una ingeniería y por 2,4 millones la redacción del proyecto que habrá de llevar el agua dulce hasta los arrozales de las marismas. Obra faraónica de 200 millones de euros que requiere canales a ambos lados del Guadalquivir.

el 14 sep 2009 / 19:51 h.

La CHG adjudica este mes a una ingeniería y por 2,4 millones la redacción del proyecto que habrá de llevar el agua dulce hasta los arrozales de las marismas. Obra faraónica de 200 millones de euros que requiere canales a ambos lados del Guadalquivir.

Media tierra muerta, media tierra viva. A un lado, un vergel de arrozal, al otro, un páramo de almarjos de las marismas y varetas que por aquí, en Isla Mayor, donde el Guadalquivir se torna salino, llaman guardias de asalto.

"Es una sensación extraña. Los arroceros decimos que no somos agricultores, sino arroceros. Es un sentimiento". Quien habla es Manuel Cano. Este año recolecta el 50% de su parcela, el otro 50% se ha quedado baldío, no había agua con que regar, la sequía obligó al órgano regulador de la cuenca, la CHG, a restringir las dotaciones. Vosotros, la mitad, dijo en junio, y a tal porción se amoldaron, no había más remedio.

Desde pequeño, Cano, ahora director gerente de la Federación de Arroceros de Sevilla, lleva escuchando la cantinela de grandes infraestructuras que llevarán las aguas dulces a los salinos arrozales de las marismas. En éstos no se puede sembrar otra cosa más que arroz, es el único cultivo que soporta la sal que entra por el estuario del Guadalquivir, un río del que directamente riegan.

Esta vez, parece ser que sí. El Ministerio de Medio Ambiente adjudicará a mediados de este mes el preciado contrato por el que una consultora de ingeniería deberá diseñar cómo, de dónde y por dónde llevar el agua dulce hasta los campos de arroz. Y va en serio: son 2,4 millones de euros los que cuesta redactar este proyecto y nada más y nada menos que 200 millones los que podrían costar las infraestructuras necesarias, según cálculos de la propia Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Busquemos un símil: casi tanto como dos veces el presupuesto total -obra, expropiaciones, compensación medioambiental, etcétera- del pantano de Melonares.

Compleja infraestructura. Definido el objetivo, el de conducir hasta las marismas los recursos hídricos sin sal, ¿cómo lograrlo? Eso lo habrá de decidir la firma de ingeniería, pero Cano apunta ideas: dos canales, uno a cada ribera del río. Problema: en algunos tramos, su discurrir se vería impedido por la cercanía de pueblos a las márgenes. ¿Sortearlos con tubería bajo el Guadalquivir? Sí, el pero estriba en el estrechamiento del caudal en varios ramales y no se puede entorpecer el navegar de los barcos.

Pese a las dificultades que entraña la obra, "ahora sí me lo creo", sentencia el representante de los arroceros. Por un lado, argumenta, está el elevado presupuesto para la redacción del proyecto. Por otro, el interés que suscita en la CHG y los ministerios de Medio Ambiente y de Agricultura y Pesca.

Y es que esta infraestructura viene a atajar tres cuestiones. La primera, de índole económica: el riego del arrozal y la merma que supone la elevada salinidad del río sobre la producción -se quema la planta-. La segunda, la dimensión social de un cultivo, el arroz, del que vive una localidad entera, la de Isla Mayor, y que sustenta a una de las principales empresas de la provincia: Herba, filial arrocera de Ebro Puleva. Y la tercera, y de enorme importancia, la medioambiental: los arroceros, que por su ubicación a lo largo del río son los últimos que riegan, también son los que soportan las mayores restricciones en épocas de escasez de agua, que no son pocas.

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