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Airosa pese a los desaires

La capacidad política de Álvarez, la naturalidad con la que convierte su discurso en imágenes llenas de plasticidad tiene que ver mucho con su carácter y con el tiempo en el que le tocó aprender a ser política.

el 25 sep 2009 / 10:26 h.

Magdalena Álvarez
A veces parece que se le va a quebrar la voz. Por unos segundos da la impresión de que va a dejar asomar un punto de debilidad. Pero siempre reconduce el aire con habilidad y consigue seguir soltando una ráfaga de palabras atropelladas. Dispara sin concesiones, con una sonrisa que en ocasiones es coraza y en otras una pura amenaza. Implacable, vivaz, inflexible, bromista, exigente, cabezota, coqueta, borde, atractiva e inteligente. Es Magdalena Álvarez Arza, la malagueña ministra de Fomento.

Quienes la conocen opinan que mucho de todo eso tiene que ver con la niña que perdió a su padre de pequeña y a su madre siendo muy joven. Procedía de una familia acomodada -ni su hermana ni ella pasaron estrecheces-, pero el esfuerzo y la superación fueron principios que estuvieron presentes desde muy pronto en su vida. En año y medio se sacó las oposiciones de inspectora de Hacienda.

Su amiga Amparo Rubiales ha escrito que Magdalena "siempre ha salido airosa de todos los avatares". Y es cierto, aunque al mus pierde a menudo. Todos la daban por descartada como ministra de Fomento cuando Cataluña entera se le echó encima en la cuenta atrás de las elecciones de marzo pasado a cuenta del caos en las infraestructuras.

No se libraba ni una mañana de una caricatura radiofónica un tanto burda de su acento seseante y sin adosal final de los participios y terminaba la jornada siendo en un late night la ministra "de momento". Pero Zapatero volvió a hacerla de Fomento. Y no era la primera vez que resurgía de sus cenizas. Cuatro años antes ya lo hizo. Quemada en el Gobierno de Manuel Chaves por su cerrazón sobre la fusión de las cajas, su salida de la

Junta fue entendida como una condena a calentar escaño en la oposición en el Congreso. Pero Zapatero ganó y confió en su experiencia de gestora y en el desparpajo -a veces hasta chulería- que le vio en los mítines. Azote de la oposición le pusieron los cronistas del Congreso después de descubrirla en la tribuna pidiendo pelea. "Dígame eso en la calle y le pongo en los tribunales", le atribuye el Diario de Sesiones. El comentario procede de la misma mujer que no tiene problema alguno en darse la vuelta delante de un corrillo de periodistas y retocarse los labios antes de hacer declaraciones alas cámaras de televisión. Es la misma jefa que exige hasta la extenuación en el trabajo, pero se acuerda de felicitar santos y cumpleaños.

La capacidad política de Álvarez, la naturalidad con la que convierte su discurso en imágenes llenas de plasticidad -para acusar al PP de desdén con Andalucía se valió una y mil veces de la escena en la que obligó a Mariano Rajoy a apagar un puro en una reunión- tiene que ver mucho con su carácter y también con el tiempo en el que le tocó aprender a ser política. Porque ella no lo fue hasta que, en 1994,Manuel Chaves se interesó por un perfil técnico para la consejería de Economía y Hacienda. Braulio Medel, que ya estaba en Unicaja, dio el nombre. Y Chaves, que no la conocía, la fichó para un gobierno sólo con tres mujeres. La inspectora de Hacienda, durante un tiempo directora de la Agencia Tributaria, se vio abocada a lidiar con dos presupuestos de la Junta prorrogados en un Parlamento que echaba chispas, cuando Arenas y Rejón querían gobernar desde la oposición. Se instaló sola en Sevilla -su marido y su hija se quedaron en Madrid- y demostró enseguida que no era una gris burócrata cuando se puso a agitar su pasaporte en la tribuna para desmentir que viajase gratis con su familia beneficiándose del cargo, el talón de Aquiles de los socialistas en los primeros noventa.

Ella aún no tenía carné del partido. Se lo sacó en 1997, cuando entendió que para seguir siendo Mandatela -un apodo que le disgusta menos que otros- tenía que buscarse su hueco en el PSOE. Para entonces ya había que hacer memoria para recordar que una vez fue independiente. Su peso específico fue creciendo y se permitió el lujo de rechazar dos veces ser candidata a la Alcaldía de Málaga. Para las elecciones de 1999, se empapó en el hotel Macarena de una encuesta que le brindaba un dirigente del PP en la que Celia Villalobos obtenía mayoría absoluta frente a ella. Se agarró a esos datos y dijo que no con vehemencia. En 2003 volvió a hacerlo.

En cambio, en los pasillos de su Ministerio hay quien comenta
que Álvarez se vuelca con Andalucía porque hace méritos para ser la sucesora en la Presidencia de la Junta. A esa pregunta ella, como todos los nombres de las quinielas, no responde en público. En privado cuenta que no está "guardando cola".Hay una foto de hace ahora un año, cuando inauguró el AVE de Málaga, en la que es abrazada por Chaves ante la mirada afable del presidente del Gobierno.

Fue un acto concebido para el desagravio político de la ministra. Oxígeno para seguir respirando en la batalla que libra con un lema muy malagueño que ya ha hecho famoso: "Antes partía, que doblá"

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