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Cultura

«Al leer una partitura antigua noto la voz del compositor hablándome»

La soprano Mariví Blasco sube esta noche al escenario del Real Alcázar con un inédito programa que conjuga música histórica con el sonar palpitante de un piano abierto en canal.

el 11 sep 2014 / 12:00 h.

Sevilla 10-09-2014 Soprano Lirica.  Marivi Blasco.Foto: J.M.Paisano La soprano Mariví Blasco, fotografiada ayer en el entorno de la Alameda de Hércules. / J.M. Paisano

Sevilla es la ciudad de la música antigua y la soprano valenciana Mariví Blasco es la voz de la música antigua. Por eso Híspalis ha obrado un conjuro en ella y ahora vive aquí. Cantante especializada, realiza puntuales incursiones en la música del siglo XX. Esta noche (22.30 horas), junto al pianista Ignacio Torner, subirá al escenario del Real Alcázar con un inédito programa que conjuga música histórica con el sonar palpitante de un piano abierto en canal.

La idea de unir música antigua con la sonoridad de un piano preparado casi al modo de John Cage resulta, cuando menos, sorprendente. ¿Cómo surge entonces el proyecto que esta noche presenta en las Noches del Alcázar? Ignacio Torner, pianista de Taller Sonoro, y yo somos muy amigos. Pero ambos nos dedicamos a mundos muy diferentes; él a la experimentación sonora, yo a la música antigua. Llevábamos mucho tiempo queriendo coincidir, hasta que surgió la posibilidad de presentar este recital, gracias a la mano tendida de Miguel Ángel González, director de las Noches del Alcázar. Proponemos un concierto de música antigua con piano preparado, ahí radica su originalidad.

¿Cómo ha sido la experiencia de cantar junto a un instrumento tan inusual para usted? Todo se ha desarrollado naturalmente, Ignacio manipula tanto el arpa del piano (con gomas, tarjetas de crédito, e-bows y otros objetos) que surgen sonoridades sorprendentes. El público descubrirá lo bien que se fusionan con mi canto. Pero quiero dejar claro que, ante todo, este es un concierto de música antigua en el que se oirán páginas tan curiosas como Todo el mundo en general, de Correa de Arauxo, con letra del poeta sevillano Miguel Cid.

Creo que es usted de los pocos artistas que conozco que llevan a gala ser un ‘especialista’. No le molesta la etiqueta, le gusta. No me da ningún miedo que me categoricen como cantante de música de antigua. Llevo diez años dedicada e ella. Y creo que es muy bueno que sea así. Ser especialista te permite profundizar en un estilo, te permite sacarle todo el jugo. Hasta el punto que siento que cuando veo por primera vez una partitura antigua o me asomo a un facsímil noto la voz del compositor hablándome, entiendo la obra en la primera lectura, le pongo rápidamente los afectos. La hago mía. ¿Cómo no iba a estar orgullosa de esto?

También ha incursionado en el siglo XX y XXI abordando páginas de John Cage o del almeriense JuanCruz-Guevara. Así es. El Aria de Cage me costó dos meses de estudio aprendérmela, conseguir transmitir una experiencia, ir más allá del mero catálogo de ruidos vocales. Vivo la música, el arte en general, desde una óptica muy emocional y, de alguna manera, siento que necesito contar historias. Me interesa la música contemporánea, y la seguiré abordando, pero mi lugar natural está en las músicas pretéritas.

Recientemente se ha asomado a Mozart, lo que le ha permitido también el gran desarrollo del agudo de su instrumento. ¿Está en su pensamiento el siglo XIX? Como dice, he ido ganando en agudos, y me siento cómoda como soprano lírico ligera. He hecho Mozart, la Reina de la noche de La flauta mágica, un reto increíble, pero insisto en que mi alma está con la música antigua; yo me dediqué al canto tras sentir un flechazo al escuchar el Réquiem de Tomás Luis de Victoria. Por otro lado, en el pasado, algunas malas opiniones me han hecho desvirtuar la voz, hacerla más grande o más vibrada, todo ello en pos de conquistar más y más repertorio.Eso es un error, porque no se puede forzar la naturaleza de la voz, como tampoco se puede desvirtuar la personalidad;así nunca pueden salir cosas auténticas, sinceras.

Porque usted, al igual que el título de su próximo disco (A che bellezza!), es una buscadora constante de la belleza. ¡Sí! La técnica al servicio de la emoción. Siempre. Y si para expresar algo tengo que descolocar un sonido, lo descoloco.Eso no lo podría hacer si cantase sigloXIX. Creo que los músicos tenemos un don especial que debemos ponerlo al servicio de la comunicación con las otras personas; con quienes no tienen ni el tiempo ni la dedicación de abordar algo tan maravilloso.

Siendo valenciana y existiendo decenas de ciudades más ‘musicales’. ¿Por qué ha elegido Sevilla como residencia? Tengo una especial vinculación con ella. Pero noto que este es mi lugar. Me encanta la Alameda y me fascina la luz del cielo, todavía más azul que el de Valencia.

Siento que la Orquesta Barroca de Sevilla tiene aún muchas cosas que hacer con usted. O que han hecho demasiado pocas juntos... Participé en un Dido y Eneas, pero de eso hace ya muchos años. Puede ser que no me venda bien, es la parte que menos me gusta de mi trabajo. En todo caso estoy deseando hacer nuevas cosas con ellos.

¿Cuáles son sus próximos proyectos? Antes citó el que será mi nuevo trabajo discográfico, de inminente aparición en el sello Lindoro, A che bellezza!, junto al tiorbista sevillano JuanCarlos Rivera. El 14 de noviembre cantaré la Cantata nupcial BWV 202 de Bach junto a la Orquesta de Valencia y Philip Pickett en el Palau de la Música. En diciembre marcharé a Cuba para una gira con el grupo Harmonia del Parnàs. Y, luego entraré de lleno en el nuevo proyecto de Fahmi Alqhai y Accademia del Piacere, en torno a la música francesa, entre otras cosas.

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