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Al Qaeda golpeó en el Polígono

David tenía 20 años y unas ganas locas de ayudar en este mundo medio en ruinas. Por eso dejó el Polígono San Pablo, se hizo militar y se fue a Líbano. Allí encontró la muerte, hace hoy un año, junto a cinco compañeros.

el 15 sep 2009 / 06:50 h.

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David tenía 20 años y unas ganas locas de ayudar en este mundo medio en ruinas. Por eso dejó el Polígono San Pablo, se hizo militar y se fue a Líbano. Allí encontró la muerte, hace hoy un año, junto a cinco compañeros. Un coche bomba al paso de su blindado les segó el futuro. A su familia le seguía diciendo que aquello estaba "muy tranquilo".

Vivía en la calle Persépolis, con sus dos hermanos y su madre. Llevaba apenas año y medio en el Ejército, enrolado en la Brigada de Infantería Ligera Paracaidista Almogávares VI (Bripac), con base en Paracuellos del Jarama (Madrid). Llegó a la milicia de casualidad, animado por su amigo Alejandro, que siempre le contaba lo entretenido del oficio y lo útil que podía ser el trabajo de un militar.

Comprometido como estaba en grupos de jóvenes de su barrio, siempre dispuesto a ayudar, decidió vestirse el uniforme. Primer traslado: Murcia. Segundo: Madrid. Siempre, cada vez que el descanso lo permitía, bajaba a Sevilla, a ver a su gente, a su medio novia.

Su familia relata que, cuando le propusieron ir voluntario a Líbano no lo dudó. Era una buena excusa "para echar un cable", una experiencia que, además, reporta estrellas en el expediente y algún dinero más en la exigua cuenta de los encargados de defender el país. Su primera, su última misión.

Manuel David Portas Ruiz llegó al sur del Líbano para incorporarse al contingente de 1.100 efectivos que tiene desplegado el Ejército español en apoyo de la misión de la Finul, (Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano), que trata de evitar nuevos enfrentamientos armados con Israel, tras la guerra de 2006.

"Aquí todo está tranquilo, casi aburrido", relataba por teléfono a su madre, Mercedes, y a su abuela, Setefilla. Dicen los que lo conocieron que no era pose, que no eran ganas de ocultar el peligro a los que más quería. David estaba "convencido" de que nunca le ocurriría una desgracia en su misión.

Pero llegó el 24 de junio de 2007. El joven soldado sevillano hacía su patrulla rutinaria con tres colegas de origen colombiano -Jefferson Vargas Moya (21 años); Jackson Castaño Abadía (20); Juan Erickson Posada (20)-, un madrileño -Jonathan Galea García (18)-; y un avilés -Juan Vidoria Díaz (20)-. Su BMR (blindado medio de ruedas) transitaba por Sahel al Derdara cuando una enorme explosión lo destrozó.

Los seis soldados murieron casi en el acto y dos compañeros más resultaron heridos con quemaduras. La investigación inicial del Ministerio de Defensa español -de la que aún hoy no se conocen los resultados- apuntó a un coche bomba, un Renault Rapid blanco, cargado con C4, un explosivo cinco veces más potente que la dinamita, como causante de la deflagración. La mina se descartó "por ser una carretera asfaltada", afirmó el entonces ministro, José Antonio Alonso.

El Gobierno libanés vinculó el ataque a Fatah al Islam, grupo terrorista cercano a Al Qaeda, y el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska abrió una investigación para conocer lo sucedido. Sigue sin haber novedades.

La madre de David, Mercedes, atiende con educación y dolor el interés de la prensa, pero prefiere vivir en familia este primer aniversario de la muerte de su hijo. Sin remover ante el hermano pequeño del soldado el dolor de entonces: la noticia, el funeral de Estado, el entierro en Utrera. "Son días muy malos", reconoce. Las familias de los seis chavales quieren fuerzas para pasar lo días y verdad para superar la incertidumbre. Un año después, una corona con los colores de la bandera española recordará en Líbano esa deuda pendiente.

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