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Alegraos porque el Señor está cerca

El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, inaugura hoy domingo un artículo semanal como comentario al Evangelio del día en El Correo de Andalucía.

el 15 dic 2013 / 13:00 h.

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Por Juan José Asenjo. Estad siempre alegres en el Señor… El Señor está cerca”. Con estas palabras de San Pablo se inicia la Eucaristía de este Domingo III de Adviento, conocido como Domingo Gaudete o de la alegría. En las dos semanas anteriores, la Iglesia nos ha invitado a la conversión, a la penitencia y al encuentro con nosotros mismos para encontrarnos con el Señor que viene. Cuando faltan nueve días para la Nochebuena, la liturgia hace un alto en el camino para animarnos y sostener nuestro esfuerzo en el camino de la conversión. Por ello, nos dice con San Pablo: “Estad siempre alegres”. 15342985En la primera lectura de este domingo, el profeta Isaías anuncia a los israelitas desterrados en Babilonia que la opresión va a terminar. La pena y la aflicción acabarán. Los hijos de Israel volverán cantando con una alegría inenarrable y desbordante. Es la misma alegría a la que hoy nos invita la liturgia ante la inminencia de la Navidad, porque el objeto de nuestra espera es el Dios hecho niño que viene a salvarnos, a curar nuestras heridas, a reconciliarnos con Él y entre nosotros. Nuestra alegría no se cifra en las compras, los regalos, las vacaciones o las reuniones familiares. La raíz profunda de nuestra alegría es el Enmanuel, el Dios con nosotros. Todo lo demás es secundario y no admite parangón ante la luz de su presencia. Con el Señor no hay temor, ni tristeza, ni llanto, ni dolor, ni miedo, ni inseguridad. Él nos conoce, nos comprende, guía y acompaña. Él nos perdona siempre. La alegría de sentirnos perdonados y poder comenzar de nuevo no es comparable con los placeres efímeros que en estos días nos sugieren los reclamos publicitarios. El sentirnos queridos, amados, defendidos y acompañados por el Dios fuerte y leal, omnipotente y amigo de los hombres, nos proporciona la paz que el mundo no puede dar. Preparémonos, pues, intensamente a recibirlo. En la vida ordinaria, cuando nos preparamos para un gran acontecimiento, en los últimos días redoblamos el esfuerzo para que todo esté a punto. Otro tanto nos pide la liturgia en esta segunda parte del Adviento mostrándonos a María como el mejor modelo del Adviento. Con cuánto amor dispondría su corazón para recibir a Jesús, con cuánto cariño prepararía los pañales antes de partir para Belén. Que ella nos ayude a prepararnos para el encuentro con su Hijo, que viene dispuesto a convertir nuestra vida, a robustecer nuestra fe y nuestro testimonio ante el mundo de que Él es nuestra única posible plenitud. El Señor nacerá en nosotros en la medida en que estemos dispuestos a acogerlo en nuestros hermanos, en los enfermos, los ancianos, los transeúntes, los inmigrantes, los parados, las víctimas de la crisis económica. Si así lo hacemos, experimentaremos la alegría inmensa, recrecida y rebosante que nace también del encuentro cálido y generoso con nuestros hermanos.

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