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Cultura

Alemania, el futuro hasta de los flamencos

Las audiciones del Ballet Andaluz son una de las pocas oportunidades para no emigrar

el 15 oct 2013 / 22:14 h.

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Eran 174 los preseleccionados, pero después de esta semana, sólo quedarán ocho, cuatro mujeres y cuatro hombres que no sólo ganarán reputación, gracias a la marca Ballet Flamenco de Andalucía, sino también un año de tranquilidad laboral. Porque en el flamenco, como en las demás profesiones de este país, la crisis ha hecho mella. La nave de ensayos que posee la Consejería de Cultura en la calle Calatrava fue el lugar elegido para iniciar ayer las audiciones de las que saldrá el elenco del nuevo espectáculo del Ballet Andaluz, que bajo la dirección de la coreógrafa Rafaela Carrasco producirá Concurso de Cante Jondo de 1922 (Granada). Hasta allí fueron llegando a lo largo de la mañana las 132 mujeres y 42 hombres que previamente el equipo de Carrasco había preseleccionado, de entre los cientos de jóvenes que enviaron su solicitud a la convocatoria pública que realizó la compañía. En la puerta, muchos nervios y dudas sobre cómo serían las pruebas. Mientras, en el interior, la primera tanda de candidatos, ya completamente vestidos de negro –requisito de Carrasco– comenzaba el examen. Frente a ellos, a modo de jurado tipo Tú sí que vales, Ana María Bueno, Matilde Coral, Manuel Betanzos, Rafaela Carrasco y Segundo Falcón. La prueba, aprender dos coreografías y repetirlas ante los jueces. La primera, más técnica. La segunda, más artística. Y es que Rafaela, según comentó ella misma a los medios, busca “bailarines muy completos”, que dominen la técnica clásica y las jonduras del flamenco, aunque ayer reconocía que no le estaba resultando fácil encontrarlo. Pese a todo, el nivel era alto. Y los acentos que se escuchaban no sólo eran andaluces. Las audiciones dejaron muy claro que este baile ya no es patrimonio sólo del sur. Algunos aspirantes venían de Barcelona, Madrid, Turquía, Finlandia, Argentina, México y hasta Polonia. Pero los nacionales eran los que más ansiaban uno de los puestos. “A mí esto me cambiaría la vida, y no sólo porque sería pasar de la escuela a una compañía de prestigio, sino porque tendría un trabajo”, explicaba Elizabeth Pujol, de barcelona, pero alumna del Centro Andaluz de Danza. Santiago Herranz viene de Madrid, aunque antes estuvo trabajando en Japón como bailaor: “Allí tienes trabajo y el público es más entregado. En el conservatorio un profesor me recomendó para una compañía nipona y, desde luego, allí está la cosa mejor”. Pero no hay que irse tan lejos para encontrar un sitio donde las cosas pinten mejor. Rocío García, malagueña, llega después de bailar durante tres años en Alemania. Reconoce que allí hay más trabajo, pero ella quiere entrar en el Ballet, “de lo poco que hay ahora en Andalucía”, por otra razón: “Sobre todo, currículum. Lo necesito”. El espectáculo aún no tiene fecha de estreno en Sevilla.

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