Cultura

"Algo es una tomadura de pelo o no en función de la actitud del creador"

Sevilla abierta. Entrevista con Rubén Barroso, artista de esos que hacen cosas.

el 11 may 2013 / 09:00 h.

Rubén Barroso junto a sus ediciones de artista en la Feria del Libro / J. C. Cruz (Atese) Rubén Barroso junto a sus ediciones de artista en la Feria del Libro / J. C. Cruz (Atese)

¿Por qué leer una entrevista con Rubén Barroso (Sevilla, 1964)? Porque es un tipo que en una ciudad tradicional hace cosas modernas. “Soy un artista de esos que hacen cosas como ponerse objetos en la cabeza, gritar desde balcones, romper libros, acercarse cerillas ardiendo a la boca, bajar escaleras desnudo, dar conferencias mientras te disparan chorros de agua, salir a la calle durante un mes vestido de indio, oler a otra persona y luego contar cómo huele...”. Por todo ello, y porque además Barroso es el director de la laureada, veterana y ahora defenestrada muestra de arte Contenedores, además de editor (Las ciervas, Domeñique...), comisario, conferenciante... Francotirador del arte contemporáneo. Le pega a (casi) todo con una lucidez avasalladora.

–¿Le está haciendo pasar hambre este Gobierno municipal? –Hemos tenido un intercambio muy duro de disparos. Pero ellos ya están en el ecuador de la legislatura, con todas las cartas sobre la mesa. He decidido pasar de ellos como ellos han pasado de mí y de un certamen que formaba y forma parte del universo cultural de la ciudad. Por fortuna los performers somos gente muy activa, que hacemos acciones y mil cosas más. Yo soy un trabajador del arte, me levanto cada mañana y curro haciendo arte. Me considero muy útil, tanto como lo es un fontanero o un periodista. Y espero y confío en que así me/nos considere la sociedad.

–Ya le tiene que gustar Sevilla para pegarse toda la vida aquí haciendo lo que hace... –Me gusta Sevilla porque te la puedes inventar a cada paso. Mi espíritu es barroco. Y aquí se pueden hacer las cosas igual de bien que en Missouri. Hago todo lo que se me ocurre. Así ha sido siempre.

–Me imagino la cara de algunos políticos asistiendo a aquellas primeras ediciones de Contenedores, con pocas entendederas, sin saber bien lo que contemplaban... –Si se refiere a que si pensaban que lo que veían era una tomadura de pelo, no lo sé. La acusación de timo planea siempre. Pero una cosa es un fraude o arte en función de la actitud con la que se haga. Y los políticos no formados prefieren callar.

–El arte de acción tiene los límites muy borrosos. Algunos artistas abrazan propuestas extremas. ¿Dónde ha marcado los suyos? –Tengo claro lo que no me gusta; me desagrada la sangre y no soporto que nadie me eche su mierda encima. Y creo profundamente que el humor, un cierto humor, debe estar siempre presente en la performance. Bien. Ahora le diré que he hecho cosas muy extremas, en una antigua acción destrocé con un martillo un reproductor de cassettes con pilas dentro, lo rocié de champán y me lo bebí luego, conteniendo... jugo de pilas. Es un ejemplo. Pero jamás por ser sevillano me crucificaría como Cristo.

–Hay quienes aseguran entender a Velázquez pero no a artistas como usted... –El significado mata el arte. Y muchos de los que aseguran entender un cuadro de Velázquez, en realidad, no lo hacen.

–Como aquellos viejos rockeros, ¿se considera un viejo y provocador vanguardista? –Nací en el 64 del siglo pasado, un año maravilloso. Soy un anarcodandy. Y sí, soy una persona antigua, con todo lo que esto puede significar. Me gusta decir por ejemplo que el cine español nació con Val del Omar y murió con Arrebato y Los bingueros en 1979.

–Recuérdenos una época dorada para el arte en Sevilla... –Tengo en una gran estima a Juan Carlos Marset y todo el trabajo que hizo cuando fue delegado de Cultura. Y también aplaudo fervientemente el papel que desempeñó José Lebrero al frente del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Él comprendió que si en Sevilla no había habido modernidad no podía traernos aun la contemporaneidad. Y así vinieron exposiciones de Fluxus, de accionismo vienes, etc...

–Tanto que habla de acciones, a lo mejor pasa que el Gobierno del PP está integrado por artistas-performers y asistimos sin saberlo a una gran obra de arte... –Estamos en una sociedad performatizada. Vivimos en una simulación de vida. Pero no sé si el Gobierno está haciendo una performance o una estafa. A lo mejor, como decía Baudrillard, es que “la realidad ya no es necesaria”.

–Dirige un centro de arte en la sierra de Huelva y edita libros que hace uno a uno a mano... –El futuro está en la periferia y Sierra Centro de Arte –en Santa Ana la Real– es un lugar maravilloso para hacer cosas. Y como soy tan expansivo también edito libros. Me viene provocado por el hartazgo de internet. Como artista soy un mediador entre ideas y receptores, tengo muchas cosas que decir y no me pienso callar ninguna.

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