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Algo muy grande está pasando

La feria de los artesanos de la Plaza Nueva nada tiene que ver con la epidemia de tenderetes que hay en Sevilla. Otro nivel.

el 15 dic 2013 / 20:09 h.

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15344485“Aquí pasa algo muy grande”. Las pupilas de José Morla se dilatan de excitación. Extiende los brazos, intenta rodear con ellos algo inabarcable que no atina a definir y, finalmente, desiste. El artesano leonés está hablando de la gente de Sevilla. Es domingo a mediodía. El XIV Mercado Navideño de Artesanía apenas lleva abierto desde el viernes en la Plaza Nueva, y la caseta de En Babia Bronce ya atrapa las miradas en órbita con ese irresistible campo magnético que envuelve a la belleza. “Lo que me transmite la gente cada vez que vengo a Sevilla me desborda. Me quedo alucinado”, dice José. La tribu de la que habla está empezando a salir de sus casas en ese momento, aunque ya hay varias docenas de adelantados husmeando tímidamente por entre los expositores. Salvo por un guiri que (confundiendo la silla que ocupa en el velador de Maese Rodrígo con una toalla extendida sobre la arena de Matalascañas) ronca mientras se tuesta, la Avenida, aún medio vacía, se despereza al solazo mañanero. Pero en la esquina del Ayuntamiento, una patulea de tamboristas empiezan a revestirse con calzones amarillos: llámese sexto sentido, pero eso tiene toda la pinta de ir a convertirse en un sinvivir en cuestión de minutos. La marea humana sigue subiendo y, en menos de lo que se tarda en escribirlo, su oleaje se estrella contra la rompiente de estos puestos de madera repletos de maravillas: colorines de vidrio, casitas de cerámica, caligrafías exquisitas, láminas apergaminadas, encuadernaciones de ensueño, máscaras de cuero curtido. Y allí, donde aguarda el entusiasta leonés, docenas de preciosas figurillas de bronce jugando con los libros como duendes aficionados a la literatura. “¿Mejor este año que los anteriores? Sí. No sé. Pero yo esto lo vivo de otro modo. Sevilla es, sin duda, la mejor de las ferias de artesanía a las que me presento”, explica José Morla. “ Voy a Bilbao, a Zaragoza... ¡a Madrid, que fíjate si será buena su feria!, y me va bien. Pero nada de eso es como esto. La sensación que recibes no es la misma. Y lo pregunto con incredulidad: ¿por qué me pasa esto en Sevilla? No sé, será que aquí tienen desarrollado un sentido especial de la belleza. Vienen y miran, miran como si nunca hubieran visto nada igual”. 15344483Un sentido especial de la belleza, dice que tienen los sevillanos. Según estaba escrito en el firmamento, el tamboreo se desata sobre los mortales allí congregados, que de inmediato forman corro alrededor de los danzantes con gran interés. Será que han empezado ya a cocer exploradores. Una de las artesanas del lugar se aspavienta de pies a cabeza. Desde el puesto de enfrente, se ríe Vicky, la creadora de Libélula Lila, mientras termina un colgante. “Es que la pobre ya no puede más con los tambores”, dice, desde su delicioso mundo del color del lapislázuli. “Esto”, explica ella como queriendo cubrir con el brazo toda la Plaza Nueva, “no tiene nada que ver con los mercadillos que hay por ahí”. Salta a la vista. A esa hora, lo de la Avenida ya no es una marea sino la ola de Deep Impact. En la Puerta de Jerez, la megafonía de beneficencia larga villancicos flamencos a todo pasto. Escenas tiernas se prodigan alrededor. Un abuelo baila con su nieta. Un pequeñuelo sonríe, vestido de Papá Noel. Un hombre escarba en sus pulmones en busca de un gargajo, lo amasa y lo esputa. Lo mismo es que el pobre no es de Sevilla.

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