miércoles, 19 diciembre 2018
14:31
, última actualización

Allá en el cielo... como en la sierra

‘Sevilla Night Sky’ organiza rutas para descubrir el firmamento

El cielo de la Sierra Norte fue declarado reserva Star Light por la Unesco. / Fotos: Sevilla Nigth Sky El cielo de la Sierra Norte fue declarado reserva Star Light por la Unesco. / Fotos: Sevilla Nigth Sky Sus calles blancas, sus dehesas y olivares, sus caldos y licores, sus gentes y su gastronomía. Tesoros de la Sierra Norte sevillana que no tienen parangón. No obstante, cubriendo todos esos tesoros hay otro del cual nadie tiene constancia. Posiblemente el hecho de que siempre estuvo ahí impidió verlo. Y lo cierto es que es apreciable desde cualquier punto de vista, desde cualquier rincón de cualquier pueblo de la comarca. Tan solo hay que alzar el cuello y lanzar la vista al cielo. Ahí está uno de los mayores tesoros que alberga esta comarca. Seville Night Sky se encarga de mostrar todo el potencial del firmamento. Se trata de una asociación joven que aún no ha cumplido su primer año de vida pero que está imponiendo, tal y como explica uno de sus miembros, Enrique González, una nueva modalidad de turismo, el astroturismo o turismo astronómico. Y es que, según González, al igual que se potencia el turismo de playa y sierra del que tanto puede presumir Andalucía, «también se debe promocionar nuestro cielo», que ya el año pasado fue declarado reserva Star Light por la Unesco. En una de sus visitas del pasado mes de febrero, Seville Night Sky se trasladó hasta La Cartuja de Cazalla, uno de los lugares más emblemáticos de la población y punto privilegiado de la Sierra Norte. Un rincón cargado de historia que se explica con una visita guiada previa al visionado de estrellas, mediante un tour por las estancias de un monasterio donde imperaba el silencio y la abstinencia. El telescopio descubre auténticas joyas. El telescopio descubre auténticas joyas. A través de las recreaciones, de las posteriores restauraciones y de las explicaciones del guía, el visitante puede hacerse una idea fiel de cómo era la vida de aquellos monjes. Eso sí, lo que verdaderamente se entiende era el amor por un lugar como ese, en el que cada noche era posible una visión enigmática del universo. Tras la visita, Enrique y su compañero José Antonio Moreno esperan en una explanada anexa al monasterio donde, a pesar de que la noche aún no había caído, había que preparar los potentes telescopios con los que ilustrar su clase teórica, a la que precedió una primera lección magistral. A eso de las 19.30 horas ya se pueden ver tres planetas: Júpiter, Venus y Marte, que hasta ahora parecían estrellas brillantes, y son nada más y nada menos que tres integrantes del sistema solar. Conforme anochecía, el cielo iba mostrando todos sus encantos. Enrique y José Antonio ya habían introducido los datos necesarios en los telescopios y estos comenzaban a rastrear objetivos, listos para que el visitante visualice las curiosidades del universo. Pero antes, es el turno de una explicación de lo que puede observarse a simple vista: el cielo se convertía entonces en una pizarra gigante, una inmensa y majestuosa lona, un planetario natural en vivo y en directo. Con un potente láser, Enrique daba una explicación de las estrellas y constelaciones más importantes, con las que el visitante era ilustrado en curiosidades varias como la denominación de los signos del zodiaco y su respectiva constelación. El primer visionado de la noche fue para el satélite de la Tierra, la Luna, en fase creciente. De estar llena, explicaba Enrique, su propia luz dificultaría un buen visionado de las estrellas, por eso hay que tener en cuenta también la fase lunar a la hora de planear una ruta nocturna como esta. La Luna estaba a punto de desaparecer tras la bóveda de la Cartuja pero aun así ofrecía una imagen singular a través del telescopio, ya que podía apreciarse con nitidez su blanca superficie y los cráteres tan característicos del satélite. Tras este primer visionado y antes de pasar al siguiente, los responsables de Seville Night Star desvelaban una nueva curiosidad, las 40 constelaciones desconocidas en la antigüedad. Actualmente, están catalogadas 84, sin embargo, desde el hemisferio norte tan solo son visibles cuarenta y cuatro. Antes de descubrir que el mundo es redondo se pensaba que no existían más de aquellas, si bien desde el hemisferio sur se puede ver un cielo desconocido para nosotros que alberga otras cuarenta constelaciones. Estos y otros descubrimientos que se dan a conocer en una opción turística muy original que suponen un nuevo reclamo en la comarca, aprovechando un tesoro que pasaba desapercibido pero que siempre estuvo ahí: su cielo. ~

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