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Jóvenes al día

Alojamiento a cambio de ayudar a regenerar un barrio

Lucía Morales ha sido becada por segundo año consecutivo por la residencia Flora Tristán para realizar trabajos destinados a la regeneración del Polígono Sur. A cambio, vive en este inmueble del barrio.

el 27 jun 2014 / 10:16 h.

Lucía Morales es una chica de 23 años que desde hace dos cursos vive en la residencia universitaria Flora Tristán ubicada en la barriada del Polígono Sur de Sevilla. Cinco años atrás llegó a Sevilla procedente de Cádiz para estudiar en la universidad un doble grado en Educación y Trabajo Social. Vivió en pisos de alquiler hasta que estuvo al tanto de esta iniciativa: «La residencia es un proyecto social de la Universidad Pablo de Olavide que lleva 10 años en funcionamiento y al que se puede acceder mediante un procedimiento de becas». Para ser becarios hay que pasar una serie de pruebas y entrevistas, además de cumplir una serie de requisitos, debido a la alta demanda. «No todo el mundo accede a las becas, que han pasado de 60 a 40 en el último año», matiza. También se puede acceder a la residencia sin ser becado, pagando la aportación establecida. El proyecto en sí consiste en colaborar con el barrio de diferente manera, asegura Lucía: «Yo por ejemplo estoy en los colegios de la zona dando clases». Los jóvenes becarios de la residencia Flora Tristán reciben alojamiento a cambio de ayudar a la promoción del barrio. El precio para cualquier residente es de 200 euros al mes, para los becarios la aportación es menor, ya que sólo pagan un gasto simbólico que correspondería al consumo de agua y luz, unos 60 euros al mes. «A cambio hacemos trabajos sociales por el barrio. Nos reconocen esa ayuda prestada mediante el ofrecimiento de alojamiento», aclara. Flora Tristán es una residencia universitaria con precios bastante económicos, aquí su habitantes pueden hacer una vida normal de estudiantes. La residencia tiene su propio reglamento y sus normas de funcionamiento que se deben cumplir: «Hay que avisar en caso de visitas, no se permiten tener mascotas en el recinto. En cuanto a horarios es bastante flexible», explica Lucía. El edificio era un bloque de pisos destinado a la venta que no fue vendido y terminó transformándose en una residencia universitaria. Ésta se distribuye en pequeños pisos con dos habitaciones y su baño individual por dormitorio. Entre las salas comunes se encuentra la amplia sala de estudio, el comedor y la cocina. Cada residente tiene acceso a la biblioteca y a la sala de estar donde se puede ver la tele. Las becas de intervención se agrupan en tres áreas: formal, no formal y comunitaria. En el área formal se encuentra el grupo de ludoteca en el que Lucía participa dando clases en los colegios durante 8 horas a la semana. También tienen otro proyecto de comunidades de aprendizaje. En el ámbito no formal están las clases de alfabetización para mujeres y el aula de formación permanente de personas adultas. Por último, en el área comunitaria se trabaja para promocionar las distintas organizaciones del barrio. Lucía manifiesta que la mala fama del barrio es más de lo que después resulta ser: «No he tenido ningún problema a lo largo de estos años. Hablar desde el desconocimiento es fácil, pero todo el que conoce realmente el barrio sabe que no es tal cual lo pintan». Sí reconoce que es un bario diferente a otros de la ciudad, ya que existen problemas, pero asegura que su punto fuerte es la diversidad cultural y la sencillez y cercanía de sus vecinos. La única pega, a su parecer, es que algunas de las zonas del barrio no están demasiado bien cuidadas. También indica que a los universitarios les tienen mucho cariño en el barrio y lo manifiestan cada vez que los ven. «El Polígono Sur ha dado un gran cambio estos años gracias a la residencia Flora Tristán y el trabajo de sus universitarios», indica. Tuvo claro que quería participar de esta iniciativa porque además le aportaría muchos conocimientos para su profesión. «He tenido la suerte de ayudar al mismo tiempo que he puesto en práctica todos mis conocimientos y he conocido mucho mejor un barrio que desconocía». Hoy siente que ha crecido mucho gracias al barrio y su gente y a la oportunidad de desempeñar un trabajo en él: «El cariño que mis niños me ofrecen no se compara con nada. Los echaré de menos». Lucía considera esta iniciativa una cadena de favores, ya que a cambio de aportar su ayuda con los niños del barrio recibe un favor en forma de alojamiento. Ayudar a la promoción del barrio le reporta una satisfacción personal incomparable, aunque matiza que quiere separarlo de la idea de beneficencia: «Es más bien fomentar la cultura de ayuda, no crearla, ya que esa cultura de asistencia entre vecinos existe en el Polígono Sur desde hace mucho tiempo debido en parte a la escasez de recursos del barrio». Le encantaría seguir colaborando con el Polígono Sur, aunque dice que es difícil ya que dejará Sevilla tras haber acabado su carrera. Quiere salir de España buscando alguna oportunidad laboral, pero tiene claro que siempre llevará el barrio con ella y todo lo que ha aprendido no sólo de él, sino de sus habitantes.

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