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Alumnos por horas

Este año, después de mucha algarabía mediática, el curso escolar ha empezado cinco días antes que el año pasado. Se trataba de una decisión política que llevaba pareja una explicación educativa: más días lectivos, más aprendizaje. Un silogismo muy cuestionable, según manifestaron todos los sindicatos de profesores al unísono.

el 16 sep 2009 / 08:32 h.

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D.C.

Elena, Julia, Carmen y David se conocen, porque sus padres se conocen. Es la versión de los adultos, claro, los niños seguramente lo explicarían al revés si pudieran. Estaban ayer, a las nueve de la mañana, ante las puertas del colegio concertado de los Salesianos, en Triana, con cara de preocupación porque acababan de enterarse de que los primeros días de curso va a pasar "algo raro", un malabarismo de horarios rotos que les impedirá estar juntos en clase todos los días.

Este año, después de mucha algarabía mediática, el curso escolar ha empezado cinco días antes que el año pasado. Se trataba de una decisión política que llevaba pareja una explicación educativa: más días lectivos, más aprendizaje. Un silogismo muy cuestionable, según manifestaron todos los sindicatos de profesores al unísono. En realidad el primer día, que fue ayer, los colegios abren sólo dos horas para hacer las presentaciones entre alumnos, padres y profesores, y ya hoy la jornada durará lo normal: de nueve de la mañana a dos de la tarde.

Si contamos los minutos, el adelanto del curso este año tan sólo ha supuesto 12 horas más de clase que el año pasado. Excepto para los alumnos de 3 años, que tienen un horario intermitente durante los primeros 15 días de curso. Algo que la Consejería de Educación llama periodo de adaptación, y que sirve para que los más pequeños, que se incorporan por primera vez al sistema escolar, se habitúen poco a poco a la escuela, y sobre todo, a no estar junto a sus padres. Esto es lo que Elena y David llaman "algo raro", y en cierto modo, lo es.

Los niños de esta edad no empiezan recibiendo las cinco horas lectivas al día, sino dos. Los colegios ordenan por grupos a los más pequeños y los distribuyen por franjas horarias: unos días les toca muy temprano, a las nueve, y otros más tarde, a las once. Después los cambian y los vuelven a cambiar. Y van rotando durante dos semanas hasta que se habitúan a una de las premisas básicas del adulto: tener un horario.

Para entonces, el caos organizativo que tienen los padres en sus vidas laborales y familiares es de órdago. "Traerla al colegio para dos horas y después venir a recogerla me descoloca. Yo trabajo en el Casco Antiguo, si la abuela no puede ese día, es imposible", decía ayer Esperanza Aguilera, la madre de Elena.

"Con tanto cambio de horario no sé si se vuelven más locos los niños o nosotros", añade Ángela López, la madre de David. Lo cierto es que la normativa permite a los padres prescindir del periodo de adaptación si no pueden acudir a recoger a sus hijos a las dos horas. La propia consejería ha reconocido este año que el inicio escalonado del curso es demasiado largo y ha pedido a los colegios que traten de recortarlo en cuanto sea posible.

Todo esto lleva a pensar en la segunda explicación educativa para adelantar el curso: la conciliación de la vida familiar y laboral. En realidad, la escuela tiene sus propias reglas y no siempre casan bien con los horarios adultos.

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