Salud

Amor a la vida

La terapeuta de la Asociación Ayuda Afasia defiende que la recuperación de los pacientes afásicos tiene que partir de una terapia que no solo recupere el habla, sino su estado emocional.

el 26 may 2014 / 21:36 h.

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Sara Yuste será a partir de septiembre una de las terapeutas de la Asociación de Rehabilitación y Prevención de la Afasia (ARPA). Sara Yuste será a partir de septiembre una de las terapeutas de la Asociación de Rehabilitación y Prevención de la Afasia (ARPA). Cuarenta años amordazada por el desconocimiento, por no saber que había una salida a su incapacidad de hablar. Un silencio roto a las pocas de semanas de encontrar la Asociación Ayuda Afasia de Madrid y, en concreto, con la terapeuta Sara Yuste. «Para ella fue todo un shock, porque ahora está logrando decir sus primeras palabras», indica esta neuropsicóloga, implicada emocionalmente con los pacientes a los que ha tratado, pese a su juventud, desde hace seis años. En septiembre, Yuste hace las maletas para llevar la experiencia adquirida, y sus terapias, a Sevilla, en concreto a la Asociación de Rehabilitación y Prevención de la Afasia (ARPA). Lo hace partiendo de la base de que no hay mayor tesoro que «poder brindar a una persona la posibilidad de comunicarse», sobre todo a pacientes que le han demostrado que profesan un «gran amor a la vida». Su trabajo no es el de la terapeuta que pica billete. Su implicación es clave para la buena evolución de los pacientes que pasan por su consulta. «La labor debe ser terapéutica y emocional», reivindica Sara Yuste, que parte de la premisa de una persona motivada avanza mejor que una que no lo es. De ahí que, además de las terapias, haya exprimido al máximo la fórmula de crear grupos de literatura, de radio o de arte. Hasta de fotografía le vale para que las personas afásicas desarrollen todo su potencia. «El hecho de que sean grupos permite que empaticen y que no se sientan únicos en el sufrimiento. Ahora son amigos que quedan para tomarse unas cañas o ir al cine», pone de manifiesto, a la par que entiende que es normal el recelo inicial que tienen hacia terapeutas a los que no es raro de acusarle de «no comprender su sufrimiento» al no haber experimentado esta secuela en primera persona. Sobre su desembarco en ARPA, tiene claro que la asociación parte de una ventaja: unas instalaciones con «un potencial impresionante». Y, aunque es consciente de que todos los comienzos –la asociación apenas tiene meses de vida– suelen ser «difíciles y lentos», también lo es que en una ciudad como Sevilla hay «muchas personas que están desprotegidas» y que sufren un episodio de ictus y, como consecuencia, un trastorno como la afasia, y «no tenía un lugar al que acudir». Además, ensalza de esta sede que no sólo piense en el paciente, sino «en los familiares» que comparten esa situación, al igual que terapias innovadoras tales como el feldenkrais, el yoga o la danza, que carecen en Madrid. Yuste, no obstante, no obvia que, además del apartado emocional, es necesario trabajar con terapias. En ese línea, parte de la premisa de que cada paciente es un mundo y, por lo tanto, requiere de un tratamiento individualizado. Por eso es fundamental realizar un buen diagnóstico a través de diferentes tests para determinar la gravedad y tipo de afasia. A partir de ahí, toca el trabajo, con terapias individuales, de grupo o incluso intensivas:una o dos semanas con sesiones diarias de tres y cuatro horas que cuyos resultados saltan a la vista meses después. ARPA. Para informarse sobre la afasia o conocer los servicios que brinda la Asociación para la Rehabilitación y Prevención de la Afasia puede llamar al 955 211 222.

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