Cultura

Amos Gitai: "Las imágenes se han convertido en un instrumento subversivo"

el 09 nov 2011 / 21:14 h.

Sandro Rosell y Del Nido, en el palco del Camp Nou.
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-En Israel a veces le reprochan ser "más europeo que israelí". ¿De qué le acusan exactamente?

-No, en realidad no creo que me acusen de nada. Toco algunos temas que son delicados, y cuando haces preguntas delicadas es normal que recibas diferentes reacciones, nada más.

-En los 80 dejó su país para instalarse en_Francia. ¿Cómo cambió aquel país su mirada?

-En primer lugar, pensé que tenía ante mí una gran oportunidad para mejorar mis conocimientos cinematográficos. Contraté a un gran director de fotografía francés como es Henri Alekan, que había trabajado con Chaplin y Abel Gance y Cocteau, y a través de él estudié cómo hacer películas. Por otro lado, cuando llegué era una gran época de apertura, la de Mitterrand, y ese factor fue también importante.

-¿Se sintió exiliado, o simplemente fue alguien que salió a tomar un poco de aire fresco?

-Más bien lo segundo. Creo que exiliado es una palabra grande que debería reservarse a la gente que viene de circunstancias mucho más difíciles.

-En 1999, usted rodó Kadosh, un filme sobre la comunidad ultraortodoxa, entonces marginada en Israel. Hoy, su poder crece. ¿Va el país camino de convertirse en teocracia?

-Espero que no. Porque Israel es un proyecto político, no religioso. Es el resultado del sufrimiento de los judíos y su persecución; necesitaban un lugar. Pienso que la situación debería quedarse ahí.

-Kadosh es parte de una trilogía llamada House que se centra en personajes y perfiles. ¿Es una manera de poner un espejo al público israelí?

-No sé si el cine es un espejo. Creo que es más bien una trasposición, un prisma. Es un punto de vista con el que quise mostrar las diferentes cualidades y características de las tres grandes ciudades [Tel Aviv, Haifa, Jerusalén]. Es como si hiciera un filme en Sevilla, otro en Barcelona y otro en Madrid, pero no pretendía ir más allá.

-¿Usted recibe más críticas por ser demasiado pro-israelí o por ser demasiado pro-palestino? ¿Cuáles le duelen más?

-Yo soy pro-paz ¿sabe? Si la gente piensa que estar a favor de la paz es ser pro-israelí, pues soy pro-israelí. Si piensan que estar a favor de la paz es ser pro-palestino, pues lo segundo. Creo que necesitamos lograr la reconciliación de las partes, y para mí ese es el asunto importante.

-En el filme colectivo 11-09-01, usted eligió retratar un atentado palestino en Israel para dar su visión del 11-S. ¿Equipararía el ataque a las Torres Gemelas con los atentados palestinos?

-No estoy haciendo una ecuación, pero creo que hacer daño a gente inocente, en mi opinión, es injustificable. Me dan igual las grandes causas que haya detrás. Creo que hay que condenarlo igual. La gente puede tener diferentes opiniones, puede tener conflictos también, pero es como en una familia: los miembros pueden mantener desacuerdos entre ellos, pero no deberían pegarse.

-Usted ha coincidido en más de un festival con el iraní Abbas Kiarostami. ¿Cree que el cine puede acercar pueblos, incluso cuando están separados por amenazas de misiles?

-Yo creo que sí. Tengo una buena amistad con Kiarostami y hemos dado varias clases en talleres en Sao Paulo o Italia... Somos amigos. A veces me invita públicamente a ir a visitarle a Irán, y entonces le digo: ‘Abbas, no exageres, porque ahora ya no sé si me quieres o si es lo contrario...' Pero creo que es importante mantener estos puentes. Como buen arquitecto, hablo siempre de puentes. Y pienso que tenemos un lenguaje similar, el lenguaje del cine, no la demagogia, no lo instrumentalizado.

-El mundo árabe alrededor de Israel está cambiando a una velocidad de vértigo. Parece que ha cogido con el pie cambiado al gobierno israelí, pero ¿y la sociedad?

-Creo que sí. Este verano hubo una enorme revuelta civil en Israel sobre la vivienda, un poco como en España. Y para terminar con nuestra conversación, creo que el mundo está descubriendo el poder de la imagen. Y las imágenes se convierten en un instrumento subversivo muy interesante. Mueven los regímenes en Egipto, en Túnez, ahora en Siria.

-¿Y hasta qué punto comparte la indignación de los indignados israelíes?

-Creo que hay indignación porque... Leí un buen artículo en el New York Times: "La desigualdad extrema es contraria a la democracia". Tenemos que distribuir la riqueza, y es legítimo no estar de acuerdo con el status quo.

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