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Economía

"Andalucía tiene más futuro en el agro que con el nieto de Bill Gates"

José López Vargas es vicepresidente ejecutivo de la multinacional alimentaria Nestlé.

el 20 abr 2014 / 23:45 h.

Sevilla 15/04/2014 Jose Lopez, vicepresidente de NestleFOTO: Pepo Herrera Pepo Herrera José López Vargas (nacido en Andújar en 1952, adoptado en la niñez por Bormujos y suizo por emigración y residencia) es el directivo que más alto ha llegado en la cúpula ejecutiva del gigante alimentario Nestlé. A pesar del cargo –ha sido responsable de la multinacional en Japón, Malasia y Australia y tiene asignada la ingente tarea de la coordinación directa de las operaciones y la logística de la compañía a nivel mundial–, transmite sencillez y claridad. José López se ha convertido en invitado habitual del Instituto Internacional San Telmo. Esta escuela de negocios está especializada en la cadena alimentaria. A tenor de su experiencia con directivos y empresarios de aquí, ¿cómo ve la agroindustria de Andalucía? Percibo en ellos que hay un compromiso para mejorar. Se han conseguido grandes logros, como mantener la productividad y mejorar la calidad de la agricultura. Es importante que persistan en esa capacidad para producir calidad porque el largo plazo está más en la calidad, sí, que en cualquier otro compromiso. La Política Agraria Común tiende a dejar la producción agraria en manos de terceros países ajenos a la Unión Europea. ¿Terminará siendo un error? Creo que hay cabida para todos. Eso sí, los ejes de la competitividad hay que tenerlos muy claros. Aquí, y hablamos de Andalucía, la mano de obra ya no es tan barata como en tiempos remotos. El esfuerzo debe enfocarse hacia la calidad, la diferenciación y la diversidad del suministro, más que hacia la capacidad de competir con bajos costes. ¿Y por qué sectores agroalimentarios apostar? Primero, Andalucía puede y debe mantener el grado de competitividad en aquellas producciones que les vienen dadas por la naturaleza, así de simple. Después, el marco de vida de aquí es apropiado y atractivo para atraer a gente e inversiones en I+D. Sí, es un entorno propicio para que la investigación se pueda establecer y podamos atraer a mentes y cerebros importantes. Y, por último, tenemos un nivel de competitividad de nuestra propia mano de obra que hay que aprovechar para impulsar todos aquellos sectores relacionados con la exportación de productos manufacturados de cualquier tipo, tecnológicos o de menor valor añadido. Aquí tenemos la sempiterna polémica, por así decirlo, cansina pelea, entre agricultores y distribución comercial. ¿No serían necesarias grandes alianzas? Es una gran idea. Es verdad que, hoy en día, parece que todo el sistema anda un poco enfrentado. El mayorista tiene como criterio, como modo de funcionamiento, la necesidad de tener clientes en la tienda porque es una industria de costes fijos, y si no tiene clientes, los costes te comen. Es lógico y se entiende. El precio es uno de sus atractivos más importantes para atraer tráfico hacia sus tiendas. Pero esta estrategia no puede ser siempre a costa del productor inicial. Y si no se encuentran alianzas, el sistema dejará de ser sostenible. El mayorista piensa: si queda uno, que sea yo, y haré todo lo que pueda; cuando sólo quede uno, ya volveremos a hablar… Y eso no puede ser. El diálogo hay que entablarlo ya. Soy un pequeño proveedor alimentario y llamo a las puertas de Nestlé. ¿Qué me exigen? No le vamos a exigir el precio más bajo, no nos compensa. Sí cómo nos alineamos para obtener que el consumidor sea el gran beneficiado. Porque, recuerdo, nosotros añadimos tecnología e investigación para crear productos de valor añadido. ¿Qué exigimos ante todo? Compromiso con nuestros valores y principios, su cumplimiento y calidad, y esto será siempre lo más importante. Usted ha comentado, y cito palabras textuales, que habrá grandes problemas de abastecimiento de alimentos en el mundo. ¿Por dónde vendrán? Fundamentalmente de Asia, China, la India… Supone una demanda importantísima, no sólo en cantidad sino también en calidad, con la cual la industria realmente aún no se ha enfrentado. Le pongo un ejemplo. Producir hoy día leche en China es más caro que hacerlo en Suiza, y esto sin hablar de subvenciones, porque hay que importar los pastos de Estados Unidos o Canadá ¡en barco y a veces en avión! El consumo de leche y sus derivados se ha disparado. Antiguamente la leche no era el principal aporte de proteínas de China como lo era y es en el resto del mundo, pero sí, se está convirtiendo. Se están desequilibrando todas las fuerzas de oferta y demanda. Y es que no nos damos cuenta del desafío que supondría que, de pronto, todos los chinos, 1.270 millones de personas, empezaran la mañana con un vaso de leche. Otro ejemplo: si cada semana tomasen una tableta de chocolate, no habría cacao en el mundo para abastecerlos. Tenemos un problema. ¿Cómo lo solucionamos? Sólo a través del diálogo internacional y del compromiso. Nosotros, Nestlé, participamos en varios foros y múltiples conferencias con directivos y gobernantes mundiales en los que tratamos de realizar contribuciones. Con todo, el principal problema será el del agua para el abastecimiento de la agricultura y la ganadería y, pues, para producir alimentos. No hay más remedio que reducir la cantidad de agua necesaria por proteína producida y por caloría. Tema reciente y polémico en España: la adjudicación de buena parte del capital de Deoleo a un fondo de inversión británico. El debate se enfocó hacia garantizar su españolidad. ¿Estaba bien orientado? Es un tema que no se debería considerar como criterio para decidir cómo manejar un negocio. Entiendo el sentimiento de inquietud o de miedo de la gente a los efectos sobre las actividades locales si la empresa no está, por así decirlo, bajo mando local, pero hay una vertiente más importante: la marca. A ver: tenemos una agricultura, un clima y una tierra que deberían darnos un producto de mejor calidad. Si ponemos la calidad y la compañía pone la marca, ahí hay una oferta conjunta para el consumidor. Es importante que las actividades estén relacionadas con la tierra donde se cultiva, pero quién es al final el propietario es algo independiente. Estamos en un mundo globalizado. No vamos a volver atrás ahora... Usted es firme defensor de las cooperativas agrarias. En Andalucía tenemos un problema de dimensión empresarial. ¿Cómo animarlas a fusionarse, a aliarse? La cooperativa tiene que hacer entender al agricultor qué le aporta para que éste tenga confianza en los directivos de la cooperativa. Aquí hay algo de altruismo y hasta un poco de patriotismo. Nos tenemos que aliar para que la sociedad avance. La actividad económica es un motor de avance de la sociedad, ¿no? Crea prosperidad y reparte el valor y la riqueza, beneficiándonos todos. Si se hace entender esto al agricultor, éste estará encantado. Si la motivación (del directivo de la cooperativa) es la política o el poder, obviamente ese agricultor estará resentido. Hubo un tiempo en que nuestros políticos trataban de sacudirse la agricultura porque nos hacían ver una Andalucía cateta. Se hablaba mucho de la sociedad de la información, de grandes corporaciones tecnológicas. ¿Fue un error? No un error en sí, pero siempre tenemos que buscar aquello que nos hace tener más sentido. Uno no puede tomar decisiones por puro oportunismo. Es bueno apostar por la tecnología, pues claro, pero no a costa o no haciendo pensar a la juventud que el trabajo del campo es una cosa carente de valor. Eso sí es un error gravísimo. Porque a largo plazo, vendrán más posibilidades para la actividad autóctona (la agraria) que el hecho de que venga por aquí el nieto de Bill Gates. El agricultor está infrapagado e infravalorado hoy, mañana tendrá el futuro en sus manos. Y ya que de agroindustria andaluza hemos hablado, ¿qué opina de la gastronomía andaluza? Que no es para tanto. He tenido la suerte de viajar. He vivido 9 años en Japón, 4 años en Malasia, también en Estados Unidos, en Australia, ahora vivo en Suiza… y no es para tanto. Eso sí, la comida casera andaluza es mejor que cualquier otra comida casera, pero eso, tiene que ser casera. Creo que, en general, no comemos bien en los restaurantes.

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