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Andalucismo

El presidente del Gobierno de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, recibió esta semana a la secretaria general del Partido Andalucista, Pilar González, con un protocolo similar al establecido para los líderes de los partidos políticos con representación...

el 16 sep 2009 / 08:27 h.

El presidente del Gobierno de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, recibió esta semana a la secretaria general del Partido Andalucista, Pilar González, con un protocolo similar al establecido para los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria. Un gesto con añadidos tan importantes para el andalucismo como el de la posibilidad de participar en los trascendentes debates fijados para el inmediato futuro, especialmente el de la Educación. De por sí, esa y otras señales anteriores relacionadas con el Partido Andalucista, como los resultados que favorecen a Pilar González en las encuestas difundidas en agosto, merecen una seria y profunda meditación en el seno de esta maltrecha formación política si quiere salir viva de la unidad de cuidados intensivos en el que la dejó su anterior secretario general, Julián Jiménez, que en ningún momento supo interpretar la organización que representaba y, menos aún, la sociedad que pretende representar. González, que es persona inteligente y experimentada política, deberá agarrarse al famoso tópico frente a los graves errores de su antecesor, entre ellos el de oponerse al nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía, y dar una lectura distinta a la deprimente de Jiménez. Quizás no tenga que inventar nada, sólo ajustarse a la tradición política de Andalucía.

Las tradiciones no se inventan, están ahí para observarlas, y parece evidente que la andaluza no es nacionalista en el sentido mítico con el que ésta se manifiesta en otras nacionalidades españolas, sino de "conciencia andaluza", que precisamente se advierte necesaria según los detalles apuntados. Esa conciencia no inserta héroes o personajes mesiánicos que rescatan el pasado y lo anudan al presente para ofrecer un porvenir fabuloso, sino que se atiene más a una realidad definida por circunstancias contemporáneas como las de integración en la Unión Europea. Sin duda, la tarea es tan compleja y difícil como imprescindible, pero siempre que se aleje de las oscilaciones del pretérito tendrá como ventaja la de aplicarle la famosa frase de Napoleón: "en francés no existe la palabra imposible".

Periodista daditrevi@hotmail.com

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