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Andrés Pérez Domínguez gana el Ateneo de novela

Y el XLI premio Ateneo de novela se quedó en Sevilla. El escritor hispalense Andrés Pérez Domínguez se alzó con el galardón por su novela El violinista de Mauthausen, una obra ambientada en la convulsa Europa de la II Guerra Mundial. El madrileño Lorenzo Luengo resultó ganador del Ateneo Joven por Amérika.

el 16 sep 2009 / 04:27 h.

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Y el XLI premio Ateneo de novela se quedó en Sevilla. El escritor hispalense Andrés Pérez Domínguez se alzó con el galardón por su novela El violinista de Mauthausen, una obra ambientada en la convulsa Europa de la II Guerra Mundial. El madrileño Lorenzo Luengo resultó ganador del Ateneo Joven por Amérika.

"Estoy muy contento por el reconocimiento a la novela, por el prestigio del premio, y doblemente contento porque además soy de aquí". Así acogía Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) la noticia de que un jurado formado, entre otros, por Félix J. Palma, Eugenia Rico, Manuel Gahete, Antonio Barquero y Miguel Ángel Matellanes, había designado la suya como la mejor de entre las obras finalistas.

Según él mismo explicó, El violinista de Mauthausen "sucede en tres lugares y tiempos diferentes: el París ocupado por los alemanes, el Berlín de la posguerra y el campo de concentración de Mauthausen", explica. "También los protagonistas son tres: una es Anna, una francesa a punto de casarse con Rubén, republicano español del que tendrá que separarse. Los nazis se lo llevan a Mauthausen y ella colaborará con los aliados para intentar salvarle. Y el tercero es el violinista que da título al libro, un bohemio que terminará cooperando a su pesar con los alemanes", agrega.

Andrés Pérez Domínguez, autor de relatos como los recogidos recientemente en el volumen El centro de la tierra, y de novelas como La clave Pinner, El factor Einstein y El síndrome de Mowgli, repara en que esta nueva narración será la tercera de las suyas relacionada con la II Guerra Mundial, una época que ha tenido recientemente un notable auge en las librerías, aunque el sevillano asegura intentar ir por libre. "Será que de jovencito leí mucho a Graham Greene, y me influyó mucho su manera de dibujar personajes", comentó.

"La II Guerra Mundial es especialmente interesante porque entonces se dio mucho un sentimiento que me apetece mucho explorar, el de la traición. Por otra parte, también me atrae mucho de los años 30 el hecho de que todavía hubiera cierto idealismo, que algo de inocencia siguiera estando presente en la sociedad", agrega Pérez Domínguez.

No obstante, en las páginas de El violinista de Mauthausen hay también una decidida voluntad por llamar la atención de algunas injusticias históricas. "Me interesaba sobre todo hablar de los republicanos españoles en el campo de Mauthausen, los grandes olvidados de aquel drama. Fue una historia muy triste, el gobierno español se desentendió completamente de ellos", concluyó el autor.

Pérez Domínguez añade desde el Ateneo de Sevilla a una larga lista de premios como el Luis Berenguer de novela, el Max Aub, Elena Soriano, Ángel María de Lera, José Calderón Escalada y Gaceta de Salamanca de cuentos, o el José Luis Castillo-Puche y Tierras de León de Novela Corta, entre otros galardones.

El Ateneo Joven de novela recayó por su parte sobre Amérika, de Lorenzo Luengo (Madrid, 1974), autor de un ensayo narrativo sobre mitologías comparadas inspirado en la estancia de Jesús en Betania, traductor de los diarios de Lord Byron y reciente premio Juan March por El quinto peregrino. Su novela gira alrededor del personaje de Leonardo Rilke, un excéntrico millonario que, rodeado de juguetes, autómatas y películas de serie B, que contrata a un escritor en horas bajas para que trabaje a su servicio y elabore un guión a partir de las notas en las que el cineasta Jacques Tourneur, poco antes de morir, reconstruye una historia sobre dobles y desapariciones misteriosas basada en un oscuro capítulo en la vida de la actriz de cine mudo Mary Pickford.

Pertrechándose de un selecto grupo de especialistas en el cine de los años 50, Rilke se dispone a rodar Otro invierno en Amerika, la película que Tourneur nunca pudo filmar, utilizando únicamente los medios de que éste hubiera dispuesto en 1950, y, aún más asombroso, a la misma actriz en la que el director francés había pensado para protagonizar su película, Kitty Frances. "Viví en Nueva York y Boston, y puede que eso me influyera, pero como mucha gente de mi generación pertenezco a una cultura que ha bebido de muchas fuentes literarias, musicales y cineamatográficas americanas", comentó.

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