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Economía

Año agrario andaluz. Buenas cosechas, malos precios

El 31 de agosto terminó la campaña en el campo andaluz. Se preveía un auténtico cosechón que superara ampliamente los 9.427,59 millones de euros de Producción Final Agraria de 2013. Se alcanzará esa cifra gracias al tirón del aceite de oliva, que marca récord, y el ganado, pero todo lo demás...

el 02 sep 2014 / 10:00 h.

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Todo apuntaba a que iba a aflorar un auténtico cosechón, un año histórico para el campo andaluz. Pero la escasez de lluvias en otoño y especialmente durante la primavera, cuando más se necesitan, trastocó las previsiones y ha quedado un mal sabor de boca para el año agrario que se cerró, como marca la tradición y mandan las estadísticas, el día 31 de agosto. Europa, además, nos deparó la enésima reforma de la Política Agraria Común, la PAC, los destinos del campo hasta 2020 –salvo una nueva reforma de la reforma, un proceder al que nos tiene acostumbrados–; los agricultores salieron a las calles en protesta por el «constante» encarecimiento de la energía y, en el último tramo del ejercicio, entrado ya un verano más fresco de lo normal, Rusia vetaba la importación de productos agroalimentarios frescos, con consecuencias (pérdidas económicas) aún por determinar pero que ya se están notando. Y éste sería, grosso modo, un balance que, a partir de ahora, mezcla los datos oficiales con el sentir de las gentes que están en el tajo. Un operario controla un sistema de riego en una finca sembrada de maíz. / EMILIO MORENATTI (EFE) Un operario controla un sistema de riego en una finca sembrada de maíz. / EMILIO MORENATTI (EFE)   «Lo peor de todo, el girasol. En los cereales, niveles de precios que, en no pocos casos, ni han cubierto los costes de producción. Malísimo el año para el algodón, normalito para el arroz. Bueno para la aceituna gordal, un desastre en la patata. La naranja no ha valido dinero, el maíz, catastrófico. No paramos de quejarnos, es verdad, pero esto es lo que ha habido, un sinsabor, un malestar». José Vázquez, técnico de la patronal agraria Asaja-Sevilla, resume atropelladamente cómo ha ido el año agrario que arrancara el 1 de septiembre de 2013. Cuando, allá por finales de marzo, la Consejería de Agricultura elaborara las primeras estadísticas de siembras y cosechas, reinaba la euforia. Pero el tiempo es como es, ciencia inexacta, y aquí quedan las corregidas a junio pasado, que hablan de un año ordinario, no extraordinario. Miguel López, secretario general de COAG-Andalucía, anda estos días en La Barca de La Florida, pedanía de Jerez de la Frontera, picando en verde su cosecha de maíz. Es decir, que no ha esperado al grano. «Me decanté por una semilla que pudiera destinar a grano o para alimentación del ganado. Y la jugada me ha salido bien. Como el precio del grano se ha derrumbado, al final opté por la alternativa. Me quito regadío, y eso que me ahorro porque, con el tarifazo eléctrico, hay que medir muy bien los costes, y con el grano no me salían», relata. Quizás sea el maíz el cultivo que, en Andalucía, mejor evidencia cómo ha ido el año: buena cosecha, malos precios. «Sí, ha sido el súmmum. Los agricultores, que están tiesos, necesitan hacer caja en el momento mismo de la recolección para así hacer frente a sus gastos. No pueden almacenar y esperar a que mejore la cotización. Y éste es el error en el que se ha caído y del que se ha aprovechado la industria. El hundimiento es, cuanto menos, sospechoso», dice Vázquez. A Miguel López se le solicita una corta expresión a modo de resumen, y pone los pies sobre la tierra. «No cabe andarse por las ramas. Contradiciendo a quienes aseguran que el campo andaluz ha aguantado bien la crisis económica yo les replico: ha aguantado porque no había otra cosa más que campo». Enumera los problemas. Uno, sequía, en especial en la zona oriental; dos, encarecimiento de la luz, que se hace sentir en los regadíos (por el uso de bombas de agua); tres, la escalada del gasóleo agrícola, «a un euro el litro, por dios, dónde vamos a llegar»; cuatro, los mercados siguen sin regulación y a merced de la gran distribución comercial; cinco, Bruselas se obstina en no conceder preferencia a las producciones comunitarias, abriéndose cada vez más a terceros países; seis, el veto de Rusia; siete, la inexistencia de una apuesta seria por la renovación generacional del campo, siendo intolerable que se tarden años y años en liberarse las ayudas; y ocho, la reforma de la PAC, en cuyo reparto nacional Andalucía ha salido «perjudicada debido a criterios meramente políticos y no profesionales» tanto en los pagos directos como en las ayudas al desarrollo rural. La reforma de la PAC es harina de otro costal, sus efectos habrá que calibrarlos desde este año agroganadero que acaba de arrancar. En el recién finiquitado, queda la tristeza de constatar cómo se ha quedado en el campo sin recoger parte de la cosecha de patata, fresa, girasol y, sobre todo, zanahoria –en esta última, apunten: un 65 por ciento–. Para que se entienda: pasto para el ganado, desecho, pudrición, abono natural para las siembras venideras. Una lástima. «¿ Qué hacer si una hectárea de girasol tiene costes de producción superiores a los precios que te pagan?», se pregunta el técnico de Asaja. Si meter la cosechadora en el campo aumenta aún más los gastos, la respuesta es lógica: no cosechar para que las pérdidas no sean más abultadas. Frente a esa tristeza, la alegría del aceite de oliva. Producción récord y exportaciones récord, aunque sus precios, ni fu ni fa. Será la cosecha que permitirá rebasar en Andalucía los 9.427,59 millones de euros de Producción Final Agraria (es la principal macromagnitud económica del campo) de 2013. El máximo se marcó en 2005, con 10.802,94 millones. Y preocupa, cada vez más, el verdeo, porque cada año es más elevada la denuncia de que las cotizaciones son «penosas», de ahí el arranque de olivos, una realidad en el Aljafare. Alegría olivarera y, ya era hora, alegría entre quienes viven de los animales. Es la primera vez en muchos años que desde las bocas ganaderas se escucha la palabra bueno. En vacuno, ovino y caprino lo ha sido porque cualquier incremento de la exportación, en unas cabañas que precisamente no sobran, levanta el mercado, los precios. «No es la ruina de otras campañas», según Juan Bilbao, técnico de Asaja-Sevilla. En el porcino ibérico, la cotización también ha ido al alza por la escasez, tanta que hasta considera que los cochinos se han pagado caros. Después del pinchazo de la burbuja del ibérico, que la hubo, y grande, tras el desembarco masivo de adinerados arribistas atraídos por un negocio otrora prestigioso y rentable, la cabaña se redujo a un tercio, y actualmente se calcula que son 300.000 animales los que serán llevados a montanera. De nuevo, son pocos. Bilbao resume el mercado actual con expresión campera: «Hay ganas de cochinos». La cuestión estriba en saber cuántos jamones ibéricos existen aún en bodega, y si son o no suficientes. En 2013 los registros oficiales del Ministerio de Agricultura y Pesca contabilizaban para Andalucía 152.738 cerdos de bellota, 97.780 de cebo (está criado a base de piensos), 13.492 de cebo de campo (criado en la dehesa, pero con piensos) y 1.770 de recebo (parte de su alimentación debe ser en montanera). Tres años antes, en tiempos aún del desmadre, tales cifras eran, como mínimo, el doble en las tipologías tradicionales: 334.378 para la primera categoría y 237.404 para la segunda, mientras que el multiplicador era dispar para las otras dos, con 18.971 y 7.277 animales. De aquellas épocas aún siguen saliendo jamones (piezas enteras o deshuesadas), en parte gracias a una práctica otrora desconocida en el ibérico: la congelación. Cada ganadería arrastra un penar, y en el caso de la avícola, dos. Por un lado, los precios, «que se han hundido», expresión dicha por Miguel Ángel Bolancé, de la organización agraria UPA de Andalucía. Los pollos se están vendiendo, o se siguen vendiendo, matiza, por debajo de coste, algo que atribuye a las «presiones» ejercidas por la gran distribución comercial, las cadenas de hipermercados y supermercados. Por el otro, los robos, sí, los robos de pollos y gallinas. Casi como la miel ha ido la temporada apícola no tanto en producción, que descendió ante la tardanza de las lluvias de otoño, como en precios, incrementados sustancialmente. Cosa buena por un lado y cosa mala por el otro dan como resultado una «media campaña», comenta Lorenzo Ruiz, de COAG. Hasta aquí, palabras. Números, en los anexos. Y nunca llueve a gusto de todos. PRINCIPALES PRODUCCIONES CEREALES  CEREALES. A falta de los datos definitivos, los provisionales a junio confeccionados por la Consejería de Agricultura hablan de una cosecha andaluza de 607.670 toneladas de trigo duro, un 3 por ciento menos que en la campaña precedente, sobre 197.826 hectáreas, con un descenso del 10 por ciento. La previsión, sin embargo, se dispara un 47 por ciento para el trigo blando, con 620.651 toneladas recolectadas sobre 187.279 hectáreas (+16 por ciento). De cebada se esperan unas 215.420 toneladas, con un recorte del 21 por ciento, mientras que sus hectáreas crecieron un 4 por ciento. Y en avena, 152.472 toneladas, con bajada del 11 por ciento. La clave para los cereales: la sequía. 13965-67jz  ISLA MAYOR. INMIGRANTES VALENCIANOS. COLONOS. EN LA IMAGEN, ARROZ.  ARROZ. El arroz es uno de los principales cultivos de la provincia de Sevilla –también se produce en la gaditana– y en la que reside la sede social de la principal compañía arrocera del mundo. Las estadísticas de la Consejería hablan de una previsión de cosecha –su recolección aún no se ha iniciado– de 361.530 toneladas, con un aumento del 4 por ciento. Se ha superado el listón de las 40.000 hectáreas: en concreto, 40.485, un 2 por ciento más. De aquella cantidad, las marismas sevillanas, con la localidad de Isla Mayor como epicentro, aportará 338.850 toneladas, sembradas sobre unas 37.650 hectáreas. aceitunas  ACEITE DE OLIVA. La Agencia de Información y Control Alimentarios, adscrita al Ministerio de Agricultura y encargada de recoger datos de cosecha, contabiliza una producción récord de 1,4 millones de toneladas en Andalucía (1,77 millones en España). Se ha batido, pues, el máximo histórico de una campaña oleícola, que, a su vez, ha venido acompañada de otro récord en exportaciones: al cierre de junio pasado y a falta de cuatro meses para clausurar su campaña de comercialización (30 de octubre), 1.072 millones, el 76 por ciento más. El sistema Pool Red de la Fundación del Olivar cifra su cotización media actual en 2,58 euros por kilo (2,53 hace un año). ©Pi?as Roche -feria del olivo- n 1323- 15-03-01  ACEITUNA DE MESA. 434.494 han sido las toneladas de aceituna de mesa recolectadas en el campo andaluz, de ellas 305.019 en Sevilla, la principal provincia productora a nivel internacional. En el conjunto del Estado, 573.500 toneladas, frente a las 490.940 de la campaña precedente. La aceituna gordal, la de mayor valor y que disminuyó su cosecha, es la única que ha registrado buena cotización mientras que prosigue el arranque de olivos manzanillos debido a la reducción de sus precios y nula rentabilidad, según apuntan desde Asaja-Sevilla, que se queja, asimismo, del abaratamiento de cara a la nueva campaña del verdeo. © paco cazalla- 16-05-01- n 4866- girasol  GIRASOL. En el año agrario recién terminado, ha sorprendido el descenso registrado en un cultivo refugio como es el girasol –se acude a él cuando fallan los cereales–, que se estaba beneficiando de un crecimiento en las últimas campañas. 390.511 serán las toneladas recolectadas, con un leve recorte del 1 por ciento que podría ser mayor porque hay agricultores que no cosecharán ante la bajada de las cotizaciones. Las hectáreas: 294.106, un 8 por ciento menos. Una hectárea de girasol arroja unos costes de producción de 400 euros, y ese nivel tan sólo se ha alcanzado en el alto oleico (en la última semana, éste cotizó a 400 euros la tonelada de pipa, y a 340 la normal, según los registros de la Consejería). NARANJA GIGANTE DE 1.440 GRAMOS  FRUTAS. Una campaña buena en producción, regular en precios. 1.465.945 han sido las toneladas recolectadas de naranja dulce, una cosecha sensiblemente superior a las 1.163.772 de media para el periodo 2009-2012. Pero, sin duda, el cítrico que más crece porque también arroja mejores cotizaciones tanto en España como en Europa es la mandatrina (394.145 toneladas el año pasado, mientras que el promedio de 200--2012 arrojó la cantidad de 281.034). La preocupación fundamental del año ha estado en la enfermedad de la mancha negra por el riesgo de las importanciones sudafricanas. De melocotón y nectarinas, frutas que ejercen gran poder de arrastre sobre el empleo agrario, se cosecharon 164.820 toneladas, el 5 por ciento más. LEBRIJA  REMOLACHA. Si hay una producción agraria que ha arrojado un espectacular crecimiento en el año agrario que ha acabado es, junto al aceite de oliva, la remolacha azucarera. 676.675 toneladas se han recolectado, el doble que durante la pasada campaña (103 por ciento más). La superficie también ha crecido de forma espectacular, con 8.411 hectáreas: un 76 por ciento. Aquí cabe hablar de la alianza entre la única fábrica azucarera abierta en la comunidad andaluza, la jerezana de Guadalete, para propiciar el cultivo buscando la rentabilidad económica de los agricultores. LOS PIRATAS DEL IBÉRICO AGUDIZAN EL INGENIO ANTE LA CRISIS DEL PORCINO  CERDO IBÉRICO. Para el año 2013 el número de jamones ibéricos comercializados bajo la norma de calidad vigente ascendió a 1.041.941, de los que 221.349 fueron catalogados como puros de bellota, 283.685 ibéricos de bellota y 508.548 de cebo, siendo ínfimas las cantidades para el resto de categorías –evidencia de que la industria se polarizó–. Así, aisladas, estas cifras no dicen nada, sí cuando cotejamos los datos de ejercicios anteriores, que ofrecen una recuperación: en 2012, 894.404 piezas y 883.314 un año antes. La cabaña sigue aún sin recuperarse, de ahí los buenos precios tanto en lechones como en animales para sacrificio. Y EL EMPLEO Más población activa. El balance del año agroganadero que acaba de cerrarse no quedaría completo sin los datos del empleo en el campo. La última Encuesta de Población Activa (EPA), referida al segundo trimestre de 2014, apuntaba la existencia de 214.400 ocupados agrarios, con un incremento del 12,6 por ciento con respecto a los 190.400 del mismo periodo de 2013. Los parados, por su parte, se situaron en 156.300, esta vez con un leve aumento del 0,5 por ciento sobre los 155.400 del segundo trimestre de 2013. Que crezcan los ocupados y, a la vez, los parados tiene su clave en el crecimiento de la población activa agraria (personas en edad de trabajar y disposición para ello). La tasa de asalariados ascendía al 76,94 por ciento, inferior al 81,24 del conjunto de los sectores. Pero la diferencia radical está en la temporalidad: 80,36 por ciento en el campo, frente al 33,86 por ciento de promedio.

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