Cofradías

Anochece en San Lorenzo

La bellísima estampa de la caída del sol en la plaza conmovió a la muchedumbre.

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el 30 mar 2010 / 21:57 h.

La Virgen del Dulce Nombre se giró a saludar al Cristo del Gran Poder.

Puede ser una pregunta recurrente después de haber asistido a tamaño espectáculo: ¿Puede haber algo más bello que asistir a la caída del sol en una plaza de San Lorenzo cuajada de primavera con la hermandad del Dulce Nombre en la calle? La respuesta queda en el aire, como quedó ayer también, prendido para siempre en el cielo de la sevillanísima plaza, el sonido de la banda de cornetas y tambores de las Cigarreras saludando al conjunto escultórico de Castillo Lastrucci.

El paso de misterio de Jesús ante Anás saliendo de su templo es una exhibición. Del rachear de zapatillas de los costaleros y el silencio más espiritual -parece que no hay nadie en una plaza de San Lorenzo en la que no cabe un alfiler- a la apoteosis y el aplauso más encendido sólo median dos chicotás. La Bofetá está en la calle y aún es de día; un día lánguido, agonizante, que se despide de Sevilla en la plaza de San Lorenzo.

Con las puertas de la basílica del Gran Poder abiertas de par en par -el señor de Sevilla recibía en besamanos aún a los devotos más rezagados- y la calle Cardenal Spínola ejerciendo de tapón humano para contender tanta alma emocionada, la cofradía avanza lentamente hacia la Gavidia, casi tanto como va coronando la luna la parroquia del Cardenal Spínola. Son las nueve. Así lo hacen saber las sucesivas campanadas, una detrás de otra, que dejan en el público la impronta de lo divino, el tañido místico de la Semana Santa. Apenas cuatro minutos después se asoma por el pórtico de la iglesia la Virgen del Dulce Nombre.

El palio se mueve, todo el mundo lo ve, pero no avanza ni un milímetro. La Virgen ha girado a su izquierda y saluda al Cristo del Gran Poder, que anoche mismo inició su traslado al paso como preludio mágico de la Madrugá. La noche es ya plena, los corazones congregados en San Lorenzo se despiden henchidos y la cofradía enfila su camino gozoso hacia la Catedral.

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