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"Ante la dura realidad la sonrisa te hace luchar, la depresión paraliza"

De vocación sacerdotal tardía, y pese a una formación teológica con la que habría hecho carrera en el Vaticano, se decantó por la ayuda social en primera línea en un Campo de Gibraltar azotado por la droga en los 80 y al que empezaban a llegar las pateras. Desde 1996 es Defensor del Pueblo Andaluz y aunque nunca hace planes a largo plazo ve su futuro de vuelta a su tierra. En ¿Quién ha dicho que vivir sea fácil (Espasa) repasa sus intentos de ayudar a que lo sea.

el 07 mar 2013 / 23:02 h.

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El Defensor publica "¿Quién ha dicho que vivir era fácil?"
Como Defensor del Pueblo Andaluz y aunque lleva ya más de un año en funciones no quiere dejarlo ahora no por "agarrarse al sillón" sino porque le gustaría irse "cuando vea la luz. Ahora me da vergüenza porque creo que mucha gente que tiene cierta confianza en mi palabra lo vería como una traición". Puesta ya que "renuncié hace tiempo a ser Papa" bromea, ve su futuro de vuelta a su tierra para crear "más asociaciones de voluntariado puro que no dependan del dinero de la administración". De momento cuenta su experiencia en un libro.

 

-El relato de sus años en el Campo de Gibraltar tiene tintes de novela negra, con la mafia sobornándole y policías corruptos metiéndole droga en el coche.
-Es que es el mundo en chiquitito, allí tenemos de todo. Late una sociedad con muchos problemas pero también con mucha gente dispuesta a buscar soluciones que no la hay en cualquier parte. Yo he visitado todos los pueblos de Andalucía y algo parecido no lo he visto, en lo bueno y en lo malo.

-Un preso que no quiere salir...
-El pobre murió luego.

-Una mujer que pide que no la ayuden más porque la pidió para su hijo violento y acabó en una casa de maltratadas con éste y sin su marido...
-Un ejemplo de lo cuadriculada que es a veces la administración.

-Un marido que le persigue con un hacha en un ensayo de teatro al creerle liado con su mujer... Hay casos que de dramáticos dan risa.
-Yo lo que me niego es a describir la realidad con esa crudeza que no deja lugar para la sonrisa. La realidad es durísima pero casi todo tiene un punto de comedia y hay que saber aprovecharlo. La otra alternativa es la depresión. La sonrisa te habilita a seguir luchando, la depresión te paraliza. Es una estrategia. Yo tengo motivos para deprimirme desde por la mañana y me niego, entre otras cosas para no darle dinero a los laboratorios que ganan mucho con los tranquilizantes. Hay que luchar por encima de todo y poner un punto de sonrisa. Eso es muy de Cádiz.

-"Cuando la vida te arrincona y te pisotea, si sobrevives tienes la posibilidad de dar un salto fundamental como ser humano", escribe sobre unos presos de El Puerto. ¿Hay que haberlo pasado mal para ser buena persona?
-No. Lo que ocurre es que cuando ya por nacer tienes un problema con tus padres, vives en un barrio conflictivo y en tu casa la educación no es un valor, si eres capaz de superar todo eso te conviertes en un ser humano sin comparación con otro porque has tenido que superar obstáculos básicos.

-¿Y es fácil quedarse en el camino?
-Mi experiencia es que una vez que entras en la normalidad es difícil volver atrás. Puedes tener un retroceso por una circunstancia adversa pero la mayoría tira para delante y alguno lamentablemente después muere. Eso sí me ha descorazonado, la gente que ha hecho un esfuerzo tremendo y muere a consecuencia de su pasado, por VIH, hepatitis sin cuidar o surge un cáncer.

-La mayoría de casos que cuenta son de su etapa anterior.
-Es adrede para que nadie me acuse de que cojo casos de la Oficina. En su momento vendrá todo lo que he vivido de Defensor.

-¿Habrá segunda parte?
-Espero... La idea del libro es mi experiencia personal respecto a temas sociales. Depende del tema lo he trabajado más en el movimiento asociativo que en la institución, pero lo otro ya vendrá.

-Hay gente que va a verle seguro de que no podrá hacer nada. ¿Le pasa más en el Defensor que antes y en esos casos cómo vuelve uno a su despacho?
-En el movimiento asociativo estás en primera fila siempre pero resolviendo muchas cosas tú mismo. El Defensor es estar en primera fila en todos los frentes pero la solución tiene que venir de las administraciones. Yo en mi despacho estoy poco, estoy más tiempo visitando, viendo, para que por lo menos la gente tenga el aliento de mi presencia. Muchas veces no es arreglar el problema sino que la gente sienta cercanía. Hay mucha soledad y muchas veces la gente sabe que no le puedes resolver su vida pero va a que lo escuches por lo menos y esto sí se produce más en el Defensor. Últimamente la gente está más exigente por la situación.

-Confiese, ¿le gustaría estar ahora en el Cónclave Papal?
-No pero si tuviera los papeles del Vatileaks estaría feliz. Apuesto por los brasileños porque en Latinoamérica, como no espabilen, los evangelistas les comen terreno.

-¿Y le diría a la Curia, como a los políticos, que dejen las peleítas?
-Por supuesto, les diría que la Iglesia no puede excluir a nadie, la prioridad tienen que ser los desfavorecidos, hay que avanzar en la situación de la mujer en la Iglesia y en la integración de los grupos sociales sean homosexuales o divorciados creyentes. Está en juego la credibilidad en lo más importante, la palabra de Jesús.

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