Economía

«Antes como la manzana transgénica que con mucho tratamiento químico»

Su empresa está de actualidad, opta a los premios Alas a la internacionalización. El gerente de Agricultura y Ensayo reflexiona sobre el papel de los fitosanitarios en el campo.

el 15 sep 2009 / 18:25 h.

Su empresa está de actualidad, opta a los premios Alas a la internacionalización. El gerente de Agricultura y Ensayo reflexiona sobre el papel de los fitosanitarios en el campo, considera que se ha perdido toda una generación de agricultores y defiende los transgénicos.

-Esto no es una empresa al uso. ¿A qué os dedicáis?

-Agricultura y Ensayo es una empresa de servicios de investigación. Desde que se inventa su molécula hasta que un fitosaniario se lanza al mercado pueden pasar 12 años si todo va bien, pero el periodo se puede prolongar hasta dos décadas por las muchísimas pruebas que exigen las administraciones, y que cada vez son mayores. Nosotros cogemos ese producto a partir del séptimo año y lo sometemos a estudios no de laboratorio, sino de campo, para probar su eficacia, los residuos que deja en el suelo y en la planta y cuál es su interacción con el ecosistema, en especial sus potenciales riesgos sobre los insectos y las aves.

-Al séptimo año y un mes y no funciona. ¿Qué cara se le pone entonces al cliente?

-Eso es lo normal. Cuando un producto va bien porque no tiene problemas con nada, eso es lo extraordinario.

-¿Quién es el cliente?

-Los principales, grandes compañías químicas. Unas recurren a nosotros porque no tienen departamentos de investigación, otras porque sus estudios son de enorme complejidad y unas terceras porque quieren ampliar la vigencia de sus patentes. Esto exige un permanente rejuvenecimiento en nuestra empresa, pues cada proyecto implica borrón y cuenta nueva.

-La confidencialidad se llevará a rajatabla...

-En este negocio no se puede ser un bocazas.

-Agricultura y Ensayo. Tiene nombre de tratado teórico...

-La empresa se creó, por parte de cuatro socios, a finales de 1997, aunque ahora somos sólo dos. Procedíamos de una multinacional dedicada a la investigación. No era un negocio interesante hace 20 años, cuando las empresas no cedían su investigación, era top secret. Las cosas cambiaron, la legislación también, y pudimos nacer.

-Números, dineros, plantilla.

-Este año llegaremos a los 2 millones de euros. En 2007 la exportación supuso el 46% de la facturación total y al cierre de 2008 estaremos en un 55%. En plantilla, 22 personas, con ingenieros agrónomos, ingenieros técnicos, biólogos y algún que otro capataz.

-Vuestros estudios, ¿son sólo válidos en España?

-No. Se realizan conforme a una normativa internacional.

-Entonces, los ensayos no se harán sólo en estas tierras...

-Tanto aquí como en otros países. Lo ideal es que tuviéramos filiales en ellos, pero es imposible, entre otras cosas porque formar al personal es complicadísimo. Por eso, optamos por las alianzas, por la colaboración empresarial.

-¿Qué países son?

-Italia, Grecia, Francia, Alemania, Bélgica y Holanda.

-¿Cuántas líneas de investigación hay abiertas?

-Al año podemos hacer entre 220 y 240 ensayos de eficacia, entre 30 y 40 ensayos de residuos y de 5 a 7 ensayos de ecotoxicología, y en todo tipo de cultivos. Tenemos colaboradores, los agricultores, que prestan un trozo de terreno para hacer las pruebas.

-¿En parcelas o invernaderos?

-Hay de todo. No se puede probar un fitosanitario así como así, sino que hay que comunicar a la Administración qué producto es y dónde se va a probar.

-En cuanto a las restricciones, ¿España es más o menos dura?

-De las más duras.

-Agricultura ecológica, movimiento verde y Bruselas endureciendo la normativa de fitosanitarios. ¿Y aun así tenéis futuro?

-Claro. Y nosotros trabajamos tanto para la química pura y dura como para la agricultura ecológica, biológica o, como yo prefiero llamarla, sostenible, porque me parece más real. Evaluamos todo tipo de productos, no sólo las materias activas creadas en un laboratorio, sino también los naturales que, al venderse como fitosanitarios, tienen los mismos controles. Hay quien vino a mí porque quería usar canela para acabar con un patógeno, y cuando le expliqué cuántos ensayos había que hacer, se llevó las manos a la cabeza. Yo la como en el arroz con leche, pero por muy natural que sea, al echarla en el suelo puede alterar el ecosistema.

-Pero tanta restricción normativa os tendrá que afectar.

-Nos afecta porque cada vez hay menos productos. Pero las empresas siguen investigando porque las plagas están ahí y comer hay que seguir comiendo. Si apiñamos 300 personas aquí y las hacemos convivir todo el día, el resfriado que coja una se lo pasará a las 299 restantes. Es el problema de la agricultura intensiva. Pero incluso si se liberalizaran los cultivos transgénicos, en éstos también tendría que haber un cierto apoyo fitosanitario. De todas formas, si toda se volviera ecológica, tendríamos más trabajo, es un terreno donde hay que investigar más. También hacemos estudios sobre lucha biológica, con hongos buenos que sirven para controlar las plagas.

-Hay quienes aseveran que la restricción normativa devolverá las plagas al mundo.

-Puede ser. Sin embargo, la primera interesada en controlar las plagas es la propia casa comercial, porque no puede permitirse el lujo de gastarse un dineral en investigar un producto que a los dos años cree resistencia [que no sea efectivo contra una plaga].

-¿Hay razones para las cortapisas en los transgénicos?

-Entre una manzana con quince tratamientos químicos y otra transgénica, me como la transgénica. No estoy a favor ni en contra, simplemente que, para curar una enfermedad, prefiero tomarme una sola pastilla antes que cuarenta y ocho. Quizás por la presión mediática, la Administración sigue mirando para otro lado, pero tiene que darse cuenta de que con las variedades actuales hemos alcanzado el techo de producción y que en luchar contra las plagas se centra ahora el interés.

-Recientemente, un Nobel de Economía ha asegurado que Andalucía tiene en la agricultura un puntal contra la crisis.

-Totalmente de acuerdo y tendremos que volver para atrás. En Europa se ha perdido toda una generación de agricultores.

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