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"Antes pensaba que no llegaría a jubilarme, ahora quiero ver crecer a mis hijos"

Juan Santos supo que padecía hepatitis C en 1995, desde entonces ha soportado dos tratamientos

el 19 ene 2015 / 22:51 h.

Juan Santos es un sevillano de 50 años del barrio de Triana. Este ordenanza en una residencia de mayores de la Junta de Andalucía es donante de sangre, bueno, lo era hasta que en 1995 tras una donación (las muestras siempre se analizan antes de ser transfundidas) recibió una carta en la que se le informaba de que estaba infectado por la hepatitis C. Juan Santos es enfermo de Hepatitis C desde 1995. / José Luis Montero Juan Santos es enfermo de Hepatitis C desde 1995. / José Luis Montero "Directamente me decían que estaba enfermo y me mandaban el cartoncito que se daba antiguamente con la cita para el especialista. No me lo podía creer", rememora. Juan es uno de los muchos pacientes que no conocen el momento ni el motivo de su infección. "Me imagino, pensándolo luego porque se le dan muchas vueltas al tema, que sería cuando me arreglé la boca en el 94. Me tuve que dar puntos, se me infectó", cuenta. "Es la única explicación que le encuentro porque yo jamás he estado malo, ni me ha dolido nada, ni me he hecho transfusiones, ni tatuajes, ni me he drogado (los motivos más frecuentes de contagio)", comenta. Desde entonces acude al mismo médico, el doctor Eduardo Lissén, en el Virgen del Rocío, con el que ha hecho ya dos tratamientos. "El primero de ellos fue en 2008, sí... Hasta entonces lo único que me hacían cada seis meses era análisis. Al principio no había tratamiento alguno y los niveles del virus en sangre estaban controlados", comenta Juan. Cuando empezaron a subir le pusieron interferón con el que estuvo un año, "pero no me hizo nada". Entonces pasó, durante 18 meses, a un combinado entre interferón y ribavirina. "Eso me mató. Tuve mil efectos secundarios. Se me cayó el pelo por completo, me quedé en 47 kilos, tenía dolores en las piernas, cansancio, mal humor... pero no dejé nunca de trabajar". Juan mantiene con su sueldo a su mujer, Mari Carmen, trabajadora social en paro, y a sus dos hijos. "En parte me servía para desconectar", confiesa. En principio le desapareció, pero a los tres meses volvió a aparecer en los análisis. Y desde entonces hasta ahora no ha vuelto a ponerse en tratamiento. "Si se está terminando de recuperar ahora de los efectos", comenta Mari Carmen. Las crisis, además, se notan en otras cosas, pues a Juan no le hacen pruebas desde junio, "ahora mismo no sé cómo estaré". "Hace poco me propusieron una triterapia pero me negué. Vi los efectos que tenía en un enfermo de treinta y pocos años y no quería pasar por eso. Quizá ese tratamiento te cura, pero te quita la vida", afirma. Así que ahora espera que llegue el nuevo tratamiento para todos. "Evidentemente si hay para unos pocos, primero para los que están peor. Pero tengo confianza en que en un par de años haya tratamientos para todos y pueda llegar a curarme". "Cuando me diagnosticaron la enfermedad hace ya 20 años, como no había cura, asumí que no llegaría a jubilarme. Ahora que hay tratamientos con los que la enfermedad desaparece, quiero poder ver crecer a mis hijos". "Yo entiendo que el Sovaldi cuesta mucho dinero, pero igual que rescataron a los bancos, que nos rescaten a nosotros que son 800 millones de euros", afirma. "Si ha habido dinero para curar a una mujer que tenía ébola, ¿por qué no hay para nosotros?", se pregunta. Para Juan, esto no es un problema sanitario, es un problema político. "Si por los médicos fuera nos habrían dado las medicinas porque su trabajo es curarnos". "Por mucho que digan que los otros tratamientos curan, en todos estos años yo solo he visto a una persona sanar y un compañero, Enrique, que lleva solo cuatro semanas con Sovaldi y ya está limpio".

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