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Antitaurinos y demagogia

El Fundi se despidió de la Maestranza envuelto en el cariño del público pero sin lograr estar a la altura del mejor lote de toros.

el 21 abr 2012 / 21:26 h.

La consigna general, aventada por los jefes de la cla, es llamar maestro a este diestro honesto en el ocaso de su larga carrera que, tal y como anunció el mismo, ya toca a un fin que no se puede demorar más. Además, los caprichines del personal de la primera fila, los huecos de esta extraña Feria de Abril y la incondicionalidad de la que goza el torero de Fuenlabrada, que se ha hartado de echar abajo quintales de carne del tío Picardías, le han colocado en la cabeza de carteles que en otros tiempos más bizarros de su trayectoria ni siquiera podía soñar. Pero fue precisamente con ese tipo de ganado -Fundi era fijo en la de Miura en Sevilla- donde ganó fama y hacienda abriéndose un lugar bajo el Sol que a tantos y tantos se les ha negado.

En cualquier caso, daremos validez al exquisito cariño que le mostró el público sevillano en la que, eso parece, debe ser su última tarde en el coso del Baratillo que ayer no se llenó por completo. Y así, después de despedir con escuadra, bandera y banda de música al guerrillero de Fuenlabrada nos dispondremos a diseccionar sus dos actuaciones con la debida equidistancia.

Y es que a El Fundi le tocó en suerte el lote de mayores posibilidades del esmirriado e impresentable envío de Garcigrande, que nunca debió saltar en una tarde de campanillas, en la yema del abono de una Feria de Abril que después del oasis manzanarista del viernes volvió a la vulgaridad más absoluta.

La verdad es que El Fundi, que medio se estiró a la verónica con el toro que rompió plaza no quiso ni verlo después en la muleta y hasta escenificó una batalla campal que sorprendía en la calidad y la nobleza de un enemigo que el vendió como si fuera el Bismarck. Desconfiado, muy por bajo, siempre por las afueras y sin dejar de meter la marcha atrás dejó una penosa impresión que gozó -alabado sea el Santísimo- de la absoluta complacencia de un público que respetó los trienios del madrileño bien aleccionado por los jefes de opinión.

El Fundi, que apareció vestido impecablemente de torero, se tapó mucho más con el cuarto de la tarde, un toro que reservó para el final el buen fondo que atesoraba. El veterano diestro consiguió lucirse con el capote y hasta trazó una lidia profesoral que brilló en los esbozos de un galleo por chicuelinas y en algunos lances a una mano que no llegó a seguir el de Garcigrande. Después, con la muleta, hilvanó un trasteo irregular, de cimas y simas que no estuvo exento de buenos momentos y series estimables de muletazos aunque la parroquia le aplaudió lo bueno, lo regular, lo malo y hasta lo pésimo renovando esa incondicionalidad que no cesó cuando El Fundi se encaró exageradamente con la banda por entrar en escena, una vez más, tarde y mal.

Pero bueno, la verdad es que tampoco le viene mal el rapapolvo al director de esta impecable formación musical de la que nadie discute su grandiosa calidad musical. Pero ese afán de protagonismo, tan hispalense, necesitaba un frenazo porque, ésa es la verdad, la gente está hasta la coronilla de la falta de oportunidad de la música. Pero hay que volver al ruedo: habíamos dejado al Fundi comprobando que el toro, noble y un pelín bobalicón duraba más que el conejito del anuncio y prolongó una labor que algunos estaban viviendo como una antología. Un pinchazo y la posterior estocada no fueron suficientes para que la presidenta le concediera una oreja que tampoco gozó de una petición suficiente. El senado taurino del 1 y el 3 se guardó todos los pañuelos. Mal asunto. Con la vuelta al ruedo final se despidió del albero baratillero. Que le vaya bien.

No fue la tarde de Morante de la Puebla, es verdad, pero también hay que agradecerle la brevedad y la prontitud con la que pasaportó sus dos toros cuando comprobó que era imposible el lucimiento. Además, la lidia de su primero se vivió con ecos de una ruidosa manifestación de antitaurinos que molestó el normal desarrollo del espectáculo. Es una irresponsabilidad permitir este tipo de protestas en días de máxima expectación. Algún día habrá que lamentar algún incidente grave y será tarde.

Ese primero de Morante se le metió por dentro en los primeros lances y anunció su escaso fondo.Morante no se dio coba y se fue por la espada. El quinto, con el personal un pelín cabreado, sólo le permitió esforzarse en un puñado de capotazos en los que se jugó más de lo que parece. En la muleta resultó tan molesto como incierto y el de la Puebla decidió cerrar la tienda en espera de la próxima.

Tampoco pudimos ver a un Castella demasiado afinado y después de este borrón se antojan muy largas las tres tardes que ha contratado con la empresa en año de tapar brechas. Sus dos toros tuvieron mejores principios que final -fue más temperamental el sexto que el tercero- pero al francés le faltó temple, alma, hilo y llegó a aburrir a todos.

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