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Antonio Benítez, in memoriam

Antonio Benítez Fernández, por cómo fue y por cómo jugaba al fútbol, hizo béticos a muchos que hoy lo son y lo serán por siempre jamás. (Por Santiago Roldán)

el 20 feb 2014 / 13:11 h.

benitez2Un amigo mío siempre se pedía ser Antonio Benítez."Yo soy Benítez", decía mi amigo. Los demás queríamos ser Cruyff, Beckenbauer, Leivinha, Ayala, Rensenbrink, Gianni Rivera o Fernando Morena..., futbolistas de una Copa del Mundo, la de 1974, en la que España no estaba. Mi amigo quería ser Benítez porque admiraba cómo aquel jerezano que jugaba en el Betis salía de las trampas. Mi amigo no era un virtuoso. Jamás salía de las trampas, ni le daba con las dos piernas y ni siquiera se tiraba al callejón porque lo suyo era estar siempre metido en un callejón, pero sin salida. Le gustaba el fútbol. Le gustaba a rabiar, pero no tenía dotes. Quería ser Benítez porque Benítez tenía todo lo que a él le hubiera gustado tener. Mi amigo no podía ser Benítez, pero dejábamos que lo fuera porque Benítez no era nadie en aquellas tardes de junio del 74. Benítez no era ninguno de aquellos mitos del momento a los que acabábamos de ver en televisores en blanco y negro antes de echarnos a la calle para revivir un Brasil-Argentina o un Holanda-Uruguay de la Copa del Mundo. Mi padre fue quien me abrió los ojos. Un día me dijo por qué mi amigo quería ser Benítez. Me contó que cuando los ingleses inventaron el fútbol, sin duda, estaban pensando en Antonio Benítez. O, por lo menos, en alguien como él. Porque lo tenía todo, o más bien, tenía de todo. Era habilidoso, rápido, jugaba al primer toque o no, según lo aconsejara el momento, usaba las dos piernas con la misma pericia, era honrado, fuerte, agresivo o sutil. Era brillante ¡Eso es lo que era Beníez, brillante!... Lo tenía todo, o de todo. Y paradójicamente, ni era tan bueno como Cruyff ni podría llegar a serlo. Ni siquiera era como Leivinha ni como Jupp Heynckes ni como Gigi Riva. Benítez no era, siquiera, mejor que Gárate o que Rexach, españoles exiliados de aquel Mundial. Pero ninguno de ellos reunía tantas virtudes como Benítez. Ninguno de aquellos podía jugar a lo que jugaba Benítez, pero Benítez sí podía jugar a lo que jugaban ellos. Lo pusieran donde lo pusieran, Benítez brillaba. También, que todo hay que decirlo, tenía días en los que ni siquiera mi amigo quería ser Benítez. Pues, cierto es, había tardes en las que se tiraba al callejón. Y también eran tardes célebres. En aquellos años, los de mi preadolescencia, iba a todos sitios con mi padre. Y en las abacerías --que hoy son de delicatessen pero entonces estaban a la orden del día y las había a patadas-- había fotos de Benítez en las que lucía lo que el esnobismo de hoy en día llama tren inferior, una musculatura exagerada de los cuádriceps, de los dos. Mi padre siempre me sorprendía mirando las piernas de Benítez y siempre adivinaba que estaba intentando averiguar, por el volumen de su muslamen, si el tipo de la foto era diestro o era zurdo. Ni mi padre lo sabía. En realidad, ni Benítez recordaba ya, a la altura del año del retrato, si nació diestro o siniestro ¡Cómo jugaba Benítez con las dos piernas, madre mía! Y, hablando de madres, la mía siempre decía: ¡Qué guapo es Benítez!. A mi madre ni le gustaba el fútbol ni sabía que se llamaba Antonio ni que era Fernández por la suya, por su madre. Pero a mi madre le gustaba Benítez ¡Qué guapo es Benítez!, decía. Antonio Benítez Fernández, por cómo fue y por cómo jugaba al fútbol, hizo béticos a muchos que hoy lo son y lo serán por siempre jamás. Ahora que Benítez ya no está, nos falta uno de aquellos béticos que, sin proponérselo, fue un proselitista del amor por lo que hay encerrado en las trece barras. En esas barras que, por su enorme caja toráxica, parecían más anchas en su camiseta verde, blanca y verde de hilo y cuello de pico. Y no era porque Benítez anduviera sobrado de pulmones, que también, sino porque dicen los que lo conocieron bien que tenía un corazón que no le cabía en el pecho. Por Santiago Roldán Caro                  Periodista de Canal Sur TV (publicado en en www.realbetisbalompie.es)                       En el partido de Liga del próximo domingo frente al Athletic de Bilbao se guardará un minuto de silencio en el Benito Villamarín en memoria de Antonio Benítez y José Valderas, ex jugadores del Real Betis recientemente fallecidos.

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