Cultura

Antonio Muñoz Molina: "Las palabras son peligrosísimas"

el 25 nov 2009 / 20:17 h.

El mejor Muñoz Molina está de vuelta con su novela más voluminosa, La noche de los tiempos (Seix Barral), una historia de un millar de páginas en la que el autor “quería escribir sobre la pasión amorosa y la pasión política”, para lo cual proyecta su mirada sobre la Guerra Civil española a través de la memoria de Ignacio Abel, un personaje que rememora la olla a presión que era el país en 1935, así como el gran amor clandestino que vivió entonces.

“Muchos piensan que la gente del pasado era distinta a nosotros”, explica el escritor, “pero el 18 de julio del 36 era un día como hoy, la gente estaba ocupada en sus cosas, creía que la normalidad se iba a mantener, sin saber que ese orden iba a romperse para mucho tiempo, en algunos casos para siempre”.

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) asegura que siempre ha escrito “sobre lo que creía que tenía que escribir, sin pensar si tendría más o menos lectores”, y este caso no ha sido una excepción. La intensa labor de documentación no le distrajo de su propósito: “No es que me preocupara hacer la novela fácil ni legible, quería hacerla verdadera, que tuviera el flujo de la vida. Como en una casa, no quería mostrar cómo funcionan los cimientos o la calefacción, sino que fuera habitable”.

Para Muñoz Molina, que debutó como novelista hace 23 años con Beatus Ille, alcanzó el éxito con El invierno en Lisboa –premio de la Crítica y Nacional de Narrativa– y El jinete polaco –premio Planeta 1991–, “la invención de una novela es un proceso de descubrimiento” en el que el primer sorprendido suele ser el escritor.

Por otro lado, Muñoz Molina no cree que la misión de la literatura sea revelar qué ocurrió en el pasado. “Eso es tarea de la escuela y de los historiadores”, comenta. “Pero un eje fundamental de esta obra son las palabras, tiene muchísima presencia la prosa periodística, los panfletos, el efecto devastador de algunas cosas que se dijeron en aquellos años. Aún hoy se dicen cosas atroces y parece que da igual, que las palabras se las lleva el viento. Pero no es así, son peligrosísimas. En La noche de los tiempos insisto mucho en la diferencia entre decir algo o no, entre hacer o no hacer algo. Solemos pensar eso de que ‘en aquella época sí que había oradores, y si lees las actas parlamentarias se te hiela la sangre en las venas. Hay que tener cuidado con las fronteras que se cruzan. Después de esta novela me he hecho más sensible a esa feria macabra de palabrería en la que a veces consiste la política en España”.

Muñoz Molina no cree que la atención hacia la Guerra Civil sea un fenómeno reciente ni una moda del momento. “Cuando publiqué Beatus Ille, algunos me dijeron que la historia de amor estaba muy bien, pero ¿por qué mezclar la guerra? En los 80 hablar de eso, recordar la resistencia, no estaba de moda porque había que ser moderno a toda costa. Pero claro que todo eso se ha contado, por los historiadores y por novelistas como Llamazares, o Zúñiga, o Juan Iturralde. Lo que pasa es que no se les hacía caso”, asevera. “Yo llevo toda la vida escribiendo sobre la conexión entre el presente de mi país y su pasado. Lo que sucede es que, cuando no se ha querido saber algo y de pronto toca saber, da la impresión de que se ha descubierto el Mediterráneo”, agrega el escritor.

Otra cosa es que se haya podido hacer mucho más de lo que se ha hecho. “En los 70 y 80 se perdieron muchas oportunidades de hacer justicia, cuando mucha de la gente que padeció estaba aún viva. Y en Mauthausen, en 1995 [50 aniversario de la liberación del campo de concentración donde hubo miles de españoles] no hubo siquiera representación oficial española”.     

Asimismo, Muñoz Molina quiso “transmitir el sentido de lo frágil. A veces leemos libros de Historia que nos hacen creer que las cosas sucedieron porque tenían que suceder. Yo creo que nada de aquello era inevitable, ni pienso que los españoles tengamos un gen que nos lleve a esas cosas. Y aunque ahora el pasado nos parece muy claro, es una impresión engañosa: el pasado es niebla, y fue también presente una vez, como este presente nuestro se perderá en la noche de los tiempos”.

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