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Cultura

«Aquí, con que hagas tres cosas, ya eres un ‘hombre del Renacimiento’»

Jesús Beades: Músico, cómico y poético inquieto que traduce las canciones de taberna de Chesterton y, además, graba discos.

el 04 ene 2015 / 10:00 h.

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ultima Su ingenio necesitaría de dos juegos de cuerdas vocales para verbalizar todo lo que le pasa por la mente. Producto de su inquietud y de su consumo desmedido de series de televisión, clásicos de la música, rarezas literarias,  y de su experiencia en distintas facetas profesionales y artísticas son los continuos apoyos que Jesús Beades (Sevilla, 1978) desliza en la conversación. No hay puntada sin hilo. Dice que toca mal el piano «como Bob Dylan», y el interlocutor duda entre vestir el comentario de inmodestia o de humildad. De inteligencia, en cualquier caso. De esa inteligencia que desconcierta. Se le atribuyen salidas gloriosas como aquella de un restaurante en la que el maître le pidió paciencia porque lo que iban a servir era cocina de autor. «¿Y nos van a servir las sobras completas?», cuentan que respondió. Acaba de editar en un disco compacto su espectáculo músico cómico, que lleva por título Bic naranja escribe fino. Se inspira en monologuistas que hicieron de la música el soporte de la comedia, como el australiano Tim Minchin, al que reconoce admirar. Desvela el truco: «Hago monólogos que son el preludio de una canción. Y la música funciona siempre, así que siempre me aplauden. A lo mejor no te hace gracia un tío hablando, pero la rima en la canción, sí». Trabaja temporalmente como maestro bilingüe de música en un colegio de Utrera, y dice haber concebido un espectáculo «de hombre solo», parafraseando a Rowan Atkinson, y deslizando de nuevo una inmodesta comparación. Busca fecha y espacio para un nuevo concierto en febrero, aunque se dice a sí mismo que su obligación sería la de centrarse en prepararse a conciencia las oposiciones convocadas para mediados de año, y conseguir la estabilidad profesional que la música no puede darle. Ni la comedia. Ni la poesía. Ni otros proyectos en los que trabaja como el de hacer un disco con las canciones de tabernas que aparecen en la novela de Chesterton The flying inn, y que él mismo ha adaptado para ser interpretadas en castellano. Durante un tiempo (y hasta que twitter le sacó de su engaño) se consideró padre intelectual del término cansautor: «son muchachos que se dedican a dar pena y les pagan por ello, y que tienen alergia a conocer más de tres acordes a la guitarra», define, y dice sentirse un poco como Cervantes —otro grande para medirse— por haber sucumbido al género de la misma manera en la que el literato terminó escribiendo una novela de caballerías para mofarse de los caballeros andantes. Dice no creer en la inspiración. «Si improvisas algo y te funciona, al día siguiente lo incorporas al texto y deja de ser improvisación. Era una prueba», pontifica, refieriéndose a las sesiones open mic de la Sala Garufa a las que Beades acude regularmente a probar textos. Además del piano (mal, como Dylan), toca banjos, armónicas, guitarras... «En España, a la tercera ocupación que tengas y que no sea de la misma disciplina, ya dicen de ti que eres un hombre del Renacimiento». Le apasionan el blues, el jazz y el rock, y últimamente se ha dejado atrapar por el folclore celta. Cita como imprescindibles de un ecléctico «cielo de los músicos» a Bach, Charlie Parker y a The Beatles. «En el inframundo estaría Fran Perea», remata. ¿Novela? «Eso es para gente con alma de opositor a notarías, y a mí el Señor no me llevó por los caminos de la constancia», reconoce. Por ello su vertiente literaria se encauzó por el sendero de la poesía, en el que ha cosechado distintos honores. «Soy excesivo, intenso, jartible... , pero con la dispersión que caracteriza mi manera de ser, nunca se concentrará mi talento en algo tanto como para llevarlo hasta el final. Tendré que aprender a vivir con ello», concluye en un ademán de impostada amargura.

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