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"Aquí la vida es más barata que en Madrid"

el 05 may 2012 / 18:53 h.

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Hui Feng –es el nombre de su bazar porque prefiere mantener el suyo en el anonimato– tiene 47 años y lleva 17 en España, aunque antes de Sevilla vivió primero en Barcelona, limpiando casas, y en Madrid, trabajando como cocinero en un restaurante chino. Hace diez años vino a Sevilla, donde tenía familiares, y se trajo a su mujer y a sus tres hijos de 20, 18 y 17 años. Hace cinco abrió la tienda en la que trabajan todos (los hijos menores solo por la tarde cuando no estudian).

Proceden de una ciudad media del sur, cerca de Shangai. “La mayoría de los que vienen son del sur porque no hay suelo, no hay trabajo, la gente no come, en el norte hay dinero”, dice en su medio español. Reconoce que no lo habla bien. “Mis hijos sí pero para mí es más difícil”. En su caso, eligió Sevilla porque tenía familiares en la ciudad “que ya hablan mejor y es más fácil cuando tienes que ir al hospital, al colegio, al ayuntamiento. Un compañero no te acompaña”. Destaca que “la vida es más barata que en Madrid o Barcelona. Aquí el alquiler del piso –en Triana– son 600 euros, en Madrid mil”. En China trabajaba vendiendo bisutería y cuenta que antes en el sur todas las tiendas eran del ayuntamiento. “Ya no, ya hay negocios privados”, cuenta. Sus familiares en Sevilla también tienen negocios, restaurantes y tiendas de frutos secos. Llama la atención sobre el hecho de que en Sevilla no hay muchos bares regentados por chinos, algo que sí es común en Madrid y Barcelona.
No se plantea regresar a su país y desconoce cómo está ahora la situación de la economía allí. “Hace diez años que no voy”, dice. En cambio sí ve los efectos de la crisis en su negocio. “Antes venía más gente y se llevaba más cosas, se gastaba 5 euros, ahora un euro o dos o cosas de 70 céntimos. Y también entra más gente que coge cosas y no paga”. El alquiler del local le cuesta 4.000 euros al mes. “Algunos están bajando y yo lo he intentado pero mi dueño no me lo sube pero tampoco me lo baja y el negocio está más difícil”, lamenta. Su tienda cierra al mediodía y los domingos, un horario totalmente adaptado. “Mis hijos dicen que el domingo es para descansar, yo estoy acostumbrado a trabajar pero ellos dicen que no”, bromea. Mantienen una buena relación con los vecinos y sus hijos tienen amigos sevillanos aunque pasan mucho tiempo en familia.

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