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'Arenas dijo adiós', por Marcos Quijada

el 12 jun 2012 / 09:51 h.

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Son las cosas de la política, esa actividad pública que la más de las veces es el arte de lo posible para otras convertirse en la realidad de lo inesperado. Arenas, presidente del PP andaluz, anuncia su retirada de Andalucía para “dedicarse a la política de Madrid”. Sin duda es la crónica de una retirada anunciada desde que el pasado 25M no consiguiera la mayoría absoluta en Andalucía.

Se marcha el candidato que ganó y perdió las elecciones autonómicas. Indiscutible su victoria electoral, por primera vez en Andalucía, siendo capaz de sentar en los escaños del hospital de las Cinco Llagas más representantes que ninguna otra formación. Pero también indiscutible su derrota al no ser capaz de aglutinar un mayor número de votos que concediera la mayoría absoluta a su partido cuando todas las circunstancias remaban en su favor y en contra del adversario.

Todo apuntaba a que a estas alturas la cabeza de Griñán y de Susana Díaz estuvieran servidas en bandeja a aquellos que esperaban el momento para la defenestración y la resolución de la cuitas socialistas y Arenas estuviera gozando de sus primeros cien días como presidente de gobierno y optando a la reelección como presidente del PP en Andalucía, pero las elecciones sirven para elegir representantes y mucho más, para hacerse fuerte, o no que diría Rajoy, dentro del partido. Y aquí es donde tenemos que ver la dimisión de Arenas.

La conclusión, a raíz de los hechos, es que ha pesado más la derrota que la victoria dentro del PP y Arenas emigra hacia Madrid con la maleta vacía de poder y la sensación de haber fallado en el momento crítico. Mala tarjeta de visita para un incombustible político como es D. Javier. En su haber siempre podrá argumentar los flacos favores en plenas elecciones que le fueron haciendo, uno tras otro, desde Madrid cuando el PP, ya en el gobierno, fue recortando servicios básicos, apuntalando a la banca frente a los ciudadanos o menospreciando con declaraciones al pueblo andaluz. En su debe siempre le echarán en cara la arrogancia y la prepotencia de una campaña en la que ni se dignó a asistir a un debate televisado y la pensaba ganada sin bajar del autobús.

En la mente de todos siempre quedará la imagen de un político persistente en sus objetivos, educado en su práctica y de habilidosas respuestas  que fue capaz de cambiar el rumbo desnortado de su partido en Andalucía para acercarlo a la gente, a pesar de que sobre él haya pesado en demasía el tópico creado del “señorito Arenas” y de que sólo era un brazo largo de Madrid.

Profesor y exalcalde de Osuna

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