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Arte desde la Jara al Guadalquivir

el 24 feb 2013 / 17:11 h.

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Fernando Villalón, poeta del 27, solía decir que el mundo se divide en dos partes: Sevilla y Cádiz. Estos dos territorios marcan también los confines artísticos en la obra de Carmen Laffón (Sevilla, 1934), nueva Hija Predilecta de Andalucía y una de las pintoras vivas más importantes de España. Su interés por la creación iconográfica despertó en Sanlúcar de Barrameda, en su casa familiar de la playa de la Jara, donde desde los 12 años em pezó a forjarse en las artes plásticas de la mano de Manuel González Santos, pintor también sevillano y amante de las costas gaditanas, que admirado por las dotes de su discípula la encaminó por la senda del lienzo y el cincel, herramientas que la han consagrado como maestra del realismo onírico.

Desde muy pequeña apuntaba maneras. Llamaba la atención su sensibilidad, su talento y sus ansias de perfección. Y es que si algo define a Carmen Laffón es la meticulosidad que la ha acompañado durante toda su trayectoria. Pero antes de profundizar en su faceta artística, conviene conocer los orígenes de esta sevillana, desconocida aún por el gran público pese a ser nuestra artista más relevante de los últimos lustros. Procede de una familia bien, de un entorno cultivado y acomodado que le granjeó una completa formación humanística y alejada de las estrecheces mentales de la época. De hecho, sus padres, que se conocieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid, optaron por educarla en su vivienda, con profesores particulares, en lugar de la escuela. Muchos ven aquí el origen de su supuesta timidez, una cualidad que algunos le atribuyen y que en realidad no es tal.
Tratemos de explicarlo. Carmen Laffón no es asidua de los medios de comunicación. Sus apariciones en la prensa son contadísimas y rehúye de los periodistas. Sin embargo, no puede considerarse cohibida o introvertida a esta artista. Quienes la tratan de cerca aseveran que es muy desenvuelta, si bien su modestia innata y su pudor la alejan de los focos. No le gusta figurar. Aunque sorprenda, está convencida de que hay muchas otras personas que merecen la atención pública y los reconocimientos. Los medios la turban y prefiere dedicar su tiempo a trabajar. Esta humildad se fragua desde sus comienzos. Su formación discurrió por las principales capitales académicas del momento. En 1949 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, donde fue instruida por el recordado Miguel Pérez Aguilera –también maestro de Luis Gordillo–, tras lo que continuó en la Escuela de San Fernando, de Madrid, y posteriormente en Roma. En 1963 regresó a Sevilla y fundó, con Teresa Duclós y José Soto, la galería La Pasarela, y entre 1975 y 1981 ejerció la cátedra de Dibujo Natural de la Escuela de Bellas Artes sevillana.

En estas décadas fue construyendo casi involuntariamente su fama de obsesiva de la perfección, llevando en ocasiones a desesperar a algún galerista. Cuentan que puede pasarse semanas montando una muestra para, en el último minuto, volver a remangarse y rehacer una obra. Su entrega es total. Prueba de ello fue el encargo que le hizo en 1984 el Banco de España de pintar a los Reyes. Casi les tuvieron que pagar horas extra a los bedeles; era la primera en llegar y la última en irse, bien pasada la hora de cierre.
Laffón es considerada por muchos un icono de la modernidad sevillana. Coetánea de Luis Gordillo, hizo camarilla con algunos miembros de la generación pictórica de los 60, en la que militan nombres como Pepe Soto, el fallecido Jaime Burguillos, Gerardo Delgado o José Luis Mauri. Aunque ellos en su mayoría son amigos de lo abstracto, la obra de esta sevillana es oficialmente figurativa, si bien las neblinas que envuelven sus lienzos los rodean de un halo de lírica abstracción. En su círculo intelectual participa también Caballero Bonald, con el que comparte además su telúrica pasión por Doñana.
Y es que el coto y la desembocadura del Guadalquivir han sido una constante en sus cuadros, donde la quietud y la sencillez intimista de sus paisajes, jardines y bodegones alcanzan lo sublime. También influye en sus esculturas. Recomendamos visitar y conocer el interesantísimo proceso de creación de la Parra que diseñó para los jardines del remodelado Palacio de San Telmo, por encargo de Vázquez Consuegra, y que descubren una de sus grandes aficiones, el cultivo de la vid en su casa de Sanlúcar.
Pero si Cádiz pesa en su obra, también Sevilla. En su tierra ha firmado todo lo que un artista insigne puede rubricar en la capital hispalense, desde los carteles de las fiestas mayores a numerosas obras vinculadas con el mundo de las cofradías. Recientemente retrató una personalísima imagen de la Macarena y El Valle le ha encargado el paño de la Verónica.

Y lo que hasta ahora hemos disfrutado de Carmen Laffón no es nada comparado con lo que podremos contemplar en 2014 en Santa Clara. El Ayuntamiento está preparando la mayor retrospectiva de esta cotizada artista, Premio Nacional de Artes Plásticas, que ha salvado más de una subasta de arte de Cajasol con la venta de sus lienzos. El antiguo convento exhibirá más de 200 obras, muchas de ellas de nuevo cuño, que estos meses está preparando y que, según avanzan quienes ya han podido admirarlas, impactarán. De momento, los espectadores más ávidos podrán profundizar en su obra durante esta semana en la sala de Rafael Ortiz, su galerista de cabecera, que exhibe una selección de litografías bajo el título Visión de un paisaje, donde Laffón se deleita en las vistas cambiantes de la Jara, sus mareas, Sanlúcar... Su inagotable universo artístico.

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