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Asenjo: «La profanación de un Sagrario es más grave que la de una imagen»

El arzobispo pesidió una misa de acción de gracias en la Basílica del Gran Poder

el 25 jun 2010 / 18:55 h.

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"Comprendo vuestra pena y vuestro dolor, pero la profanación de un sagrario es infinitamente más grave que la profanación de una imagen". Con la herida aún en carne viva en la mano diestra del Señor, Sevilla esperaba palabras de bálsamo y consuelo de su pastor ante un atentado sin predecentes a lo largo de los cuatro siglos en los que el Nazareno de San Lorenzo lleva morando entre nosotros. Pero el prelado sevillano, en su afán de administrar pedagogía pastoral sin oxígeno allá donde va sin reparar demasiado en la idiosincrasia local, lo que hizo fue esparcir un puñado de sal en la llaga.

Ya desde por la mañana se barruntaba en San Lorenzo que a este arzobispo se le podría ir el toro del discurso vivo. Y su homilía a las plantas de un Gran Poder convaleciente confirmó los peores presagios. Con frases como la de arriba -tan indiscutible desde el punto de vista teologal como inoportuna en un día como el de ayer­- el seguntino Juan José Asenjo perdió una magnífica oportunidad de congraciarse con los miles de sevillanos que sintieron como suya la agresión al Señor de Sevilla.  

Asenjo inició su homilía dando gracias a Dios por el "feliz retorno" del Gran Poder al culto, ya que fue el Altísimo, dijo, el que "permitió que el daño que se pretendía infligir a la imagen sacrosanta del Señor de Sevilla no fuera mayor". El prelado reveló que recibió la noticia en Burguillos, donde se hallaba bendiciendo un retablo y asistiendo a la colocación de la primera piedra de un centro de minusválidos psíquicos.  

 

Pero el rostro de los devotos, y especialmente de la bancada cofrade, empezó a mudarse cuando el arzobispo se preguntó "por qué veneramos las imágenes sagradas". "Esta imagen -dijo en referencia al Gran Poder- representa al Señor, pero no es la única forma de presencia del Señor entre nosotros". El arzobispo tiró entonces de doctrina para recordarnos a todos que el Señor está presente "de otras muchas maneras": en el Evangelio, donde se conservan "sus rasgos, su estilo de vida, sus virtudes"; entre nuestros hermanos, y especialmente entre "los más pobres y necesitados"; en la Iglesia, "medio ideado por Jesucristo para seguir presente entre nosotros"; y de una forma "real e intensa" en el sacramento de su cuerpo y de su sangre, "de ahí ­-explicó- que los sagrarios de nuestras iglesias sean el corazón de nuestros templos". "Ocurre ­-prosiguió Asenjo- que nuestros sagrarios son profanados en algunas ocasiones y la reacción de nuestros fieles es tibia", algo que "no tendría que ser así". Argumentario que culminó con la frase que encabeza esta crónica.

  "En esta tarde, perdonamos al agresor", porque en el corazón del cristiano no puede anidar sentimientos de "odio, rencor o animadversión". "Que este acto nos ayude a crecer en amor a Jesucristo, a su palabra, a sus hermanos, a la eucaristía y a la Iglesia", concluyó el prelado.

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