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Así lo creo

Estamos en época de Funciones Principales de Instituto. Y en ellas, uno de los momentos más importantes, y sin duda de los más hermosos, lo constituye la Protestación de Fe.

el 15 sep 2009 / 00:07 h.

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Estamos en época de Funciones Principales de Instituto. Y en ellas, uno de los momentos más importantes, y sin duda de los más hermosos, lo constituye la Protestación de Fe. Tras la lectura, por parte del secretario, de la formula del juramento, tiene lugar una de las procesiones más solemnes y bellas que organizan nuestras hermandades. Es la formada por los hermanos, de toda edad, sexo, clase o condición, que se acercan solemnes a poner su mano sobre el Evangelio y a besar las queridas imágenes de su devoción -algunas en láminas o grabados con varios siglos de existencia- contenidas en los repujados Libros de Reglas. En este rito se conjuga todo lo que son y significan realmente las hermandades. De un lado, la mano sobre el Evangelio supone la renovación pública de nuestro compromiso con la Fe que profesamos. De otro, el beso a las imágenes de los titulares simboliza, de una parte, una prueba de devoción filial hacia ellos, y de otra, la reafirmación del vínculo que nos une a esa gran familia que debe ser la cofradía. En ese libro que sostiene el secretario bajo la atenta mirada del fiscal, dejaron su beso muchos hermanos que nos precedieron y que ya no están con nosotros. Y, seguramente, esas mismas láminas, gastadas ya por tantos quinarios, serán objeto de otros tantos besos por los que nos sigan cuando nosotros ya no estemos. Quizás por todo eso, en la Protestación de Fe -como en la salida procesional- se suelen aparcan las diferencias, se soslayan las disputas y todos, aunque sólo sea por unos instantes, nos sentimos verdaderamente hermanos. No podemos dejar de maravillarnos y a veces de hasta emocionarnos cuando observamos este solemne acto, y vemos a familias enteras renovando el rito singular. Algunos, los más pequeños, quizás estrenen ese día su primera corbata. Otros, apoyados sobre un bastón, recordarán en la intimidad de sus recuerdos cuando sus padres lo llevaron a aquella primera Función hace ya tantos años. Y mientras, sonará en voz queda como una hermosa letanía la formula que sustenta nuestra razón de ser: "Así lo creo, así lo confieso, así lo prometo y así lo juro".

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