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Economía

Astilleros. Punto final

La elevada deuda y la ausencia de inversores marcan su ocaso.

el 28 dic 2011 / 20:31 h.

2011 pasará a la historia de Sevilla como el año en el que se escribió el último capítulo de Astilleros de Sevilla. Punto y final a 58 años de una andadura naval repleta de vaivenes y bajo la amenaza constante de desaparición.

Del año anterior el astillero había heredado una situación de concurso voluntario de acreedores -suspensión de pagos- y la ausencia de un inversor que afrontase una deuda pendiente de en torno a 100 millones y reflotase un negocio venido a menos desde la privatización de la empresa tras su compra por parte de Astilleros de Huelva. El efecto arrastre, además de la pérdida de empleo, los 30 millones de euros que las empresas auxiliares tienen pendientes de cobrar.

Tirar de hemeroteca supone recuperar las promesas incumplidas basadas solo en buenas intenciones. Es el caso de lo que le ha ocurrido a la Junta de Andalucía que, al asumir la gestión tras el hundimiento del anterior propietario, se comprometió a reflotar la actividad y a buscar socios inversores. Y puso fecha. Antes del 30 de abril.

Por contra, hace apenas unos días, el 20 de este mes, el Juzgado de lo Mercantil de Sevilla autorizó el expediente de regulación de empleo extintivo (ERE) para 54 de los 58 trabajadores que aún quedaban y que concluirán su relación laboral con la factoría cuando expire el año con una indemnización de 60 días. Cuatro personas permanecerán simbólicamente hasta que el astillero se apague definitivamente con su liquidación, proceso que está previsto que culmine el 31 de diciembre de 2012.

Sin llegar a ese extremo, tampoco ha sido un año fácil para Ezentis, antigua Avánzit, que trasladó su sede social a la capital. Cambios en la cúpula directiva con la salida de Mario Armero, la entrada en concurso de acreedores de dos de sus filiales y la venta del grupo de infraestructuras y construcción Sedesa, que aupó la acción de la compañía un 17% en un día.

La otra cara de la moneda, de empresas históricas que están soportando bien una crisis que cumple ya su cuarto año, es Renault. La factoría de cajas de cambios de San Jerónimo, pese a algún altibajo, puede enorgullecerse de seguir batiendo récord. En 2011 marcó su máxima producción desde su estreno en 1958, superando el listón del millón de cajas de velocidades fabricadas (933.000 en 2010). De poner un pero, la oportunidad perdida por el Puerto de Sevilla, ya que Renault se decantó por enviar su mercancía al Norte de África desde Algeciras atendiendo a razones de rentabilidad. Se avisó.

Del lado de las buenas noticias, destacar las escasas apuestas inversoras del año. Sobresale en este capítulo la realizada por Bogaris con la promoción de un centro comercial en Sevilla Este con el respaldo de grandes firmas de renombre como Alcampo, Bricor (del grupo El Corte Inglés), Worten, Kiabi y Sprinter, entre otras, y que, una vez completado, estimaba en 1.035 puestos directos la creación de empleo.

Un balón de oxígeno nada desdeñable teniendo en cuenta que el paro, lejos de apaciguarse, continuó avanzando y lo hizo con mayor virulencia en los últimos meses del año. A falta de conocer los datos de diciembre, noviembre se saldó con 226.519 desempleados registrados en las oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) en la provincia de Sevilla, tras haberse incrementado esa cifra en 17.618 personas en los doce meses anteriores.

Buenas noticias también para una de las empresas icono de Sevilla, Abengoa, que consiguió -con la que está cayendo- cerrar la financiación por 1.200 millones de dólares para promover un proyecto solar de 280 megavatios en EEUU. Entraron en funcionamiento las plantas conjuntas de Abengoa y E.ON en Écija, proyectos que, sumados al promovido por Torresol -Sener y Masdar (Abu Dhabi)- en Fuentes de Andalucía y a cuya inauguración asistió el Rey Juan Carlos, volvieron a aupar a la provincia como referente internacional de la energía procedente del sol.

Pickman protagoniza un inesperado final feliz

La película tuvo, en esta ocasión, final feliz. Mismo argumento -empresa centenaria en Sevilla inmersa en una crisis endémica-, mismos actores -empresario que no termina de cumplir lo prometido-, mismos protagonistas -una plantilla inmersa en continuos ERE y la Junta que intenta salvarla buscando socio inversor que la reflote- pero lo dicho, final feliz.

Cuando la Administración autonómica intentaba convencer sin éxito a los trabajadores de que tal vez la única opción para devolver la vida a la fábrica de loza Pickman La Cartuja era que ellos mismos la gestionasen a través de una sociedad anónima laboral tras dos años de actividad paralizada, apareció en escena un inversor malagueño. Su nombre, Antonio José Herrezuelo Palacios, 37 años, residente en Marbella y responsable financiero de Canei Red, una sociedad patrimonial familiar de inversiones inmobiliarias.

Un caballero blanco que llegó con el compromiso de mantener los puestos de trabajo -98 de 106- y que acabó con el principal lastre de una institución de 170 años, que no era otra que una deuda de 9,5 millones de euros.

¿Y por qué? Porque al conocer la empresa mientras le buscaba un comprador, La Cartuja le sedujo y se la apropió como su "proyecto personal". A día de hoy, la enseña ya tiene pedidos internacionales -de Rusia y Suiza- y las previsiones que maneja su nuevo propietario pasan por cosechar en 2012 un volumen de facturación de entre 7 y 7,5 millones de euros y un beneficio próximo al millón de euros. La empresa recuperó contratos con firmas como El Corte Inglés o Planeta y ha vuelto a echar a andar.

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