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Atenas y Sevilla

Las crónicas e imágenes que día a día que los medios de comunicación nos traen de la capital griega nos parecen extrañas porque Sevilla siempre quiso compararse con Roma o con Jerusalem; el traje de Atenas nunca estuvo...

el 15 sep 2009 / 20:06 h.

Las crónicas e imágenes que día a día que los medios de comunicación nos traen de la capital griega nos parecen extrañas porque Sevilla siempre quiso compararse con Roma o con Jerusalem; el traje de Atenas nunca estuvo en su vestidor, lleno de ropajes de antigüedad con los que adquirir una imagen u otra. Y es que Atenas, cuando Sevilla intentó realzar su figura era casi nada: las fotografías de Ortiz Echagüe nos la muestran como una Zahara de la Sierra un poco mayor, con la Acrópolis emergiendo del Plaka y nada más. Sin tan siquiera esa Plaza Syndagma que ahora vemos a todas horas medio en llamas.

Sin embargo, en sus dos extremos y en el hilo que los une estaba de alguna manera Sevilla por medio de Adriano, promotor del Foro Nuevo, hacedor de la muralla hasta la puerta que lleva su nombre, igual que la calle -odos Adrianou- que atraviesa el barrio para llegar al templo, levantado por él, de Zeus Olímpico. El lugar condicionó el del inmediato estadio de la primera Olimpíada de la Era Moderna. Atenas es, en gran medida, lo que es por las obras del hijo de Itálica y podemos verla como fue hasta su independencia de los turcos gracias a las fotografías de ese piloto, fundador de CASA, que fue quien primero saltó en 1914 el Estrecho aterrizando en Sevilla.

El mundo está lleno de relaciones; sólo que son difíciles de percibir y es muy difícil amar lo que no percibimos. Anteayer, mientras miles de personas besaban las manos de la Macarena, nadie pensaría que cuando las religiones monoteístas desmontaron a los dioses del Olimpo, borraron de un plumazo a todas las diosas y dejaron un mundo regido sólo por la masculinidad. Intentaron lo imposible porque el mundo lo hacían y lo hacen mujeres y hombres. Quien sabe si esos besamanos, ese culto, sigue encadenado a los misterios de Eléusis.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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