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Atracar en tiempos de crisis

Un hombre "normal", un chaval "muy noble", un vecino corriente. Así veían en su barrio a Bernardo S.M., fallecido en el tiroteo que mantuvo con un policía al atracar el supermercado Bon Sabor de la Gran Plaza. Alegan que si intentó robar tuvo que ser apremiado por las deudas que tenía últimamente.

el 15 sep 2009 / 18:04 h.

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Un hombre "normal", un chaval "muy noble", un vecino corriente. Así veían en su barrio a Bernardo S.M., fallecido en el tiroteo que mantuvo con un policía al atracar el supermercado Bon Sabor de la Gran Plaza. Alegan que si intentó robar tuvo que ser apremiado por las deudas que tenía últimamente.

El día que murió, Bernardo volvió a la casa en la que había vivido toda su vida, en la calle Memphis del Polígono San Pablo, para abrir la puerta a un familiar que se había dejado las llaves y no podía pasar. Estuvo "normal, como siempre", y comentó con los vecinos que pasaba una mala racha económica. Bernardo, de 36 años y con tres hijos, iba con su novia, con quien había rehecho su vida tras separarse de su mujer hacía dos años, y explicó a unos conocidos que querían irse a vivir juntos pero no tenían dinero.

Es la única explicación que encontraron los vecinos cuando, esa noche, al escuchar llorar a su madre de madrugada, supieron que había muerto en el atraco de la Gran Plaza, en un tiroteo en el que el comisario Jesús Gómez Palacios quedó herido grave con un disparo en el estómago del que aún se recupera en el hospital.

"Nada hacía pensar que pudiera estar metido en algo así", decía ayer en San Pablo un hombre que lo conocía "desde que era un crío". "Era un chaval que se hacía notar, que estaba mucho por el barrio, hablaba con todo el mundo, era muy noble y no estaba metido en nada raro. Fíjate que ni fumaba ni bebía, que es algo que ya no se puede decir de nadie"

Bernardo "había trabajado siempre, en la Cruzcampo, en la compañía del gas y como mecánico en un taller" de motos del polígono industrial San Pablo, Rico Motor, muy cercano a su casa.

Pero desde su separación matrimonial, las cosas se torcieron. Estaba en paro, su ex mujer le reclamaba la pensión y él contaba que estaba ahogado porque había pedido una hipoteca para conservar unas propiedades de la pareja. No tenía, insisten todos, cuentas pendientes por asuntos turbios, ni vivía por encima de sus posibilidades. Simplemente, según sus conocidos, la crisis económica se lo llevó por delante. "La situación no es buena para nadie y él estaba parado y tenía que pagar a su ex mujer y la hipoteca".

Quizá eso lo movió a robar unas motos del taller en el que había trabajado, por lo que fue detenido en junio. Al registrar su casa se localizó un arsenal en su casa de Carmona, pero el juzgado lo dejó libre porque tenía licencia de armas. Un mes después se supo que una de las pistolas era ilegal. Sus vecinos se tomaron ese arresto como un tropezón, y aseguran que tampoco desde entonces no variaron sus compañías ni su actitud, por lo que creyeron que ese primer robo era algo superado.

Pero el viernes de la semana pasada, con un compinche que logró escapar y sigue huido, asaltó el supermercado en el que acabó muerto. Los nervios pudieron jugarle una mala pasada, y los que lo aprecian creen que las cosas se le fueron de las manos precisamente por ser su primer atraco. La Policía Nacional tiene otra hipótesis: está investigando si había participado en otros delitos y cree que pertenecía a una banda de cuatro o cinco personas que se turnaban para cometerlos.

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