jueves, 18 abril 2019
20:14
, última actualización
Cofradías

Azul en el cielo y en los ojos de Consolación

Pese al riesgo de lluvia existente, la junta de gobierno de la cofradía de Nervión tomó
la decisión de salir a la calle a la hora prevista.

el 20 abr 2011 / 17:46 h.

El paso del Cristo de la Sed sacó un peculiar monte de lirios morados que causó gran expectación.

Había un ligero riesgo de lluvia pero la ilusión de los hermanos de la Sed fue motivo más que suficiente para que la cofradía del barrio de Nervión se pusiera en la calle a la hora prevista. A las doce del mediodía la cruz de guía atravesaba el dintel de la parroquia de la Concepción para fundirse con unos vecinos que llevaban varias horas apostados a la espera de una decisión que todos esperaban fuera positiva. La ciudad tenía muchas ganas. No obstante, los dos intentos fallidos del Martes Santo y el cielo azul con el que había amanecido la jornada despertaron la ilusión de todos los cofrades.

El hermano mayor, Francisco Javier Escudero, tomaba la palabra en el templo para dirigirse al cuerpo de nazarenos. “Hay informaciones contradictorias, por eso os pido máxima mesura en el caso que nos pudiera sorprender un pequeño chubasco”. Eso era lo que esperaban. Según las previsiones que se manejaban en el seno de la hermandad, el riesgo de precipitaciones era mínimo hasta las tres de la tarde, hora a partir de la que subía a un 60%. Desde la hermandad se confiaba en que en caso de que hiciera acto de presencia algún chubasco, éste fuera débil y a una hora en la que la cofradía estuviera cerca de algún templo por si era necesario refugiarse.

Pero no era momento de pensar en ello. Con celeridad, los tramos de nazarenos del paso del crucificado iban pisando la rampa de la parroquia para continuar por la calle Cristo de la Sed. Hay muchos niños en el cortejo, parece que incluso más que en otros años. Se nota la labor de su junta de gobierno en el trabajo con los más pequeños. Un revuelo en la puerta del templo a la llegada de un numeroso cuerpo de monaguillos antecedió a los primeros golpes secos del llamador del crucificado. Su capataz pedía máxima atención a los costaleros. Era la primera vez que el Cristo de la Sed cruzaba el dintel de la parroquia con su nueva parihuela y se hacía necesario recalcular el desafío al milímetro de la salida.

Hundido sobre un novedoso monte de lirios morados, el crucificado se encontraba con su barrio tras una maniobra de filigrana de su cuadrilla. Aplausos para un instante con el que soñaba toda Sevilla tras la fatídica tarde del Martes Santo. Los sones de la Oliva de Salteras, que interpretaba la marcha Cristo de la Sed, acompañaron una revirá singular en la que la cruz de la imagen iba subiendo poco a poco, de forma imperceptible.

Pero aún faltaba la Madre. Los rostros de los vecinos y hermanos que ocupaban la parcela de sillas en la puerta de la parroquia se mostraban expectantes a la espera de encontrarse con Ella. El cielo quiso acompañar vistiéndose de un azul radiante como el de los ojos de la Virgen de Consolación. Llegaba la emoción. El capataz mandaba el palio al cielo por José Manuel Valenzuela, un maniguetero de la Virgen que faltaba a su primera salida. Había lágrimas entre sus hijos, que se apostaban delante del paso. No fueron las únicas. Con el palio cruzando el dintel los aplausos se confundían entre los pétalos que caían desde lo más alto de la torre del templo. La Sed ya estaba en la calle. Mirar al cielo dejó de ser importante cuando la Consolación tomó Nervión.

  • 1