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Belén, provincia de Sevilla

Allí están el portal, la estrella, los tres reyes, los pastores, el río, los molinos, el puentecito, el rebaño de ovejas y hasta una mujer pobre que dio a luz por accidente. Su nombre, como el de Belén, también podría significar ‘Lugar donde se hace pan'. Pero no es Belén. Es Alcalá de Guadaíra. ¿Quiere conocer las claves para hacer una visita muy navideña?

el 27 nov 2009 / 18:11 h.

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Ni peregrinación a Tierra Santa en busca del auténtico portal ni carísimo viaje a la psicodélica, congelada y lapona Rovaniemi, presunto pueblo del aún más presunto Papá Noel: en estos tiempos de carestía, los sevillanos disponen de un destino navideño tan fabuloso como barato. Porque la historia y el azar (la Providencia, si lo prefieren) han querido forjar en esta provincia una réplica asombrosamente fidedigna del Nacimiento. Ese lugar es Alcalá de Guadaíra, y hacia él se dirige El Correo en compañía de un notable paisano y guía para esta ocasión: el matemático José Vicente Cobo, profesor del IES Albero.

Sin ánimo de fabricar una entelequia ocultista, esta propuesta de escapada navideña no puede eludir los más que evidentes paralelismos entre la localidad sevillana y la palestina, empezando por el nombre mismo. Belén (Betlehem) significa en hebreo Lugar donde se hace pan, siendo conocida la ciudad sevillana, con justa fama, como Alcalá de los Panaderos. El paisaje natural y urbano tampoco va a la zaga en parecido a esa entrañable recreación casera de figuritas, corcho y serrín: el castillo, el río con sus patos, los bosques con musgo, el puente, la posada, el molino, los castañeros, los pastores con sus rebaños... ¿Qué diría si, además, hubiese un portal y una estrella?

He ahí el primer destino de esta original ruta turística: la excepcional Cueva del Vaquero, dentro del conjunto dolménico de El Gandul y hoy restaurada. Dentro de lo excepcional de esta antiquísima gruta turdetana, destaca una especie de poyete en su interior que los más fantasiosos podrán interpretar como el pesebre. De hecho, el que se denomine del Vaquero ayuda a imaginarlo así. Justo enfrente de este portal hay una gran finca. Efectivamente: se llama La Estrella.

El Parque de Oromana, los restaurados molinos del también resanado Guadaíra, el castillo recortado sobre la abombada y muy belenista estampa del pueblo, influyen en la percepción navideña de este paseo por una ciudad que también recibió la visita de tres reyes: Fernando III El Santo, Alfonso X El Sabio y el primer sultán nazarí de Granada, Al-Hamar El Rojo. Es decir, dos reyes de piel clara y uno de piel más oscura: siguen las casualidades.

Pero es José Vicente Cobo quien relata un curioso acontecimiento que tuvo lugar en este municipio y que parece contribuir a esa similitud con Belén. "Una señora solía venir andando desde Sevilla hasta Alcalá, cada dos o tres días, para comprar el pan para su familia", recuerda el matemático. En uno de sus viajes la señora, que no debía de andar muy bien de caudales, se sintió indispuesta y el médico que la atendió ordenó su ingreso en el hospital local e hizo llamar a una matrona, pues lo cierto es que esta asidua visitante del pueblo estaba de parto. "Tuvo un hermoso niño al que todo el pueblo fue a ver. Alcalá lo acogió como si fuera su propio hijo. Se formó enseguida una comisión para recaudar fondos destinados a sufragar los gastos de alimentación, ropas y desplazamiento a Sevilla. Esta comisión organizó una velada en la Plazuela, adornada de banderas y gallardetes, un certamen de cante y baile flamenco, cuya recaudación fue destinada para el niño. Cuando ya pudo esta madre, junto a su esposo, trasladarse a Sevilla, sus familiares que iban a ver al recién nacido le decían: Me he enterado de que tu hijo nació en Alcalá, ¿es esto verdad?, a lo que la madre les contestaba: ¿En Alcalá? ¡Qué va! Mi hijo ha nacido en la gloria, que eso es Alcalá para mí, y sus gentes son ángeles."

El viejo Abrevadero del Perejil, el Lavadero del Zacatín, la Posada del Sol (donde paraban las antiguas diligencias), el Castillo de Marchenilla, el Castillo del Águila... Alguien podrá decir que faltan los romanos. Podrá decirlo... pero se equivocará. Recuerda Cobo que Sandro Pertini, el que fuera presidente de la República de Italia, en uno de sus paseos por Sevilla pidió que le pusieran de comer las dos grandes maravillas de la gastronomía local: pescado frito y pan de Alcalá de Guadaíra. Herodes sí que falta. Pero dicen las malas lenguas que a veces se oye invocar su nombre desde algunas casas con niños. ¿Será que está allí también? Quien eche de menos el Pretorio, que recuerde que éste estaba en Jerusalén (para el caso, Sevilla. O sea, la Casa de Pilatos. Que ya es casualidad).

No es ningún misterio que Alcalá de Guadaíra ofrece una gratificante acogida a quienes la visitan. No es como la Belén de Israel porque allí, en la lejana y mágica cuna del Nazareno, lo primero que intentan vender a los turistas son unos frasquitos con tierra, la Tierra Santa. Aunque, a decir verdad, también en eso se le parece Alcalá, porque a ella llegan de todas partes, como a ningún otro lugar de España, a comprar también una tierra muy especial y (para algunos) también bastante sagrada, única de este lugar: el albero, testigo de tantas luchas entre la luz y las sombras. Pero definitivamente, existe una diferencia: como se come en Alcalá no se come en Tierra Santa.

De utilidad:

El portal: La Cueva del Vaquero y El Gandul, con su puente romano. A tiro de piedra, tras un cerro, están el Castillo de Marchenilla y los rebaños.

Otras visitas obligadas: Las riberas y molinos (La Tapada, Realaje, Arrabal, Algarrobo, San Juan, Benalosa, la Aceña y Hundido) y el casco histórico con su museo y su castillo de excelentes vistas. Y naturalmente, Oromana.

Tierra Santa: Quien quiera comprar albero, sepa que lo venden junto al Eroski, en una cantera al pie de la carretera que va a Sevilla.

Comprar pan: Cualquier sitio es bueno. En la Avenida de la Constitución verá algunos de ellos. Hay más.

Un paseo: Desde el Parque Centro, baje desde la Plaza del Barreno por las calles Mairena y La Mina hasta la Plaza del Duque. Una preciosidad.

Una curiosidad: Frente a la Piscina Municipal podrá ver uno de los restos del famoso Tren de los Panaderos: una caseta de guardaagujas.

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