Economía

Berlusconi enfila la calle

‘Il Cavaliere' dice que abandonará su cargo al frente de Italia cuando se aprueben las medidas de ajuste exigidas por la UE.

el 08 nov 2011 / 19:05 h.

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La presión internacional por la situación económica ha podido con Il Cavalieri, mandatario polémico donde los haya, que ha sabido capear con éxito las polémicas que le han rodeado durante toda su vida, entre ellas procesos penales por soborno, fraude fiscal y por prostitución de una menor y abuso de poder. Pero a la prima de riesgo no ha logrado ganarle la batalla. Así, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, anunció ayer que presentará su dimisión una vez que saque adelante las medidas de austeridad, según informó la Presidencia de la República en un comunicado tras el encuentro mantenido con el jefe del Estado, Giorgio Napolitano.

"El presidente del Consejo ha manifestado al jefe del Estado que es consciente de las implicaciones del resultado del voto de hoy [por ayer] en la Cámara (de los Diputados", en la que perdió la mayoría, y "ha manifestado su viva preocupación por la urgente necesidad de dar respuesta puntual a las expectativas de los socios europeos con la aprobación de la ley de Estabilidad, oportunamente enmendada con las observaciones propuestas por la Comisión Europea", rezaba el comunicado del Quirinale.

"Una vez cumplido todo ello, el presidente del Consejo entregará su mandato al jefe del Estado, que procederá a consultas prestando la máxima atención a las posiciones y propuestas de todas las fuerzas políticas, tanto las de la mayoría resultante en las elecciones de 2008 como de las de la oposición", concluía el texto.

Berlusconi había sacado adelante en la tarde de ayer el balance de los Presupuestos gracias a la abstención de la oposición, ya que consiguió 308 votos, lejos de los 316 que necesita para tener mayoría en la Cámara. Tras constatarse que el Gobierno había perdido la mayoría, la oposición de centro-izquierda reclamó la dimisión del Cavaliere pero también el líder de la Liga Norte y socio de coalición, Umberto Bossi, le había exigido a Berlusconi que se hiciera a un lado.

Según anunció el primer ministro en días pasados, la ley de Estabilidad seguramente llegará al Senado el 15 de noviembre, para después ser aprobada en la Cámara de Diputados a finales de este mes.

Esta ley de estabilidad contiene una maxi-enmienda en la que el Gobierno italiano introdujo las medidas exigidas por la Unión Europea en el último Consejo Europeo, como la privatización de los servicios públicos locales o la reforma de las pensiones.

Todo ello con el aliento de la UE en la nuca. Así, antes de conocerse la noticia, el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, admitió que la situación económica y financiera de Italia es "muy preocupante" y pidió al Gobierno de Roma que acelere los ajustes con el objetivo de lograr que se reduzca la presión de los mercados.

"Lo esencial es ahora restaurar la confianza en la capacidad de Italia de lograr crecimiento económico y estabilidad fiscal. Esta es la forma de garantizar a las fuerzas del mercado que la economía italiana está en una vía sostenible y sólida y este es el desafío de las autoridades italianas ahora", insistió el comisario de Asuntos Económicos.

De hecho, antes de que Berlusconi informara al presidente de la República de su decisión y justo después de que lograra sacar adelante las cuentas, la prima de riesgo italiana se volvió a disparar a niveles históricos (diferencia entre la rentabilidad ofrecida por la deuda de este país frente a la alemana).

La rentabilidad en el mercado secundario del bono a 10 años transalpino cerró en 6,77%, frente al 1,80% ofrecido por la germana, lo que deja el diferencial en 497 puntos.

Con la subida de ayer -frenada únicamente por el cierre de los mercados- Italia camina con firmeza hacia unos costes de financiación inabarcables para un país con una deuda del 120% sobre su Producto Interior Bruto (PIB), algo que podría frenarse en el caso de que Berlusconi dejara finalmente y como ha dicho su cargo. Los analistas fijan el 7% como el límite de intereses que un Estado puede permitirse para refinanciarse ya que, a partir de ese momento, las firmas de inversión optan por desprenderse de sus títulos, aumentando aún más la rentabilidad de los bonos de deuda y abocando al país al rescate internacional.

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