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Besando el madero en San Antonio

El casquillo de la cruz del Cristo rozó el dintel del templo al salir. Todo quedó en un susto

el 20 abr 2011 / 21:16 h.

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La calle San Vicente está tomada por una marea verde. Es la banda de la Centuria Macarena, que con su uniforme alternativo a los penachos blancos de la Madrugá, aguarda la salida del Cristo del Buen Fin. Una práctica que viene repitiendo esta formación musical cada Miércoles Santo desde hace 20 años.

Al frente se puede ver a Pepe Hidalgo que, con su inseparable tambor, da las últimas instrucciones a la banda: "A la salida tocaremos Réquiem, por todos los hermanos difuntos y por los músicos macarenos que han desfilado tras el Cristo del Buen Fin", confesaba minutos antes de que se abrieran las puertas de la iglesia de San Antonio de Padua con puntualidad británica: a las 17.00 horas. El compás de este antiguo convento franciscano fue escupiendo a los "bomboncitos", como llegó a llamar cariñosamente a estos nazarenos de túnicas marrones el pregonero de la Semana San¬ta de 2003, Francisco José Vázquez Perea.

En los balcones más próximos al templo asomaban numerosas muchachas luciendo los últimos modelitos de la primavera. Hay que aprovechar la tregua que da el tiempo para sacar la colección de primavera, pues las previsiones meteorológicas para lo que queda de semana puede complicar su uso.

En la delantera del paso se echa en falta la figura de un espigado franciscano. El cardenal emérito de Sevilla, fray Carlos Amigo Vallejo, no estuvo presente en la salida de la cofradía, en la que tantos años llegó a empuñar la vara dorada en la presidencia en los años en los que estuvo al frente de la Diócesis de Sevilla. Este año cumplía sus bodas de plata como hermano de esta corporación.

Sólo unos minutos después de la salida de la Cruz de Guía, los ciriales silenciaron el murmullo de la calle. La maniobra que tuvieron que realizar los costaleros del paso del Cristo fue complicada. Hubo un momento muy delicado. Tanto que hasta se escuchó entre la bulla: "Ay, ay, que le dan. Que le han dado". Todas las miradas se dirigían al dintel del viejo portón, donde el casquillo que remata la parte superior de la cruz del paso rozó e hizo presión.
Todo quedó en un susto y el paso salvó la estrechez para tomar las calles camino de la Campana. Tras él sonaba la trompetería de la Centuria Macarena, que despertaba cerrados aplausos entre el público.

La salida del palio no tuvo ningún incidente. Eso sí, la Virgen de la Palma lució un exquisito tocado de tul y una de las sayas más antiguas de cuántas posee en su ajuar. Rosas champán exornaban sus andas. Las Nieves de Olivares interpretó Pasan los campanilleros y del cielo cayó una lluvia de pétalos de todos los colores mientras las nubes daban paso al sol. El Miércoles Santo estaba salvado.

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