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Bienvenidos a Río

Empieza la gran aventura. Más de 50 muchachos de Sevilla y el resto de Andalucía han llegado a Río de Janeiro con la Fundación Museo Atarazanas siguiendo la ruta de la primera vuelta al mundo. Menuda envidia, lo que han hecho el primer día.

el 11 oct 2009 / 19:11 h.

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Homenaje a Magallanes.

Un diluvio como probablemente no habían visto otro en sus vidas recibió el sábado a los seguidores de Magallanes al llegar al Nuevo Mundo. Si la historia hubiese querido gastarles una broma, amagando con repetir para ellos los reveses y calamidades de la expedición que tocó aquella costa el 13 de diciembre de 1519, no lo habría hecho mejor. Pero ahí acabó todo parecido con las vicisitudes de la primera circunnavegación de la Tierra: a las pocas horas, los más de cincuenta chavales sevillanos y andaluces llevados hasta Río de Janeiro por la Fundación Museo Atarazanas estaban bailando y desfilando en el Sambódromo, que lo tenían para ellos solos, como si les fuese en ello la paga semanal.

El cuaderno de bitácora de la expedición reflejaba anoche cierto agradable estupor ante el hecho de que los brasileños, sus anfitriones, estén firmemente resueltos a no acometer nada sin música. Estando por la tarde rodeados de militares y autoridades, en plena liturgia conmemorativa consistente en una ofrenda a Magallanes y a los marineros anónimos de la historia, los chavales asistieron al hecho insólito (para ellos, no para los lugareños) de que la banda de música del ejército empezó a interpretar samba, y allá que se unieron, en improvisado y animado baile, munícipes, jovencitos, brigadieres y paisanos, o quienesquiera que hubiese allí.

Eso sucedió ayer en la Escuela Naval, lugar al que accedieron los jóvenes expedicionarios de la Fundación Museo Atarazanas arrastrando las suelas de los zapatos: desde las seis de la mañana, hora de sabe Dios dónde porque ellos estaban con una mezcla de emoción y jet lag de mucho cuidado, andaban ya desayunando y prestos a visitar las tres catedrales de Río de Janeiro: la ya citada del Sambódromo, donde de la nada crearon con sus guías una escuela de samba; Maracaná, el mítico estadio de fútbol que empieza a prepararse para la inauguración  de los Juegos Olímpicos de 2016; y por último, la Catedral propiamente dicha: una maravilla exótica, inimaginable, alienígena casi, llamada de San Sebastián (porque ése es el nombre de la ciudad, como ya saben: San Sebastián del Río de Enero), una especie de nave espacial troncocónica y enorme repleta de luces y de osadía arquitectónica, para lo que viene siendo una catedral.

Entre uno y otro de esos lugares portentosos, tiempo tuvieron los estudiantes de maravillarse con otros prodigios propios del lugar, como el baile por el baile en plena calle, la facilidad para forjar amistades con el lucero del alba y hasta la contemplación, a lo lejos, de dos de los próximos destinos en la agenda del viaje: las favelas y el pico llamado Pan de Azúcar.

Desde lo alto del Corcovado, el saludo del Cristo Redentor parece ir dirigido desde ayer a estos aprendices de conquistadores conquistados, como animándolos a perseverar en esta odisea personal en la dejan atrás el prejuicio y se dirigen hacia el conocimiento; desde el estereotipo, hacia lo real; desde la indiferencia, rumbo a la pasión. Todavía no han tenido tiempo de comprar nada, lo cual dice mucho de las excelencias de este viaje que de este modo concluye el primer capítulo de su diario de a bordo. Y no porque ahí se acabase el día, sino porque tenían previsto acudir a la feria hippie de Ipanema, donde por lo visto decían que tampoco iban a bailar. Ni a bañarse en la playa. A estas horas en que usted lee esto, los jóvenes de Sevilla duermen en sus habitaciones triples de un gran hotel de Río. Sus tutores de viaje están encantados. Dicen que los muchachos lo están más todavía. Verán cuando los llamen a las seis.

[Tras la Huella de Magallanes es una iniciativa de la Fundación Museo Atarazanas por la que todos los años, entre 2009 y 2019 (es decir, de aquí hasta el quinto centenario del inicio del viaje del marino), distintos grupos de jóvenes andaluces de entre 16 y 18 años viajarán a diferentes lugares siguiendo la ruta de la primera vuelta al mundo: Río, Buenos Aires, Punta Arenas, Brunei, Ciudad del Cabo... El propósito es promover el conocimiento mutuo de las personas y los pueblos, la historia y la ciencia, la aventura y la solidaridad, el conocimiento y el respeto.]

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