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Birmania se hunde en la tragedia

El ciclón Nargis dejó a su paso un reguero de destrucción en Birmania, que apenas tiene medios para contar las víctimas. La Junta Militar elevó las cifras a 22.464 fallecidos y 41.054 desaparecidos. Mientras, la ayuda internacional está lista, a la espera de que el régimen agilice la entrada en el país asiático. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 04:22 h.

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El ciclón Nargis dejó a su paso un reguero de destrucción en Birmania, que apenas tiene medios para contar las víctimas. La Junta Militar elevó las cifras a 22.464 fallecidos y 41.054 desaparecidos. Mientras, la ayuda internacional está lista, a la espera de que el régimen agilice la entrada en el país asiático.

"Necesitamos ayuda", admitió el ministro birmano de Información, Kyaw Nsan, en Rangún, tras confirmar que en una sola localidad, Bogalay, podrían haber fallecido hasta 10.000 personas. La ciudad, situada a 90 kilómetros al sur de Rangún, quedó totalmente incomunicada y el 95% de sus viviendas fueron arrasadas.

El encargado de la misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Rangún, Mac Pieczowski, explicó que "todas las líneas telefónicas están cortadas y es extremadamente difícil obtener información de las áreas afectadas". Pero la incomunicación no logra acallar lo inevitable: aldeas enteras desaparecidas y una cifra final de muertos que ya de por sí es inmensa pero que, a buen seguro, crecerá con el paso de las horas.

Las fotos del satélite muestran que las zonas más afectadas están casi completamente cubiertas por el agua, debido a la crecida del caudal que provocó el ciclón en la costa oeste del país.

Ayuda con lentitud. La agonía de Bogalay y otras localidades afectadas, sobre todo cerca de la zona arrocera del delta del Irrawaddy -en el sur del país- se aceleró por una operación humanitaria que no acaba de arrancar y la pasividad de los 400.000 soldados de la Junta Militar.

La situación es de tal envergadura que el régimen, uno de los más cerrados del mundo, aceptó la ayuda internacional. Sin embargo, los portavoces de varias agencias de la ONU se quejaron de la lentitud con la que el Gobierno birmano, acostumbrado a examinar y revisar hasta el detalle más mínimo cada solicitud de visado para que no ingrese en el país un activista democrático, tramitan en Bangkok las instancias de entrada de su personal especializado, lo que demora su llegada a las zonas de la catástrofe.

Y es que la luz verde dada por Rangún para recibir ayuda humanitaria se refiere, según estos portavoces de la ONU, más a los materiales -tiendas de campaña, mosquiteras impregnadas de insecticida, pastillas potabilizadoras para el agua y medicinas- que a las personas, cuyo acceso será mirado con lupa por Birmania.

La Unión Europea (UE) también se alió con la ONU y pidió al régimen birmano que facilite la llegada de ayuda internacional y el trabajo de las organizaciones internacionales. La Comisión Europea anunció ayer la primera ayuda de urgencia de dos millones de euros, que se distribuirá por la Cruz Roja, agencias internacionales de ayuda u organizaciones no gubernamentales.

También se unió a la petición de apertura de fronteras en Birmania el presidente de EEUU, George W. Bush, cuyo país somete a importantes sanciones al régimen. "Dejen que ayudemos a la gente", indicó Bush. Pero la Junta Militar de Birmania lo rechazó.

A pesar de las restricciones, la ayuda internacional, a la que España se unió con un fondo inicial de 500.000 euros, y la que facilitan la dictadura birmana desde la nueva capital del país, Naypyidaw, inaugurada en 2005 en la región central, comienza a llegar a Rangún. Un tren de mercancías proveniente del norte, con cerca de 30 vagones que contenían tiendas de campaña y bidones de agua, se detuvo ayer en la estación de ferrocarriles de Rangún. Además, unas 800 toneladas de arroz aguardaban en los almacenes del Programa Mundial de Alimentos (PMA) la autorización oficial para ser repartidos.

La población afectada lleva desde el sábado sin agua ni electricidad. Los alimentos básicos escasean y sus precios se han disparado por la demanda. Frente a ello, el personal de la Cruz Roja reparte ayuda básica, como plásticos con los que cubrir los tejados que arrancó el ciclón o pastillas para potabilizar agua, además de mantas y ropa. Lo poco que tienen para atender a los birmanos, que tienen incluso las carreteras y las líneas ferroviarias que conectan la capital Rangún con el sur del país completamente cortadas. Todo esta la espera de que la ayuda humanitaria ponga un poco de calma ante tanta catástrofe.

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